Liderada por caudillos espontáneos, el lunes 2 de Mayo de 1.808 una muchedumbre se encaminó al Parque de Artillería pidiendo armas con las que enfrentarse a los invasores. Al mismo lugar se dirigieron el Capitán de la Artillería Real don Pedro Velarde y el Capitán de Infantería don Rafael Goicoechea, al cual asistía en las labores de mando al frente de la 3ª compañía del Regimiento de Voluntarios del Estado el Teniente don Jacinto
Ruiz . El Jefe del Parque, el también Capitán don Luis Daoiz y Torres, les franqueó la puerta. De manera casi inmediata fueron cercados por las tropas del general Lefranc. La lucha fue encarnizada y los actos de heroísmo, incontables. Don Diego Velarde cayó cosido a balazos. El capitán Daoiz murió defendiendo su último cañón, atravesado por las bayonetas enemigas. En las calles, se combatía desde balcones y soportales. Desde un altillo de la calle de San Andrés, un vecino, ayudado por su mujer y su hija, abría fuego contra la infantería gabacha que se apostaba frente a la puerta del cuartel. De improviso, una bala hace blanco en el cuerpo de la joven, que cae moribunda en brazos de su madre. Se llamaba Manuela Malasaña y apenas tenía 15 años. Por el Arenal y las Vistillas, y en la misma Puerta del Sol, los vecinos se enfrentan navaja en mano a los sables de la caballería mameluca, la más temida de Europa. Muerto su jefe, el teniente Ruiz lidera la defensa hasta que un proyectil le atraviesa el pecho. Ayudado por algunos paisanos, logra eludir el cerco, pero morirá semanas más tarde a resultas de la herida. Era natural de la ciudad de Ceuta y cuando se incorporó al Parque venía de su casa, donde se encontraba en cama convaleciente de grave enfermedad. Pasado el mediodía, los franceses aplastaron a los últimos defensores. Acababa de escribirse una de las páginas más gloriosas de la historia de España. Horas más tarde, el Alcalde de un pequeño pueblo de las cercanías de Madrid, declaraba la guerra al ejército invasor en un bando en el que se exhortaba a los ciudadanos a acudir en defensa de la capital del Reino. Napoleón Bonaparte, el invicto general que había derrotado en los campos de batalla a los mejores ejércitos de Europa, empezaba a conocer hasta que extremos están dispuestos a luchar los españoles cuando se pone en peligro la integridad de su Patria.
Imagen: Defensa del Parque de Monteleón