Las Lomas de San Juan constituían el último baluarte estratégico en la defensa de Santiago de Cuba, razón que determinó al mando norteamericano a centrar sobre ellas el esfuerzo principal de su ataque. Previamente, el General Henry Lawton decidió efectuar con su División labores de limpieza sobre las posiciones cercanas a la capital para evitar que estas pudiesen hostigar a las fuerzas que avanzarían sobre Las Lomas. Unos kilómetros al norte, en el poblado de El Caney, se acantonaba una guarnición española compuesta por 3 compañías del Regimiento de La Constitución, dos destacamentos de soldados cubanos y una batería artillera de 2 cañones, en total, 550 soldados al mando del General Vara del
Rey. Don Joaquín Vara del Rey y Rubio nació en Ibiza en 1840. Con 22 años ascendió al empleo de teniente de infantería y tuvo su bautismo de fuego en las guerras carlistas. Consiguió múltiples condecoraciones y ascensos por méritos de guerra, siendo nombrado en 1890 Capitán General de Filipinas. En 1895, otra vez en España, desempeñaba el cargo de Comandante Militar de Ávila cuando los sucesos que se desarrollaban en Cuba le impulsaron a ofrecerse voluntario para marchar al combate; una vez allí, consiguió por su heroico comportamiento en la batalla de La Loma del Gato la estrella de Brigadier General. Recelando que las tropas de Vara del Rey se incorporasen a la defensa de Santiago, el General Lawton ordenó el ataque a la posición de El Caney. A las seis de la mañana del día 1 de Julio de 1898, la artillería yanqui abrió fuego sobre el pequeño poblado y, después de media hora de intenso cañoneo, 4000 soldados estadounidenses se lanzaron al asalto de la primera línea de trincheras. Sin embargo, el nutrido fuego con el que fueron recibidos por los infantes españoles fue tan certero que hubieron de replegarse. Es necesario remarcar que las tropas de Vara del Rey solo disponían de la exigua cantidad de 150 cartuchos por soldado y que los dos únicos cañones de que disponían no entraron en combate por falta de municiones. Apremiado por el General Shafter, el cual había encontrado una fuerte resistencia en Las Lomas de San Juan, Lawton lanzó una carga con todos sus efectivos. A las tres de la tarde, nueve horas después de haber comenzado un combate que el mando americano pensó no duraría más de una, los Regimientos 7, 11 y 17 de Infantería, mandados por el General de Brigada Chaffee, rebasaron las defensas y entraron en la población, dándose por terminado el combate sobre las cinco de la tarde. Las bajas por ambos bandos fueron muy elevadas: más de 200 soldados españoles yacían sobre el terreno, entre ellos, el propio General, el cual había resultado alcanzado por varios disparos cuando era evacuado en camilla con ambas piernas malheridas. 550 soldados de la gloriosa infantería española habían resistido durante 10 horas el empuje de los 7000 hombres de Lawton impidiendo que estos pudiesen unirse a los atacantes de la capital cubana. En señal de admiración y respeto, los vencedores, en formación presidida por su General en Jefe, tributaron al cadáver de Vara del Rey los honores destinados a los héroes. Testigo del combate, el Capitán Webster, Agregado Militar en Washington de Suecia y Noruega, exclamó: "Y esta lucha de El Caney, ¿no aparecerá siempre ante todo el mundo como uno de los ejemplos más hermosos de valor humano y de abnegación militar? ¡Dichoso el país que es tan querido por sus hijos!
Imagen: Don Joaquín Vara del Rey y Rubio