Tal día como hoy de 1099, muere en Valencia Rodrigo Díaz de Vivar,
arquetipo de los guerreros de la Edad Media española. Compendio y personificación del espíritu hispano, la vida del Campeador estuvo jalonada por una serie ininterrumpida de gloriosas hazañas que han conseguido que su recuerdo se instale en el corazón del pueblo como semblanza de las mejores virtudes de nuestra raza. Hijo de don Diego Laínez, se cree que nació en Burgos en el año de Nuestro Señor de 1043. A las 18 años fue armado caballero por Sancho, hijo mayor del rey Fernando I, el cual, al heredar el trono de Castilla a la muerte de su padre, lo nombró alférez* del ejército. Participó en las guerras contra Zaragoza y Navarra, lugar este último donde se ganó el sobrenombre de Campeador* -por el que ya sería siempre conocido- y ayudó a Sancho II a vencer a sus hermanos y conquistar sus reinos. Muerto alevosamente el rey durante el sitio a Zamora, Rodrigo fue uno de los doce caballeros que tomaron juramento a Alfonso VI en Santa Gadea, lo que le supuso ganarse el rencor del nuevo rey quien, dando crédito a ciertos nobles que por envidia le acusaron de quedarse con parte de los impuestos cobrados a la taifa de Sevilla, lo condenó a la pena de destierro. Libre de su señor natural y siguiendo la costumbre de la época, el castellano se convirtió en mercenario poniendo su espada y su mesnada* al servicio de Almotadir, rey moro de Zaragoza. Por su valentía en el combate y su justicia en el trato los mahometanos le llamaban Mio Sidi, mi señor. Siempre leal al rey Alfonso, el Cid le envía cuanto botín consigue en sus constantes victorias, lo que hace que el monarca le devuelva su favor y le permita acompañarle en la lucha contra los infieles. Sin embargo, poco después del reencuentro, Alfonso VI le confisca todos sus bienes por no haber llegado a tiempo a la empresa contra Aledo, lo que hace que nuestro héroe retorne a la corte aragonesa. Cuando una sublevación arrebató a Cádir el trono de Valencia, el depuesto rey pidió ayuda a Almotadir, el cual envió a Rodrigo al frente de su ejército, y este, derrotó a los rebeldes. Muerto Cádir en una revuelta liderada por Ben Jehaf en el año 1094, el Cid pone sitio a la ciudad, la conquista y se instala en palacio como señor de aquel reino. Emparentó con casa reales merced al matrimonio de su hija Cristina con el infante Ramiro de Navarra y de su otra hija, María, con Ramón Berenguer III de Cataluña. Rodrigo murió en el verano de 1099, pocos días antes de que los soldados cruzados conquistaran Jerusalén, y fue enterrado solemnemente en la catedral. Terminado el funeral, los jefes militares juraron a su esposa, doña Jimena, como señora de Valencia. Tres años más tarde, ante la imposibilidad de defender la ciudad del ataque almorávide, los cristianos abandonaron sus muros llevando con ellos el féretro del Campeador, cuyos restos descansan desde entonces en el monasterio de San Pedro de Cardeña, en su Burgos natal. La fama del Cid llegó a toda España. El historiador árabe Ben Bassan, contemporáneo de nuestro héroe, dijo de él: "este hombre, azote de su tiempo, era, por su amor a la gloria, por la prudente firmeza de su carácter y por su valor heroico, uno de los grandes milagros del Señor". Vencedor en cuantas batallas intervino, todas sus conquistas las ofreció al rey de Castilla, gesto que le ha convertido en paradigma de la lealtad. Quienes visitan el Museo del Ejército pueden contemplar la "Tizona", su famosa espada, la cual permanece expuesta como permanente homenaje de la Patria al más glorioso capitán de nuestra Reconquista.
Alférez: Jefe del ejército y portaestandarte del Rey. *Campeador: La nobleza se dividía en palaciega o cortesana y campeadora, siendo esta la que soportaba el peso de la guerra. *Mesnada: Conjunto de gente armada al servicio de un personaje.
Imagen: Recreación del personaje