"LA BATALLA DE BAILÉN" (19 de Julio de 1808)

Por In memoriam - 19 de Julio, 2006, 20:06, Categoría: General

Las brigadas francesas que habían tomado parte en el saqueo de Córdoba se encaminaron hacia la ciudad de Andujar para reunirse con las tropas de los Generales Vedel y Gobert. Una vez allí, tomó el mando de las fuerzas Pierre-Antoine Dupont de l'Etang, el General con más prestigio en las armas imperiales, y se disponía a cumplir las órdenes de Madrid, mantener abiertas las comunicaciones entre el sur de España y la capital, cuando le llegó la noticia de que la Junta de Defensa en Sevilla estaba reorganizando las divisiones del General Castaños. Dupont envió inmediatamente a Vedel con sus tropas a la ciudad de Bailén y al General Gobert a La Carolina. Mientras tanto, el grueso de las fuerzas españolas, al mando de su General en Jefe, se dirige a la zona de Los Visos, cerca de Andújar, y las divisiones del Mariscal Reding y del Marqués de Coupigny avanzan hacia Mengíbar y Villanueva de la Reina. Aunque con alguna discrepancia, básicamente francesa, hoy día se estima en 30.000 el número de los soldados del General Dupont y en 33.000 el de los españoles, aunque casi una cuarta parte de estos últimos son voluntarios con escasa preparación, sin experiencia previa en combate la mayoría de ellos y dotados de un armamento heterogéneo y de circunstancias.
Los días 15, 16 y 17 de Julio se suceden algunos choques de poca entidad entre fuerzas de ambos ejércitos, destacando un enfrentamiento en Mengíbar donde resultó muerto el General Gobert. Dupont le sustituye por el General Dofour y él, al frente de su división, abandona Andujar camino de Bailén. Lo que no sabe el francés es que las divisiones de Reding y Coupigny se encuentran ya en la zona. En la madrugada del día 19, la vanguardia francesa arrolla a la española obligándola a replegarse. Al oír los disparos, Reding ordena el despliegue de sus tropas. Dupont sitúa las suyas entre los olivares que cubren el Cerro del Cerrajón y los Zumacares, y tras una rápida preparación artillera, lanza una carga para romper la línea defensiva de los españoles, pero al empuje de los escuadrones franceses se opone valientemente la 3ª División de Caballería del General don Manuel de la Peña, reforzada por 400 piqueros y garrochistas de las dehesas andaluzas. Dupont, temeroso de que la llegada de Castaños pueda sorprenderle por la retaguardia, empeña lo mejor de su ejército en un nuevo intento de rebasar las defensas de Reding, pero vuelve a fracasar ya que, después de cinco horas de lucha, el cansancio comienza a hacer mella entre sus soldados. A mediodía, el general Dupont lanza todos sus efectivos contra las posiciones españolas, pero al calor de los incendios originados por la batalla se une el de un sol abrasador que eleva la temperatura por encima de los 40 grados, y la tropa francesa, desoyendo las órdenes de sus oficiales, se dispersa en la búsqueda de agua con la que aliviar sus resecas gargantas. Por el contrario, el ejército español estuvo constantemente abastecido por los vecinos de Bailén, quienes, arriesgando sus vidas, se acercaban a nuestros soldados ofreciéndoles agua y suministros, como María Bellido, una heroína bailenense que al percibir como Reding desfallecía a causa del esfuerzo y el calor, no duda en arriesgar su propia vida y se lanza al campo de batalla para ofrecerle un cantarillo con agua. La batalla fue terrible y la victoria española, total. Cuando el General Vedel llega con los refuerzos, Dupont ya ha capitulado. Esta rendición significó la primera derrota del ejército napoleónico en campo abierto y sirvió para que las fuerzas españolas se plantearán la conveniencia de establecer un mando único, constituyéndose semanas más tarde la Junta Suprema Central y Gubernativa, la cual, en nombre de Fernando VII, coordinaría, a partir de ese momento, todo el esfuerzo de la guerra.
Se cuenta que Napoleón lloró amargamente al conocer el fracaso en Bailén. Las águilas imperiales habían sido humilladas y el invicto General Dupont obligado a entregar su espada al General Castaños, y con él, 21.000 de sus soldados. La formidable victoria conseguida por las armas españolas significó el principio del fin de la invasión de nuestra Patria que, orgullosa, retomó la senda de aquellos tiempos heroicos en que sus soldados hacían temblar a todo el orbe.

Imagen: El General Castaños

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