El poder musulmán en España durante el último cuarto del siglo X tiene su figura más representativa en Abi Amir Muhammad al Mansur bi Allah, verdadero poder político y militar de la Córdoba califal a la muerte de Al Hakam II, cuyo hijo y sucesor, Hissam, prefirió la vida religiosa a los entresijos de la corte. Almanzor, como era conocido por los cristianos, fue un auténtico genio de la guerra que en sus razzias llegó a atacar Pamplona, Barcelona, Coimbra, León y Santiago de Compostela, llevando a cabo más de 50 campañas victoriosas que extendieron el dominio árabe por la casi totalidad de nuestra península. Obligados los reinos hispanos a firmar acuerdos y pagar tributos, solo una persona se opondrá al poderío del general moro: el conde de Castilla García Fernández.
Fernán González había conseguido imponer su mandato a todos los condes castellanos convirtiéndose así en el "comes totius castellae", el conde de toda Castilla. Su parentesco con Ramiro II no impidió que se levantase en armas contra el rey leonés, siendo derrotado por este, cargado de cadenas y sus posesiones entregadas al infante don Sancho. Desde su encierro, Fernán González logra establecer una alianza con el califa de Córdoba, el cual ataca con sus tropas los territorios del monarca, lo que da ocasión a Fernán González de recuperar sus posesiones. Tratando de frenar al noble levantisco, Ramiro casa a su primogénito y heredero al trono con Urraca , la hija del castellano, pero esto no hace sino empeorar la situación porque su hijo Ordoño habría de convertirse en un rey en excesivo prudente y temeroso que facilitaría las expectativas del conde de Castilla. Fernán González falleció en junio de 970, habiendo proclamado heredero a su hijo García. Este, aprovecha unas disputas en el seno del poder cordobés para enviar un ejército en apoyo de los rebeldes, pero es derrotado en la batalla de San Vicente. Almanzor contraataca penetrando en terrenos de Castilla, asolando cuantas villas encuentra a su paso hasta llegar a las puertas de Zamora, ciudad que arrasa hasta sus cimientos, y conquistando Simancas. Cuando el rey leonés firma un pacto con el caudillo almorávide por el que se compromete a ser tributario de Córdoba, García Fernández decide continuar la guerra él solo, desalojando los castillos y plazas más expuestos y concentrando sus fuerzas en la frontera norte del Duero. En 987, Almanzor saquea la capital leonesa obligando al rey a huir hasta Galicia. García aprovecha la ocasión y ocupa las tierras de Palencia. Pero le surgen problemas con su hijo Sancho, el cual encabeza una revuelta al frente de ciertos nobles, revuelta que algunos piensan fue promovida por el mismo Almanzor. La situación en la corte castellana se torna
muy complicada. García está tratando de sofocar la rebelión cuando recibe noticias de que las tropas de Almanzor avanzan siguiendo el curso del Duero. Menguado su ejército por la sedición de aquellos nobles, García opta valerosamente por salir al encuentro del moro, enfrentándose ambas fuerzas en el Cerro de Piedra Sillada, cerca de Alcózar, el 25 de mayo de 995. Aunque la diferencia de fuerzas es abrumadora, el conde de Castilla se lanza al ataque al frente de su ejército y combatiendo, recibe una lanzada en la cabeza que le hiere gravemente. Los moros le capturan y le conducen prisionero a Medinaceli, lugar donde fallece el día 29 de Julio a consecuencia de la herida.
Revolucionó los preceptos sociales de la época igualando villanos e infanzones y otorgando nobleza de segunda clase a todos los campesinos que poseyeran un caballo con el que marchar a la guerra. En sus crónicas se cuentan 46 victorias sobre los invasores y fue el primero en lograr una plena autonomía administrativa para el territorio castellano. Su hijo Sancho obtuvo de Almanzor que le devolviese el cadáver de su padre, trasladándolo como era su deseo al monasterio de San Pedro de Cardeña, donde reposan los restos del "señor de las bellas manos".
Imagen: Paraje de Piedra Sillada