Al amanecer del día 26 de junio de 1599, el Vicealmirante holandés Van der Doez, al mando de una flota de 74 navíos fuertemente artillados y más de 10.000 soldados, lanzó un furioso ataque contra la ciudad de Las Palmas. Desde el Castillo de la Luz y las defensas de Santa Catalina, los isleños respondieron al fuego inutilizando varios barcos de los asaltantes. Avanzado el combate, la superioridad de sus cañones permitió a los holandeses acercar varias lanchas de transporte de tropas al desembarcadero del puerto, pero fueron enérgicamente rechazados. Dirigieron entonces su ataque a la cala de las Alcaravaneras; allí, nuevamente, el coraje de los españoles les hizo fracasar en sus intentos de alcanzar tierra. Habían transcurrido varias horas de enconada lucha cuando los agresores consiguieron establecer una cabeza de playa en una zona desprotegida. Tropas españolas apoyadas por valerosos lugareños corrieron a combatir esta invasión, pero el gran número de soldados enemigos las derrotó, resultando alcanzado en el enfrentamiento el Gobernador de la isla, el esforzado Capitán don Alonso Alvarado y Ulloa, el cual fue retirado hacia la Vega de Santa Brígida donde, sin lograr reponerse de su herida, fallecía un mes más tarde. Las fuerzas invasoras consiguieron tomar la ciudad, pero los intrépidos canarios les derrotaron en la zona del Monte del Lentiscal, obligándoles a abandonar la población y reembarcarse después de sufrir un gran número de bajas.
El Capitán Alvarado era natural de la población pacense de Valverde de Medellín. Su comportamiento ejemplar en las campañas de Italia y Flandes le habían llevado a ser uno de los Soldados españoles de mayor prestigio, y merced a su participación a las órdenes de don Juan de Austria en la guerra contra los moriscos se le concedió el grado de Capitán. Nombrado por Su Majestad Felipe III Gobernador de Gran Canaria, el 6 de octubre de 1595 dirigió la defensa de la isla ante el ataque de los 4.000 hombres del inglés Sir Francis Drake, derrotándolos en sus tentativas de desembarco y causándoles la pérdida de 200 soldados y 4 oficiales. Soldado duro y de recio carácter, su arrojo y valentía le habían granjeado la admiración y el respeto de sus subordinados y la población civil.
Imagen: Don Alonso Alvarado y Ulloa