El 6 de Septiembre de 1885, muere en Barcelona Narciso Monturiol y Estarriol, inventor del primer submarino propulsado por combustión. Nacido en la localidad gerundense de Figueras el 28 de septiembre de 1819, este hijo de un artesano fabricante de botas cursó estudios de derecho en Cervera, Barcelona y Madrid, aunque, una vez titulado, nunca llegó a ejercer la profesión. Sus ideas políticas le obligan en 1848 a exilarse en Francia. A su regreso, gestiona una imprenta donde edita "La Fraternidad", primer periódico español de postulados comunistas. Muy aficionado a los temas científicos, la observación durante una estancia en Cadaqués del trabajo de
los buzos recolectores de coral le impulsa a proyectar un sumergible que facilitara tan peligrosa labor. El prototipo, de siete metros de largo y bautizado con el nombre de "Ictíneo" por recordar su casco la forma de los peces, aloja en su interior un tanque de oxígeno que facilita el suministro de aire a sus cinco tripulantes, cuatro de los cuales accionan manualmente una aleta propulsora que proporciona el movimiento de la nave. Este primer ensayo, realizado en aguas del puerto de Barcelona en septiembre de 1859, resulta todo un éxito, lo cual mueve a Monturiol a solicitar el apoyo económico del Gobierno, pero este lo desestima al considerar el invento poco rentable. Emprende entonces una campaña solicitando donativos para su proyecto y logra reunir 300.000 pesetas aportadas por ciudadanos convencidos de la utilidad de su descubrimiento. Con este dinero funda la empresa "Navegación submarina" y el 2 de octubre de 1864 realiza la primera inmersión del "Ictíneo II", sumergible con un casco de madera de 14 metros de longitud recubierto por una chapa de cobre, que mejora notablemente los mecanismos de su primer prototipo. El avance más importante que presenta Monturiol estriba en el motor anaeróbico que propulsa al submarino, mecanismo tan avanzado a su tiempo que los intentos por imitarlo en otros países no obtienen resultados hasta 1940, año en el que la marina alemana lo instala en sus sumergibles.Vendido el original como chatarra para hacer frente a los acreedores, una réplica de aquel formidable invento de Narciso Monturiol puede visitarse actualmente en el puerto de la Ciudad Condal.
Imagen: Narciso Monturiol