El barco había sido construido en los astilleros de Glasgow y, una vez finalizadas las pruebas de mar, se entregó a la empresa "Pinillos Izquierdo y Cía." a mediados del año 1906. La familia Pinillos lo bautizó con el nombre de una Virgen riojana que se venera en el monasterio de Valvanera y a la que tenían gran devoción, pero un error bien del rotulista, bien del asentador de registro, trocó la uve en be y el buque quedó inscrito como "Valbanera". Con capacidad para 1.200 pasajeros y un desplazamiento de 12.500 toneladas, sus propietarios lo dedicaron al enlace por línea regular entre España y Cuba, con escalas en Puerto Rico y la costa sur de los Estados Unidos. En su estética la embarcación respondía al típico estilo inglés de los transportes trasatlánticos destinados a pasajeros de bajo poder adquisitivo, aunque la incorporación de una superestructura central permitió la construcción de unos camarotes más cómodos y elegantes, los cuales fueron destinados a viajeros pudientes. Los precios del trayecto oscilaban desde las 1.250 pesetas de las cámaras de lujo hasta las 200 del billete de tercera clase, aunque una gran parte de los viajeros, emigrantes en su mayoría, solo alcanzaban a pagar 75 pesetas por una de las literas metálicas que, en largas filas, se habilitaban entre los entrepuentes.
En el verano de 1919, el Capitán titular del barco es despedido y le sustituye en el puente el gaditano Ramón Martín Cordero, un magnífico oficial de la Marina Mercante muy apreciado por sus compañeros y Capitán del "Balmes", otro transporte de la misma compañía. Finalizado el control de los pasajeros, el Capitán dio la orden de largar amarras. Era la tarde del 10 de agosto y dejaban Barcelona rumbo a su primera escala en el puerto de Valencia. Arriban al día siguiente al grao levantino, el 13 por la mañana a Málaga y ese mismo día, por la tarde, a Cádiz, de donde zarpan con dirección a las Canarias. A los 573 viajeros peninsulares se suman en Las Palmas 251, y en Tenerife 212. Cuando el día 21 el "Valbanera" abandona el puerto de Santa Cruz de La Palma, a bordo viajan sus 88 tripulantes y 1.142 pasajeros. El cruce oceánico se realiza sin grandes contratiempos y, tras once días de travesía, llegan a San Juan de Puerto Rico. El sobrecargo prepara la lista de los pasajeros que desembarcarán en Santiago de Cuba y, a pesar de que la mayor parte tenía billete hasta La Habana, el 5 abandonan el barco 742 personas. Esta circunstancia fue interpretada con posterioridad por la prensa como una premonición colectiva, uno más de los misterios que envolverían el trágico final del trasatlántico; sin embargo, lo cierto es que pudo haber dos causas más verosímiles para tan extraño cambio de previsión: la llegada de noticias que alertaban sobre la formación de un ciclón tropical, o la más plausible, el anormal escoramiento a estribor que presentaba el buque desde que zarpó de las Canarias. Con 488 personas a bordo, el "Valbanera" deja atrás la seguridad del puerto de Santiago y pone rumbo a La Habana. Cuatro días después, estalla la tormenta y el huracán origina un fortísimo temporal. El día 12 de septiembre, el Diario de la Marina inserta en sus páginas el primer comunicado alertando sobre la desaparición del barco. Comienza entonces un ir y venir de noticias que no hacen sino contribuir a crear una terrible confusión. La mañana del 13, los telegrafistas de la Estación Naval americana de "Cayo Hueso" afirman haber oído a la emisora del "Valbanera" intentando establecer enlace con La Habana. En la misma fecha, el periódico "El Fénix" da la noticia, eso sí, pendiente de confirmación, de que la nave se encuentra varada en unos bajos frente a la península de Florida. Esto mueve a los propietarios de la compañía a solicitar la ayuda de la Armada cubana, la cual destaca en la búsqueda del buque desaparecido al patrullero "Yara". Se emite un comunicado telegráfico pidiendo a los mercantes y transportes que navegan por la zona que intenten establecer contacto con el "Valbanera". La Armada de Estados Unidos incorpora a las tareas de localización varios navíos de guerra, explorándose concienzudamente los bajíos y bancos de arena de Bahamas y Florida por si, agotadas las reservas de carbón, el barco español flotara al garete impulsado por las corrientes del Golfo. Transcurrían estos días plenos de incertidumbres cuando desde Nueva York se reciben noticias de que el "Valbanera" se encuentra a salvo y navegando por sus medios. A estas se unen las declaraciones del telegrafista del vapor americano "Walter D. Munson" que asegura haber visto el barco dirigiéndose lentamente hacia el puerto cubano de Matanzas. Esto provoca que cientos de personas, la mayor parte de ellas esperanzados familiares de los embarcados a los que acompañan un enjambre de curiosos y periodistas, se desplacen a Matanzas para esperar una llegada que no habría de producirse. Finalmente, el 19 de septiembre llega a las autoridades de La Habana un telegrama certificando la tragedia: el cazasubmarinos estadounidense "SC203" había descubierto los restos del trasatlántico en unos bajos de arenas coralinas cerca de las islas Marquesas; no se detectan indicios de supervivientes. Las olas embravecidas del temporal lo han hundido a apenas 11 metros de profundidad. La discrepancia en las informaciones, los rumores y una incomprensible negativa de los consignatarios a facilitar las listas de pasajeros no hicieron sino acrecentar durante semanas los sufrimientos de aquellas familias que se vieron destrozadas por esta magna tragedia en la historia de la navegación española.
Imagen: Fotografía del trasatlántico "Valbanera".