Cansado de ver rechazadas sus propuestas por el monarca portugués, Fernando de Magallanes se marcha de su país y se instala en España, donde ofrece sus servicios como navegante al Rey Carlos I. En esos momentos, los asesores del Rey español están tratando de encontrar una solución al problema que planteaba el Tratado de Tordesillas en la comunicación entre nuestra nación y sus posesiones al occidente del continente americano, pues España estaba obligada a evitar la tradicional ruta bordeando África ya que el Cabo de Buena Esperanza se radicaba en territorio de dominio luso. El piloto portugués aventura la búsqueda de un canal que una los océanos Atlántico y Pacífico y su propuesta recibe el visto bueno del Rey. Corría el año 1518.
Vencidas mil dificultades y tras intensa y laboriosa preparación, el 20 de septiembre de 1519 zarpan del puerto de Sanlúcar de Barrameda las cinco naves que ha proporcionado la Corona española para tan magna empresa. Las naos "Trinidad", "San Antonio", "Concepción", "Santiago" y "Victoria" se dirigen rumbo suroeste hacía las costas brasileñas, arribando el 13 de diciembre a Río de Janeiro. Desde allí, bordeando siempre la costa, navegan dirección sur hasta dar en el extremo más meridional del continente con el paso que les llevaría a las aguas del Mar del Sur. Una vez frente al océano, Magallanes puso rumbo oeste alcanzando el archipiélago de Guam después de seis meses de agotadora travesía. Descansados y aprovisionados, reemprenden el camino aprovechando el empuje de los vientos alisios. Transcurridos doce días de singladura, los vigías avistan un conjunto de islas y Magallanes ordena desembarcar. Con el ritual al uso, desplegados los pendones y con la bendición de la Iglesia, el portugués toma posesión de aquellas tierras en nombre del Rey de España y las bautiza San Lázaro. Era el 16 de marzo de 1521 y los primeros europeos acababan de poner sus pies en las islas Filipinas. Magallanes, acompañado por unos pocos hombres, navega por la zona visitando aquellas tranquilas islas cuando el 27 de abril, al pisar tierra en la llamada Matcán, son atacados por una muchedumbre de feroces guerreros. Los españoles se retiran hacía las naves pero Magallanes resulta alcanzado en las piernas por las flechas que les arrojan y los indígenas le dan muerte. Aquella luctuosa jornada significó la perdida de muchos hombres por lo que, no teniendo marinos que atendieran todas las naves, Carballo, ayudante del navegante portugués, ordena destruir la "Concepción", a la que se prende fuego. A principios del año 1522 navegan hasta Borneo, Timor y las Molucas, lugar este último donde se enteran de que una escuadra portuguesa les busca para apresarlos. Ya quedaban únicamente 47 de los 250 hombres que zarparon de España. Ahora está al frente de la expedición un intrépido piloto guipuzcoano de 40 años llamado Juan Sebastián Elcano. Rápidamente ingenia un plan de evasión, agrupa sus hombres en tres navíos y hunde el "Trinidad". Abandonan Timor en dirección al sur de África siguiendo la ruta de las especias. El 9 de junio llegan a las islas de Cabo Verde, donde son atacados por los portugueses. Sin haber conseguido abastecerse, tras perder dos naves y varios hombres más, emprenden de nuevo la huida alcanzando a ver la primera semana de septiembre las costas españolas. El día 6 de dicho mes la nao "Victoria" y sus 18 ocupantes, después de tres años de peripecias y sufrimientos, entraban de regreso en el puerto de Sanlúcar. El Emperador Carlos concedió a Juan Sebastián Elcano una pensión de 500 ducados y el derecho a uso de escudo de armas: un globo terráqueo con la inscripción "Primus Circumdedisti Me", fuiste el primero en darme la vuelta. Se nos antoja parca recompensa para aquel puñado de heroicos españoles que acababan de coronar una de las mayores hazañas en la historia de la navegación marítima.
Imagen: Reconstrucción de la nao "Victoria".