Aunque no existe total acuerdo, muchos biógrafos dan el día de hoy como la fecha en que nació, hace 495 años, Miguel Servet. La llegada de un hijo siempre llena de alegría, y eso se festejaba aquél 29 de septiembre de 1511 en la casa del notario de Villanueva de Sigena. En el seno de una familia perteneciente a la pequeña nobleza de Huesca, la
infancia de Miguel transcurrió sin más sobresaltos que los propios de la niñez de la época. A los 13 años comienza su preparación académica y viaja a Barcelona para estudiar letras, dominando con 15 años el latín, el hebreo y el griego. Poco tiempo más tarde, entró al servicio de fray José de Quintana, personaje muy respetado por la sociedad aragonesa, el cual le facilitó el acceso a los círculos académicos e intelectuales franceses, ambientes donde habían cogido acomodo las doctrinas de Erasmo. En Toulouse estudia leyes y se interesa vivamente por la teología. Con apenas 19 años empieza a ganarse enemigos. Tras una discusión en casa de Ecolampadio de Basilea, este corre a denunciarle por hereje. El casus-belli de la polémica había sido un tema que terminará acabando con Servet: el misterio de la Santísima Trinidad. En 1531, apenas tiene 20 años, publica "De Trinitatis Erroribus", una obra en la que no solo niega el dogma de la Santísima Trinidad sino que pone en duda la divinidad de Jesucristo. Al año siguiente, sin tener en cuenta los tumultos causados con esta publicación, saca a la luz "Dialogorum de Trinitate", una ampliación de sus tesis que le enfrenta tanto a católicos como a protestantes. Servet busca refugio en Francia bajo el seudónimo de Michel de Villeneuve y en 1537 comienza a estudiar medicina a la par que imparte clases de matemáticas y astrología. En 1541 lo encontramos como médico personal del arzobispo Paulmier. Desde su estancia en París, Miguel Servet mantiene una fluida correspondencia con Jean Calvin, líder reformista afincado en Suiza, y cuando finaliza su libro "Christianismi Restitutio", le remite un volumen. En esta nueva obra, además de continuar defendiendo sus postulados, Servet se muestra contrario a la administración del sacramento del bautismo a los menores de edad por considerar que este debe ser un acto meditado y consciente. Además, convencido de que el alma del hombre residía en su sangre, realiza numerosas experiencias que le llevan a describir perfectamente, es la primera vez en el mundo occidental que alguien lo hace, el sistema circulatorio. Las afirmaciones del español enfurecen a Calvin y el reformista le amenaza de muerte. "Christianismi Restitutio" se publica en 1553 originando un enorme escándalo. Una delación, hay quien sostiene que del propio Calvin, desvela la verdadera identidad de Michel de Villeneuve y la Inquisición le detiene y encarcela, aunque unas semanas más tarde, a primeros del mes de abril, consigue fugarse de la prisión. Miguel Servet opta entonces por marcharse a Italia pero, sin que conozcamos los motivos que le impulsaron a hacerlo, decide antes viajar a Ginebra, el sancta-sanctorum de los calvinistas. Allí es reconocido y arrastrado a la cárcel acusado de herejía. El juicio es rápido y el castigo terrible: condenado a morir en la hoguera. La sentencia se lleva a efecto el 27 de octubre. Encadenado a un poste, sus victimarios alimentan la pira con leña verde para que el suplicio se prolongue, conminándole durante la interminable agonía a que renunciase a su doctrina. Con asombrosa dignidad y pese a sus horribles padecimientos, Servet permaneció fiel a sus convicciones hasta que le venció la muerte. Hoy día, por encima de sus brillantes trabajos en el campo de la medicina o sus juicios teológicos y filosóficos, Miguel Servet es considerado un mártir de la libertad de expresión y sus ideas el germen que daría como frutos las corrientes intelectuales del siglo XVIII y los librepensadores de la Ilustración francesa.
Imagen: Miguel Servet