En la madrugada del 12 de octubre de 1492, Juan Rodríguez Bermejo, a quien sus compañeros llamaban Rodrigo de Triana, avistó tierra desde su puesto de vigía en el mástil de la carabela "Pinta"; inmediatamente, se efectuó un disparo de cañón para comunicar la grata nueva a las tripulaciones de la "Niña" y la "Santa María". Después de 61 días de procelosa navegación, la alegría que se desató entre aquellos esforzados hombres de mar fue inmensa. Lo que el vigía sevillano había observado en el horizonte eran las selváticas costas de Guanahaní, una pequeña isla del archipiélago de las Bahamas. Tal día como hoy, en jubilosa comitiva presidida por Cristóbal Colón, poco más de un centenar de españoles pisaban por primera vez los territorios del Nuevo Mundo tras haber llevado a término una de las mayores gestas de la navegación de todos los tiempos.
En el ámbito de la historia contemporánea, las relaciones entre España y las naciones forjadas en el seno del nuevo continente siempre estuvieron basadas en una verdadera estima de carácter recíproco, gozando aquellos pueblos de un tratamiento fraternal por nuestra parte y recibiendo aquí orgullosos el calificativo de "Madre Patria". Don Faustino Rodríguez San Pedro, insigne empresario, abogado y político español nacido en 1833 en la ciudad de Gijón, propuso en una convención de la Unión Iberoamericana, sociedad de la que era presidente, que la jornada de conmemoración que de tan memorable fecha se festejaba en nuestra nación pasase a ser llamada "Día de la Raza", celebrándose así por vez primera en 1914 y constituyéndose en fiesta nacional a partir de 1918. Unos meses antes, el 4 de octubre de 1917, don Hipólito Irigoyen Alem, Presidente de la República Argentina, instituyó el 12 de octubre como "Día de la Raza" y declaró tan fausta jornada como fiesta patria, acción que fue imitada por casi todos los países americanos, incluidos los Estados Unidos. Cuarenta años habría de permanecer vigente tal apelativo, concretamente, hasta el 9 de enero de 1958, fecha en la que un Decreto de la Presidencia del Gobierno refrendaba el 12 de octubre como Fiesta Nacional de España y Día de la Hispanidad. Con este cambio de denominación, el Generalísimo Franco rendía homenaje a las tesis del ideólogo conservador Ramiro de Maeztu, el cual definía al vocablo hispanidad como la fuerza que engarzaba los valores eternos de la raza y la irrenunciable defensa de la civilización cristiana. La inconmensurable labor evangelizadora de España, concatenada al poderoso lazo de la lengua, supo ensamblar las diferentes piezas de una multiplicidad de culturas que conjuntamente persisten para edificar, no un laberinto, sino una ágora de intercambio que enriqueció ambas orillas de la mar océana. Continúa siendo la hispanidad esa asamblea, ese lugar de encuentro donde convergen, para ofrecerse al mundo, la misma religión y la misma lengua que le confirieron carácter universal y que convirtieron a nuestra Patria en bastión y referente de la civilización cristiana y occidental.
Imagen: Inicio de una gesta