El 2 de noviembre de 1535, moría sin herederos varones el Duque de Milán Francisco Sforza el cual, en su pliego de últimas voluntades, retornaba este territorio italiano a la corona imperial española. El rey francés Francisco I no estaba dispuesto a permitir esa cesión y teniendo como objetivo final apoderarse del Milanesado, invadió al frente de sus tropas el Gran Ducado de Saboya. El Emperador ordenó inmediatamente que el ejército se aprestase para la guerra. A finales de abril, zarpa del puerto de Málaga la flota del Almirante Andrea Doria transportando 3.000 escogidos hombres de nuestros Tercios. Reunido el Emperador con sus Generales, estos le presentan dos diferentes planes para afrontar la campaña: don Antonio de Leiva, jefe de las fuerzas imperiales en el norte de Italia, defiende la oportunidad de un combate terrestre mientras que, por el contrario, el Almirante Doria prefiere un ataque naval. El Emperador Carlos opta por la propuesta de Leiva y nombra Maestre de Campo de la infantería española al Señor Garcilaso de la Vega, Alcaide de la fortaleza de Reggio.
Nacido en el seno de una aristocrática familia, su padre embajador de España en Roma y su madre perteneciente a la estirpe de Santo Domingo de Guzmán, este insigne militar había nacido en la ciudad de Toledo el 30 de septiembre de 1499. Huérfano a los 13 años, crece Garcilaso en el palacio familiar cercano al monasterio del fundador de los dominicos. Rige la hacienda y el patrimonio su madre doña Sancha, actuando como ayo en este periodo de la adolescencia de nuestro personaje don Juan Gaitán, Comendador y Caballero de la Orden de Santiago, hombre muy versado en letras y de magna cultura e instrucción. Inclinado a la vida de las armas, con apenas 20 años y convencido del apoyo que encontrará en los antiguos amigos de su padre, emprende el joven la marcha hacia Galicia para presentarse en la corte de Carlos I y solicitar un puesto en la Real Casa. Coincide su llegada con el conflicto de las Comunidades y el mozo toledano marcha a la guerra en las filas de los ejércitos reales, comenzando su carrera militar en la batalla de Olías. En 1523 participa en la conquista de Salvatierra, en Navarra, y Fuenterrabía, plaza guipuzcoana caída con anterioridad en poder de los franceses. En 1529 marcha con el Emperador a Italia y toma parte en la campaña de Florencia, destacando entre todos los caballeros por su gran valor y destreza con la espada. Cuando en septiembre de 1532 los ejércitos turcos de Kamuni Sultan Suleyman, conocido como Solimán el Magnífico, cercan Viena, Garcilaso acude raudo a la llamada de su Rey e interviene en la liberación de la ciudad cristiana. En 1535, durante la conquista de Túnez, está a punto de perder la vida pues es alcanzado por dos lanzadas, una en el brazo derecho y otra en la cara, afectando esta última la boca y dejándole secuelas en la dicción que arrastrará de por vida.
El martes 19 de septiembre de 1536, el Emperador, al frente de la vanguardia de su ejército, llegaba a la ciudad de Le Muy, pueblecito próximo a Frejus. Guarece la entrada de la villa un puente junto al que se alza un sólido torreón de piedra. Sin que los españoles lo hubiesen advertido, en el interior de este permanece oculto un puñado de franceses. Cuando uno de los soldados se adentra en la torre para inspeccionarla, descubre a los enemigos y da la alerta en el campamento. Conminados a rendirse, los franceses rechazan la propuesta, por lo que se ordena que la atalaya sea batida por la artillería. Así se hace, pero los bolaños rebotan en los gruesos muros de piedra sin apenas agrietarlos. Airado por la actitud de los sitiados, Garcilaso de la Vega, al que se unen don Jerónimo de Urrea, el Capitán Maldonado y Guillén de Moncada, acerca una escala y, acero en mano, comienza a trepar decidido a rendir a los defensores del baluarte. Cuando estaban a mitad de subida, desde la almena les arrojan una piedra gruesa y pesada la cual destroza la escala y alcanza a los asaltantes lanzándolos contra el suelo. Al observar la sucia maniobra que ha dado en tierra con el Maestre de Campo, un grito de venganza resuena entre la infantería española. Sin esperar las órdenes de sus jefes, muchos soldados se lanzan al ataque y toman la fortaleza. Poco más tarde, los cuerpos de los franceses cuelgan en sendas horcas. Garcilaso, a quien la roca ha golpeado brutalmente en la cabeza, es evacuado a Niza. No recuperará el sentido a pesar de los extremos cuidados que se le dispensan, falleciendo la madrugada de un día como hoy de 1536. Dos semanas antes había cumplido los 37 años y con su muerte España perdía a uno de sus más esforzados Capitanes.
Imagen: Retrato del personaje