El 4 de junio de 1094, durante el asedio al que sometía a la ciudadela de Huesca, un arquero acierta a alcanzarle y acaba con la vida de Sancho Ramírez, rey de Aragón y Navarra. Le sucede en el trono su hijo Pedro, nacido del matrimonio con Isabel de Urgel. El joven monarca continuó la empresa emprendida por su progenitor para ampliar el reino, logrando con sus conquistas afianzar el poder de las armas cristianas en aquellas tierras. En 1096, tal día como hoy, las tropas de Pedro I se enfrentaron al ejército del rey Al-Musta"in Billah abu Giafar en la batalla de Alcoraz, causándole derrota tan severa que el moro abandona Huesca y corre a refugiarse tras los muros de Zaragoza: siete días más tarde los cristianos entraban triunfalmente en la ciudad de Huesca, la cual habría de convertirse en capital del reino aragonés y base de partida para su posterior expansión hacia las feraces riberas del Ebro. En esta batalla nació la leyenda de San Jorge, aquel soldado del emperador Diocleciano que alcanzó la palma del martirio por negarse a tomar parte en las persecuciones a los cristianos. Preparose el enfrentamiento entre los hombres de Pedro I y Al-Musta"in en la llanura existente al pie de un cerro aledaño a la ciudad, pero era tan abrumadora la superioridad numérica de los musulmanes que cundió la desmoralización entre las filas cristianas. Se cuenta que percatado Pedro I del desánimo, invocó al cielo implorando la ayuda divina y, milagrosamente, apareció en el campo de batalla un brioso corcel blanco montado por un guerrero que lucía una brillante cruz roja en el peto de su armadura; a su lado y a pie, otro caballero igualmente vestido, armado de rodela y mandoble. Acometieron ambos las filas musulmanas con tal ardor y valentía que despertaron en los cristianos nuevos bríos y, superados sus temores iniciales, consiguieron derrotar a los moros infiriéndoles una gran mortandad. Identificaron los aragoneses a San Jorge en aquél esforzado paladín y se dijo que quien lo acompañaba era un cruzado alemán que en aquel mismo día y hora combatía a los infieles en Antioquia y que, herida su montura, cayó al suelo, viéndose rápidamente rodeado de enemigos dispuestos a matarle. En ese crucial momento se le apareció San Jorge, el cual le ayudó montar a la grupa de su caballo sacándole de aquella batalla y transportándole a la que mantenían los españoles. Su intervención en Alcoraz fue tan trascendental que los guerreros de aquellas tierras le convirtieron en adelante en su patrono y protector y le invocaban al entrar en lidia contra los sarracenos. En alusión a la ayuda del santo en aquella batalla nació la divisa de la cruz de San Jorge y las cuatro cabezas de moros, divisa que permanece inclusa en el actual escudo de tan española región.
Imagen: Escudo de Aragón.