Faltan diez minutos para que el reloj del comedor marque la una de la tarde. Don Jacinto, como es costumbre diaria desde hace años, se ha sentado en su sillón esperando la hora del almuerzo. En su regazo descansa el periódico; aunque lo leyó a primera hora de la mañana, ha vuelto a hojearlo mientras hace tiempo para la mesa. El maestro inclina la cabeza y cierra los ojos. Ha caído el telón para uno de los más grandes autores teatrales de todos los tiempos, considerado no sin razón como el creador del teatro moderno español. El mundo de las letras se viste de luto aquella tarde del 14 de julio de 1954. Casi 88 años antes, el 12 de agosto de 1866, nacía en el segundo piso del número 27 de la calle del León, en Madrid, el hijo de don Mariano Benavente, afamado médico pediatra, y doña Venancia Martínez. Presagio debió ser que el futuro autor naciera en esta calle, epicentro del conocido Barrio de las Letras, a escasos metros del Teatro Real y bullicioso punto de encuentro de los más afamados escritores durante nuestro Siglo de Oro. Y se bautiza en la iglesia de San Sebastián, posiblemente en la misma pila donde recibieron las aguas Lope, Ruiz de Alarcón o el mismísimo Miguel de Cervantes. Cuenta la tradición que a la capilla de la Novena de San Sebastián acostumbraban a acudir los madrileños a curiosear los rezos de los famosos por ser esta la sede del gremio de los cómicos y demás gente del teatro. Si bien su familia es de economía saneada y pudiera pagarle estudios con profesores privados, insiste don Mariano en que aprenda las primeras letras en el colegio municipal que hay a escasos metros del hogar familiar y, llegada la hora, cursará bachiller en el de San Isidro, en la calle de Toledo. Más amante de la lectura que del estudio y aficionado a saltarse las clases, el joven termina su etapa de instituto sin destacar entre sus compañeros, aunque también sin sobresaltos. Preguntado por sus padres sobre que carrera le gustaría estudiar, Jacinto se decanta por la de ingeniería, pero cambia poco después de opinión y se matricula en derecho. Tres años pasa en la Universidad Central sin que muestre el más mínimo interés por las enseñanzas legales; por el contrario, en este tiempo ha estudiado hasta dominar los idiomas italiano, francés e inglés, seguramente movido por su interés en leer las versiones originales de los grandes autores europeos y americanos. Poco aficionado a los entretenimientos propios de su edad, prefiere pasar las tardes en casa construyendo escenarios de cartón en los que representa para los amigos y vecinos fragmentos de obras de teatro a las que imprime su particular sello. El fallecimiento de su progenitor vendrá a cortar esta vida confortable y reposada. Abandona los estudios y se vuelca por completo en la carrera literaria. Después de publicar tres libros sin demasiado éxito, el segundo de ellos de versos, el 6 de octubre de 1894 pone en escena en el Teatro de la Comedia su primera obra: El nido ajeno. A velocidad de vértigo se irán sucediendo los estrenos, convirtiéndose en pocos años en todo un autor consagrado. Benavente ha vuelto como un calcetín los usos dramáticos de la escena española; al expresionismo retórico y recargado tan en boga en los escritores románticos de principios del siglo XX, él opone un estilo realista de lenguaje simple y natural, caracterizado por una sutil ironía salpicada de humor e ingenio. El éxito es arrollador. En 1912 es nombrado miembro de la Real Academia Española, ocupando el sillón que deja vacante don Marcelino Menéndez y Pelayo. Monárquico convencido, en 1918 resulta elegido Diputado a Cortes por Madrid, dos años más tarde es nombrado Director del Teatro Nacional, y en 1924 el Ayuntamiento le declara Hijo Predilecto de la Villa. El escritor acompaña en su "tournée" americana a la compañía de teatro de doña Lola Membrives; se prodigará como hábil conferenciante en paraninfos y salones culturales. Además, don Jacinto también lleva en su maleta durante esta gira el vestuario del Crispín de "Los intereses creados", representando el papel en numerosas ocasiones. Una noche, el tren en que viaja la compañía hacia Buenos Aires debe esperar su enlace en la estación de la localidad de Rufino, en la provincia de Santa Fe. Allí recibirá, un día como hoy del año 1922, el telegrama en el que se le comunica la concesión del Premio Nobel de Literatura. La continuación de la gira se convertirá en una interminable serie de homenajes y agasajos en honor del laureado autor español. Su nada disimulado conservadurismo le granjeará multitud de enemigos y cuando se produce el alzamiento militar de 1936 se encuentra cumpliendo un arresto domiciliario por orden gubernamental. Finalizada la guerra civil, continúa su producción literaria la cual pronto alcanzará los 200 títulos, siéndole concedida en 1950 la Medalla al Mérito en el Trabajo. Escritor de fama internacional, su obra pudiera ser considerada como clara precursora del teatro modernista y es obligatorio destacar, parejo al extraordinario valor literario de la misma, el perfecto dominio de los recursos escenográficos del que hace gala su autor. El apoyo de don Jacinto Benavente al régimen nacido del 18 de julio ha sumido a este insigne escritor en un pozo de olvido del que por su calidad contrastada y méritos incuestionables debiera ser inmediatamente rescatado.
Imagen: Fotografía del personaje.