Tal día como hoy del año 1305, moría en Concentaina, Valencia, Ruggiero di Lauria, nuestro Roger de Lauria, Almirante de los Reinos de Aragón y Sicilia, unos de los marinos más victoriosos de todos los tiempos y artífice del despegue español como potencia marítima. Nacido en la región italiana de Calabria, quedó huérfano de padre a edad temprana, y perteneciendo su madre al séquito de Constanza de Hohenstaufen, Reina de Sicilia, se vino con ella a España cuando Constanza contrajo matrimonio con el Infante Pedro de Aragón, el futuro Rey Pedro III. Su infancia y juventud transcurre en la Corte donde con su comportamiento y gallardía alcanzará honores y privilegios, entre ellos, el de ser incorporado a la nobleza aragonesa. Su primera victoria la obtuvo frente a los franceses en aguas de Sicilia enfrentándose con 18 galeras a las 20 que mandaba el Almirante Guillermo Corner, con quien acaba personalmente y toma cautivas 10 de sus naves. En el año 1284, ya conferido el grado de Almirante, da un notable impulso a la flota aragonesa mejorando las naves y acrecentando la preparación de los marinos y, una vez a punto, recorre la costa napolitana asolando propiedades y acumulando un cuantioso botín. Cuando la flota de Nápoles, a cuyo frente navega el Príncipe de Salerno, sale a su encuentro, los españoles contraatacan furiosamente y causan una terrible derrota a los italianos capturando al Príncipe, al Almirante de la flota napolitana, Jacobo de Brusson, y otros muchos caballeros y nobles, hundiéndole además sus mejores navíos. En esta osada acción daría buen ejemplo de la fama de hombre cruel y feroz que le acompañaría toda su vida ordenando la decapitación de varios de los prisioneros. Era el Almirante hombre de baja estatura, pero el esfuerzo y las fatigas de la guerra le proporcionaron una enorme fuerza física que le llevaba a destacar en cuantos torneos intervenía dada su apostura y destreza en el manejo de las armas. En septiembre de 1285 se enfrenta a la flota de Felipe el Atrevido en Formigués derrotando a un enemigo muy superior en número; esta victoria ponía fin al poderío naval galo y obligaba a las fuerzas francesas a abandonar sus posiciones en Cataluña. Muerto el Rey su señor, pasa al servicio del Infante Jaime, el cual había heredado de Pedro III el Reino de Sicilia, y al frente de una flota de 40 galeras se dirigió al puerto de Trápana. Una vez en la isla, continuó con sus ataques a los estados enemigos de su Rey, y con solo 6 galeras venció a los franceses en Provenza, Engrato y Santueri. De regreso en Sicilia, reunió su flota y marchó contra la fortaleza de Agosta, derrotando a sus defensores y tomando prisionero al legado del Papa. Esta acción enfureció a los gobernadores de Nápoles los cuales ordenaron a su armada concentrarse en el puerto de Castelamar de Stabia. Allí se presentó el Almirante aragonés y adoptó el orden de batalla aunque sabía que la proporción de fuerzas le era desfavorable. Trabado el combate, oponen los españoles valor y destreza al número de sus enemigos y, tras sangrienta lucha, toman cautivos sus estandartes de guerra, les apresan 44 galeras y capturan más de 5.000 prisioneros, forzando a los napolitanos a firmar una tregua. En 1291 muere, a la edad de veintisiete años, Alfonso III, Rey de Aragón, designando en su testamento heredero del reino a su hermano Jaime con el único compromiso de que renunciase al trono de Sicilia. Enfrentado por esta causa Jaime con su otro hermano, el Infante Fadrique, al cual ofrecieron los sicilianos la corona, Roger de Lauria se alinea en las filas de Fadrique y combate a los aragoneses, los cuales le tildan de traidor. Pero donde sin duda alcanzaría los más altos lauros militares sería en la guerra que durante 20 años enfrentó al Rey Fadrique con Carlos de Anjou, rey de Francia. No obstante, al no ser tenidos en consideración ni los servicios prestados ni el grave deterioro que a su fortuna personal había supuesto tan largo enfrentamiento, desanimado y dolido se retiró el Almirante a sus posesiones en Valencia donde permanecería hasta el final de su vida acompañado por su esposa, doña Saurina d"Entença. En recuerdo y homenaje de tan insigne marino y hombre de armas es costumbre en los ejércitos españoles bautizar a alguna de sus Unidades "Roger de Lauria", y numerosas son las ciudades que han rotulado una calle o plaza con el nombre del victorioso Almirante aragonés.
Imagen: Idealización del personaje.