El 10 de mayo de 1452 nació en la localidad zaragozana de Sos el Infante Fernando de Aragón, segundo hijo de Juan II y nieto de Fadrique Enríquez, Gran Almirante de Castilla. La muerte de su hermano Carlos le convierte, cumplidos los 9 años, en Príncipe de Gerona y heredero del trono. En 1468 sucede un hecho crucial en la biografía de nuestro personaje y en el devenir de España: el fallecimiento -quizás a causa de un tósigo- del Infante Alfonso de Castilla lleva al reconocimiento de su hermana Isabel como futura ocupante del trono castellano. Juan II inició una serie de contactos diplomáticos para materializar el matrimonio entre su hijo y la princesa de Castilla, pero los esfuerzos del monarca habrían de chocar frontalmente con la negativa de Enrique IV, el cual encontraba más provechosa la boda de su hermanastra con el rey Alfonso V de Portugal. No obstante, Isabel se inclina por el aragonés y el 19 de octubre de ese año tienen lugar en Valladolid unos esponsales semiclandestinos oficiados por el Arzobispo Carrillo en el Palacio de los Vivero. La oposición de la princesa a satisfacer los deseos de su hermano obliga a la pareja a vivir alejados de la Corte, y lo que es aún peor para su futuro, ven como se multiplican las adhesiones a la Infanta Juana, la hija del monarca castellano a la que algunos encuentran un sospechoso parecido con don Beltrán de la Cueva y motejan por ello cruelmente como La Beltraneja. La muerte de Enrique IV el 12 de diciembre de 1474 y la inmediata autoproclamación de Isabel como Reina de Castilla desencadena una guerra civil entre los partidarios de ambas mujeres. Juega entonces Fernando sus bazas y reclama sus derechos al trono como descendiente de la Casa de Trastámara. Para evitar escisiones que pudiesen beneficiar a doña Juana, los esposos firman la llamada "Concordia de Segovia", documento que establece una absoluta igualdad entre ambos para el ejercicio del poder real. Esta unión –tanto monta, monta tanto- en un solo bloque proporciona enorme impulso a los partidarios de la Reina Isabel, que ven aumentar sus filas con el apoyo que le brindan gran número de nobles y multitud de ciudades y concejos. Por otra parte, la ayuda que recibe La Beltraneja desde Francia y Portugal se verá compensada por los refuerzos que el Rey Fernando consigue de los aragoneses. Tras casi cinco años de contienda fratricida, si bien en su última parte circunscrita a unos pocos enclaves de Extremadura y Andalucía Occidental, en septiembre de 1479 se pone final a la guerra con el Tratado de Alcaçovas. A primeros de ese año había fallecido Juan II dejando la corona a su hijo Fernando por lo que la renuncia al trono de doña Juana marca la fecha de unión de ambos reinos hispanos. Avezado desde su adolescencia a la vida militar, el Rey Fernando demostró prontamente estar dotado de un genio táctico inigualable, y bajo su mando las fuerzas reales sufrirán una significativa transformación dando paso a lo que se podría definir como el primer ejército moderno. Dando buena prueba de poseer una notable visión estratégica, en poco tiempo redujo a secundarias las aportaciones de la nobleza, es decir, la otrora poderosa caballería pesada, multiplicando en su sustitución el número de la infantería. Siempre gustó de encabezar las tropas y por su valor y arrojo en el combate era idolatrado por sus hombres; recordemos que en la máxima prueba militar que se habría de llevar a cabo durante su reinado, la conquista del reino nazarí de Granada, siempre actuó como un auténtico General en Jefe. En el terreno político demostró una gran capacidad diplomática tejiendo una sabia red de alianzas matrimoniales por un lado e incrementando por otro la actividad expansionista hacia el sur de Francia, Italia y el norte de África. Monarca sumamente respetado en la Europa de su tiempo, impresionó a sus rivales la fuerza de la unión conseguida entre ambos reinos. Sirva como muestra de su prestigio saber que Niccolò Machiavelli lo tomó como modelo para su gran obra "El Príncipe", tratado de instrucciones para los gobernantes. En su vida personal, aunque asaz mujeriego, siempre demostró un verdadero amor por la Reina Isabel, de la que solía repetir tras su pérdida que "fue la más excelente esposa que un rey haya tenido". La temprana muerte por tuberculosis de su hijo Juan y la de su hija Isabel, reina de Portugal, esta de sobreparto, le sumieron en una profunda desazón que se vería acrecentada al mostrar su otra hija, Juana, los primeros síntomas de inestabilidad mental. Casose en segundas nupcias con Germaine de Foix, sobrina del monarca francés, de la que tuvo un hijo que falleció a poco de ver la luz. Este matrimonio provocó grave enfrentamientos con los castellanos, los cuales recelaban un intento de separar de nuevo, en la persona de un posible descendiente, los reinos de Aragón y Castilla. Cuando se dirigía a presidir el capítulo de las órdenes militares que se iba a celebrar en el Monasterio cacereño de Guadalupe sus problemas de ascitis se agravaron y hubo de detenerse en el pueblo de Madrigalejo, donde falleció tal día como hoy del año 1516. El esfuerzo por conseguir la unificación religiosa en sus territorios había movido al Pontífice Alejandro VI a conceder a ambos esposos y a sus descendientes el título de Reyes Católicos, y el Papa Julio II llamaba al monarca español Fortissimus Christi Atleta por sus sonadas victorias en tierras de infieles.
Imagen: Don Fernando II de Aragón y V de Castilla.