"FUNDACIÓN DE MONTEVIDEO" (30 de Enero de 1726)

Por In memoriam - 30 de Enero, 2007, 8:36, Categoría: General

El incumplimiento por parte de Portugal del Tratado de Tordesillas -compromiso firmado en 1494 por los Reyes Católicos y Juan II en el que quedaban establecidos los límites de los territorios a conquistar en el Nuevo Mundo por ambos reinos- fue causa de varios enfrentamientos entre las dos naciones, siendo de destacar por su trascendencia el que provocó el establecimiento de una colonia portuguesa, la de Sacramento, frente a la ciudad de Buenos Aires en enero de 1680, asunto que no se vería resuelto hasta la firma del Tratado de Utrech en 1715. Sin embargo, incumpliendo nuevamente lo pactado, los portugueses perseveraron en su intención de extenderse por la zona oriental del Río de la Plata y en 1723, una expedición lusa compuesta por 250 hombres al mando de don Manuel de Freitas Fonseca, estableció un asentamiento en las alturas que dominan aquel estuario. La noticia de la invasión llegó prontamente a conocimiento del Gobernador español, don Bruno Mauricio de Zabala, el cual mandó emisarios intimando a los portugueses a abandonar la fortificación. Dado que estos hicieron oídos sordos a sus órdenes, Zabala aprestó una columna militar dispuesto a expulsarlos por la fuerza de las armas, pero no hubo ocasión para ello pues los hombres de Freitas optaron por retirarse. Don Bruno Mauricio de Zabala era natural de la localidad vizcaína de Durango, donde había nacido el día 6 de octubre de 1682 fruto del matrimonio de don Nicolás Ibáñez de Zabala y de doña Catalina Cortázar. Su padre, Caballero de la Orden de Calatrava, le imbuye de aprecio por la vida militar y con 19 años se alista en el Ejército Real marchando a combatir en Flandes, donde se cubrirá de honores. Toma parte en numerosas campañas demostrando siempre su arrojo y valentía. En el sitio de Lérida, enfrentado a las tropas del pretendiente durante la Guerra de Sucesión, una herida obliga a amputarle el brazo. Sus méritos en este combate unidos a su intachable hoja de servicios mueven al Rey Felipe V a nombrarle Capitán General y Gobernador del Río de la Plata en el mes de febrero de 1716. El gobierno español, a la vista de lo ocurrido con la Colonia de Sacramento, decide establecer una plaza militar estable de forma que se mantuviese su autoridad sobre aquellos territorios, y siendo la zona elegida por los portugueses la más idónea, Zabala ordena construir allí un fuerte al que llamará de San José. Finalizada la obra, se sumarán a la guarnición militar varias familias canarias de las afincadas en Buenos Aires y se enviaron correos a España en solicitud nuevos colonos, arribando el 19 de noviembre de 1728 el barco "Nuestra Señora de la Encina" en el que viajaba un contingente de treinta familias procedentes de las Islas Canarias y Galicia, las cuales serían el germen del que nacería la actual capital de la nación uruguaya.
Tal día como hoy de 1726, se fundaba la ciudad de San Felipe y Santiago de Montevideo según los planos que diseñara el ingeniero don Domingo Petrarca y que fueron llevados a la práctica por el Capitán don Pedro Millán, a quién el Gobernador mandó organizar la nueva población. Este acometió el trabajo con extremo celo, planificando calles y edificios y procediendo al reparto de tierras entre los colonos, efectuándose en diciembre de ese mismo año el primer censo de sus habitantes. Aquel pequeño reducto creció día a día convirtiéndose con rapidez en una hermosa ciudad y consolidándose en breve tiempo como la segunda plaza fuerte española en el continente sudamericano y puerto principal del Virreinato del Río de la Plata. El auge de la urbe y su creciente importancia aconsejaron a la Corona española a dotarla de Gobernador, y para evitar discrepancias con el de Buenos Aires, el de Montevideo dependía directamente del Rey. A consecuencia de los frecuentes ataques piratas que sufría se ordenó la construcción de un alcázar que la defendiese. La obra, que se prolongó durante 40 años, consistió en una impresionante fortaleza de altas murallas rodeadas de un profundo foso a la que se dio en llamar "La Ciudadela". Desde sus muros, cientos de cañones aseguraban la tranquilidad de sus habitantes y daban resguardo a los navíos de la Armada española fondeados en el puerto. En la primera década del siglo siguiente sería atacada en varias ocasiones por fuerzas inglesas y en la revolución de 1810, la cual sería el prolegómeno de la independencia de aquellas tierras de la Corona española, Montevideo se mantuvo fiel al Rey de España. Tras la creación del estado de Uruguay, la pequeña fortificación fundada un siglo antes por los españoles, ya transformada en emergente urbe, pasó a convertirse en la capital de nación más septentrional de todo el continente americano.


Imagen izq: Sello conmemorativo.
Imagen der: Monumento al fundador.

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