"LA BATALLA DE TETUÁN" (04 de Febrero de 1860)

Por In memoriam - 4 de Febrero, 2007, 10:09, Categoría: General

Dentro del habitual hostigamiento al que se veían sometidos nuestros territorios situados en la zona norte de Marruecos, Ceuta y Melilla se habían convertido en el blanco predilecto de los grupos insurgentes financiados por el Sultán Muley Abd alRaman. El Ejército español tenía desplegadas varias unidades en los puntos de mayor conflictividad, pero la cercanía de la frontera facilitaba la huída de los agresores, imposibilitando su captura. En agosto de 1859, moros pertenecientes a la cábila de Anyera atacaron a un grupo de soldados que efectuaban obras de fortificación en las cercanías de Ceuta. El Gobierno de Madrid exigió explicaciones al Sultán y, al no obtenerlas, el Congreso de los Diputados firmó el día 22 de octubre el acta de declaración de guerra. Se produjo entonces una multitudinaria adhesión popular a la intervención militar y desde todos los rincones de España miles de voluntarios acudieron a los puntos de alistamiento imbuidos de ardor patriótico. Se formó al efecto un ejército expedicionario cuyo mando asumió directamente el propio Presidente del Gobierno, el General don Leopoldo O"Donnell, y unas semanas más tarde, una vez concentrado en el puerto de Algeciras, nuestros soldados cruzaron el estrecho de Gibraltar a bordo de los navíos de la flota del Almirante Díaz Herrero.
Tal día como hoy de 1860 tuvo lugar la batalla de Tetuán. Un poderoso ejército marroquí, a cuyo frente se encontraba Muley al Abas, hermano del Sultán alawita, hizo frente a las tropas españolas. Aunque la superioridad numérica de las fuerzas moras se multiplicaba por la ventaja que les proporcionaba el terreno donde establecieron sus posiciones defensivas, no arredró esta circunstancia al General O"Donnell, el cual ordenó decidido avanzar a sus hombres. Pocos minutos antes de las diez de la mañana de aquella jornada, una de las lanchas que navegando por el río Martín tenían como misión proteger el flanco izquierdo de la vanguardia, detectó a un grupo de marroquíes que pretendían efectuar un ataque por sorpresa y abrió fuego contra ellos. Este disparo significó la señal de inicio de la batalla. Los españoles avanzaron ordenadamente bajo el espantoso batir de la artillería, y cuando faltaban pocos metros para alcanzar las líneas enemigas, O"Donnell ordenó el asalto a la bayoneta. Fueron momentos terribles en los que se multiplicaron las bajas por uno y otro lado. La proverbial puntería de los tiradores moros encontraba un blanco fácil en aquellos valientes soldados que asaltaban las trincheras a los sones de carga de las cornetas y los gritos de ánimo de sus jefes. Y entre tantos como aquella mañana demostraron su patriotismo merece especial mención la gloriosa actuación del batallón de Voluntarios Catalanes. Para asaltar el reducto enemigo que les correspondió en su frente de batalla debían primero sortear el escollo que representaba una amplia zanja pantanosa que, en pocos minutos, se convirtió en un sangriento matadero. Los muertos y heridos se multiplican sin que esto hiciera mella en el ánimo de los soldados. Pero el empeño parecía inútil. Los que a duras penas lograban salvar el pantano caían masacrados por los tiradores moros. Aprovechando las escasas coberturas que les ofrece el terreno y usando algunos como escudo el cuerpo de sus camaradas caídos, unas decenas de los que han conseguido salir indemnes del terrible trance dudan que acción deben acometer. El General don Juan Prim, considerado un héroe por su brillante actuación días antes en el combate de Los Castillejos, percibe la vacilación de sus hombres y, al instante, pica espuelas para forzar a su corcel a saltar la zanja y despreciando el nutrido fuego de las espingardas arenga a sus paisanos recordándoles la promesa que le hicieron de no abandonarle. Esta increíble prueba de valor del militar de Reus borra de golpe las dudas de los Voluntarios que, enardecidos por el arrojo de su General, se lanzan como fieras al asalto de las posiciones moras gritando ¡España! y dispuestos a vengar a sus compañeros muertos. La victoria fue total y el enemigo, huyendo a la desbandada, dejaba sobre el terreno numerosísimo armamento y material. Dos días después, las columnas españolas ocupaban Tetuán obligando al Sultán a firmar un tratado que afianzaba la presencia de nuestra Patria en aquel territorio norteafricano.


Imagen: El General don Juan Prim y Prats.

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