Tal día como hoy del año 1839, nació en la población gaditana de San Fernando Pascual Cervera y Topete quién, pasado el tiempo, sería un insigne marino que llegaría a desempeñar las más altas funciones al mando de la Armada española. Su temprana vocación le llevó a ingresar con poco más de 13 años en la Academia Naval Militar, siendo promovido a Guardiamarina de 1ª a los diecinueve y a Oficial a los 21. Con el despacho de Alférez de Navío recién obtenido solicita, y después de un primer destino en las costas españolas en África se le concede, la marcha voluntaria a las Filipinas, iniciando una brillante carrera profesional jalonada por su participación en cuantas acciones militares se viera envuelta nuestra Patria. Cervera y Topete toma parte en multitud de combates, demostrando su alta cualificación y profesionalidad de manera especial en los enfrentamientos habidos contra los insurrectos cabileños o los independentistas filipinos. La Cochinchina, en el sudeste asiático, el Perú, Cuba y la tercera guerra carlista, fueron escenarios donde brilló con luz propia por su acendrado espíritu militar. Con 53 años es nombrado Ministro de Marina en el gobierno que preside el liberal don Práxedes Mateo Sagasta, cargo que desempeñará desde diciembre de 1892 hasta marzo del año siguiente. En 1898 ya viste el fajín rojo de Contraalmirante, recayendo sobre él la alta responsabilidad de enfrentarse a la escuadra estadounidense que bloqueaba el puerto de Santiago de Cuba. Contrario por completo a tal acción, la cual reiteradamente calificó de descabellada, leal y disciplinado el Almirante Cervera se dispuso a cumplimentar las órdenes recibidas de su superior, el también gaditano Segismundo Bermejo, Ministro de Marina y compañero suyo de empleo. El 8 de abril de 1898, abandonaba Cádiz al frente de una escuadra integrada por 4 cruceros, de ellos tan solo uno estaba acorazado, y 2 contratorpederos. Tras hacer escalas en Cabo Verde y Curaçao, logró hábilmente burlar el bloqueo y amarrar en el puerto de Santiago el día 19 de mayo. Aunque siempre defendió su opinión de que España debía atender prioritariamente a su propio territorio peninsular antes que enfrentarse a la escuadra yanqui, llegado el momento acató sin reservas la orden del Gobierno que le había hecho saber el Capitán General don Ramón Blanco: presentar batalla a la escuadra del Almirante Sampson. Tal y como había anticipado el jefe español, nuestros barcos no pudieron hacer frente a los más modernos navíos americanos, y el día 3 de julio, en apenas quince minutos y tras efectuarse más de 10000 disparos de cañón, la llamada Escuadra de Operaciones de las Antillas fue totalmente desmantelada y los restos del imperio se hundían en las cálidas aguas del Caribe cubano. No obstante la estrepitosa derrota, los marinos españoles supieron batirse con honor y valentía, comportamiento este que les hizo merecedores de la admiración de sus propios enemigos. El 12 de julio de 1898, cuando Cervera se encontraba prisionero en Annápolis, la prensa americana escribió refiriéndose a él: "La figura más heroica de esta guerra, en lo que respecta a los españoles es, sin duda, el almirante Cervera. Es buen marino, valiente y caballeroso. En esta nación no hay para él más que respeto y compasión". Tres meses más tarde, el Almirante don Pascual Cervera y Topete fue repatriado. A su llegada a España hubo de sufrir un Consejo de Guerra, aunque la causa fue sobreseída. Rehabilitado y desagraviado, se le nombró, sucesivamente, Jefe del Estado Mayor de la Armada, Capitán General del Departamento Marítimo del Ferrol y Jefe de la Jurisdicción Central de la Armada. Al cumplir los 65 años fue designado Senador, cargo que desempeñó hasta su muerte, dolorosa pérdida acaecida el 3 de abril de 1909. Unos años más tarde, en junio de 1916, sus restos, rendidos los honores de ordenanza, fueron depositados en el Panteón de Marinos Ilustres de la ciudad militar de San Carlos, en su San Fernando natal.
Imagen: Retrato del personaje.