Un día como hoy de 1938, muere en acción de guerra el extraordinario piloto, as de la aviación nacional, don Carlos Haya González de Ubieta. El día anterior asistía al sepelio de su madre en Bilbao cuando supo de la ofensiva del ejército republicano en el frente de Teruel. En rápido traslado, se incorporó a su Unidad, el grupo de cazas italiano "As de Bastos", con el cual tenía órdenes de despegar inmediatamente para combatir a varias escuadrillas de Polikarpov I-15 que surcaban los cielos de Puerto Escandón. Nacido en Bilbao el 1 de marzo de 1902, con dieciséis años superó la prueba de acceso a la Academia Militar de Intendencia, siendo su primer destino, una vez egresado, la Comandancia de Burgos. De allí pasó a Melilla, tomando parte en numerosos combates contra los belicosos cabileños que hostigaban nuestros convoyes de suministros. Con el empleo de Teniente solicita ser admitido en un curso de pilotos que está previsto realizarse en Albacete. Se le concede y, una vez superado, ingresa en la Academia de Transformación de Oficiales, consiguiendo en corto tiempo el título de Piloto Militar. A continuación, pasó a prestar sus servicios en la zona del protectorado español en el norte de África, guerra cruenta donde comenzará a forjarse su fama de experto piloto. Finalizada la guerra de Marruecos, compagina las labores propias de su condición de militar con la aviación deportiva, logrando varias marcas mundiales en la especialidad de velocidad en circuito. En diciembre del año 1931, acompañado del Capitán del arma de Ingenieros don Cipriano Rodríguez Díaz, consigue la hazaña de volar sin escalas desde Sevilla hasta la capital de Guinea, cubriendo los 4300 kilómetros que separan ambas ciudades en 24 horas, excelente marca para la época. El inicio de la guerra civil le sorprende en Málaga; de allí logrará marchar hasta Sevilla, en cuyo aeropuerto se hace con un Douglas DC-2 y vuela hacía el Estrecho de Gibraltar para apoyar al llamado "Convoy de la Victoria". El Capitán Haya alcanzaría pronto gran fama merced a sus arriesgados vuelos en socorro de los defensores del Santuario de Santa María de la Cabeza, reducto en el que permanecieron sitiadas por las fuerzas del Gobierno más de 1000 personas, la mayoría guardias civiles de la comarca de Andujar capitaneados por el Capitán don Santiago Cortés. Durante más de siete meses sobrevoló las ruinas del Santuario para surtir a los cercados de municiones y suministros, efectuando muchas de aquellas misiones en los escasos momentos de descanso que la guerra le ofrecía y casi siempre sin escolta que le diese protección, lo cual da muestras de una valentía sin parangón posible. No obstante, de nada sirvieron sus denodados esfuerzos pues los sitiados, agotadas las posibilidades de defensa y herido de muerte su heroico Capitán, se rindieron el primero de mayo de 1937. En la hoja de servicios de Haya quedaba constancia de haber intervenido en más de 300 acciones de guerra, dándose en muchas ocasiones la circunstancia de bajarse de un aparato, agotadas la munición o el combustible, y tomar los mandos de otro sin dedicar tiempo al descanso. Este vehemente ardor guerrero le llevó a enfrentarse a los Polikarpov aquella mañana del 21 de febrero de 1938 sin estar en las idóneas condiciones físicas. Una maniobra fallida le puso en la línea de tiro de un caza enemigo, el cual alcanzó su aparato con una ráfaga de ametralladora haciéndole capotar. No se consiguieron recuperar sus restos. Como justo premio al valor demostrado en su corta, pero intensa vida militar, por su acrisolado espíritu de sacrificio y el desprecio que de la propia vida demostró en cuantas acciones de combate tomó parte, el día 1 de diciembre de 1942 le fue concedida la Cruz Laureada de San Fernando, la más alta distinción de los ejércitos de España.
Imagen: Fotografía del personaje.