Haciéndose eco de ciertas noticias llegadas allende ultramar que hablaban de enfrentamientos entre los conquistadores españoles, finalizaba el año de Nuestro Señor de 1534 cuando ordenó el Emperador Carlos aparejar una expedición que surcara el océano y examinase el proceder de los representantes de la Corona en las tierras del Nuevo Mundo. Al frente de la comisión investigadora púsose al provincial de los dominicos Tomás Martínez Gómez quien, por ser nacido en la villa soriana de Berlanga de Duero, era conocido como fray Tomás de Berlanga. Finalizados los preparativos, tal día como hoy de 1535 abandonó la nave la calma del puerto dispuestos sus tripulantes a la siempre insegura travesía del mar tenebroso. Sin apenas contratiempos arribaron los expedicionarios al continente americano, desembarcando en tierras de Panamá. Y sin descanso, nuevamente al mar, esta vez con rumbo norte buscando las costas del Perú, allí donde nuestro religioso habría de arbitrar en la disputa que enfrentaba a Pizarro con Almagro a causa del reparto del imperio de los incas. Frente a las costas de Ecuador navegaban cuando acometió al mar una calma chicha* que vació las velas y dejó el barco a merced de la corriente marina, una manga de agua fría que proveniente del Ártico recorre el litoral de aquellas tierras y a la que 3 siglos más tarde daría su apellido el geógrafo alemán Alexander von Humboldt. Transcurrieron jornadas al pairo* hasta que, inopinadamente, vieron surgir de entre las brumas los farallones costeros de varias islas. Era la mañana del 10 de marzo cuando los españoles ponían el pie en ellas buscando agua y suministros. Quedáronse asombrados de la diversidad de especies animales que las habitaban, causándoles especial asombro las tortugas gigantes que hasta un número aproximado al medio millón pastaban la reseca hierba de aquellos islotes. Aunque muchos años más tarde serían estas tortugas las que darían su nombre al archipiélago, la impresión que produjo en los marinos españoles ver aparecer aquellas costas entre los bancos de niebla les impulsó a llamarlas "Islas Encantadas", perdurando este nombre hasta nuestros tiempos en algunas cartografías. Fray Tomás, que amén de clérigo era un gran naturalista, informó pormenorizadamente al Emperador de sus descubrimientos, pintando con gran lujo de detalles la flora, la fauna y la climatología de las deshabitadas islas. Hoy día sabemos que aquellos territorios no son sino las cimas de volcanes submarinos cuyas cenizas y lavas basálticas dieron forma a su rugosa superficie. El archipiélago, alejado casi mil kilómetros de las costas ecuatorianas, está compuesto por 19 islas y decenas de islotes que habrían de convertirse durante años en el refugio predilecto de los corsarios que operaban por aquellos mares. Abandonadas de la civilización, no fue hasta finales del siglo XVIII que los ingleses demostraron su interés por estas rocas, estableciendo en ellas amarres para sus balleneros. El 12 de febrero de 1832, el archipiélago fue incorporado a la nación ecuatoreña, recibiendo su denominación actual y la consideración de provincia en febrero de 1973. Actualmente, las Galápagos gozan del status de Patrimonio Natural de la Humanidad.
Fray Tomás de Berlanga permaneció varios años en Panamá, de la que llegó a ser nombrado Obispo. Construyó la primera catedral de aquellas tierras e instruyó a los naturales en los avances europeos en agricultura, fomentando en aquellos parajes las plantaciones plataneras. Considerado por los propios indígenas un benefactor y adalid de los derechos de los indios, Fray Tomás cuenta en su haber con el entonces fantástico proyecto de construir un canal que uniese ambos océanos. En 1541 regresó a España, pasando los últimos años de vida en su pueblo natal, donde lo hallaría la muerte en 1551. En la Colegiata de Berlanga de Duero, en cuya capilla de los Cristos fue depositado su sarcófago, se conservan expuestos los restos de un caimán que trajo el dominico como recuerdo de su estancia en aquellas cálidas latitudes.
*Calma chicha: Se dice, especialmente en la mar, cuando el aire está en completa quietud. *Al pairo: Estar quieta la nave con las velas tendidas.
Imagen: Estatua de fray Tomás de Berlanga.