Los parlamentarios abandonaron el hemiciclo pasadas las 7 de la tarde. El Presidente del Consejo de Ministros, el prestigioso abogado coruñés don Eduardo Dato, tras departir brevemente con algunos periodistas que le esperaban a la salida del Senado, se subió en su coche oficial, un "Hudson" de color negro con matrícula ARM-121, placa distintiva del servicio de Automovilismo Rápido Militar. Al volante, su conductor, el Sargento de Ingenieros don Manuel Ros, observó por el retrovisor como el asistente, don Juan José Fernández Pascual, se apresuraba a cerrar la portezuela una vez acomodado el ilustre pasajero. Sin orden expresa en contra, el chófer emprendió el itinerario habitual de regreso a la residencia del Presidente: calle de Arrieta, plaza de Isabel II, la Puerta del Sol, calle Alcalá, Cibeles, Plaza de la Independencia....Cuando el coche se puso en marcha, el agente de vigilancia en la puerta del edificio estableció contacto con su compañero que se encontraba en la calle Lagasca, domicilio de don Eduardo, informándole de la partida. En aquel tiempo, excepto a la familia real, la Dirección de Orden Público no asignaba escolta a ninguna autoridad en sus traslados, por lo que el automóvil circulaba sin protección entre el tráfico del centro de la capital. A las ocho y veinte, el "Hudson" rodeaba la Puerta de Alcalá cuando una motocicleta de color oscuro dotada de sidecar aceleró hasta colocarse en el lateral derecho posterior del vehículo del señor Dato. Mientras su piloto se esforzaba por mantenerse a mínima distancia del "Hudson", los otros dos ocupantes sacaron sus pistolas y abrieron fuego sobre la parte trasera de la cabina. Se efectuaron más de veinte disparos a tan corta distancia que, prácticamente, acribillaron el asiento destinado a los pasajeros. Agotados los cargadores, la moto aceleró perdiéndose velozmente por la calle de Serrano. El Sargento Ros, consciente de lo ocurrido, reaccionó con prontitud y se encaminó a toda velocidad hacia la Casa de Socorro del distrito de Buenavista. A su lado, inmóvil, Fernández Pascual sangraba profusamente. Nada más llegar el hospital, don Eduardo fue trasladado con urgencia al quirófano, pero los médicos no pudieron hacer nada por salvarle la vida. El cuerpo presentaba varios impactos de bala; tres de ellos, mortales de necesidad, habían destrozado el cráneo del Presidente causándole la muerte de manera casi instantánea.
Don Eduardo Dato Iradier era natural de La Coruña, donde había nacido el 12 de Agosto de 1856. Establecida su familia en Madrid, cursó allí sus estudios licenciándose con honores en Derecho cumplidos los 19. Pronto comenzó a destacar entre sus colegas por lo brillante de su oratoria procesal y amplios conocimientos, no dudando nadie de un más que seguro salto del joven abogado a la arena política. De convicciones monárquicas y talante conservador, Dato militaba en el partido que presidía Canovas del Castillo, el cual logró convencerle para que se presentase en sus listas en los comicios a diputados, resultando elegido. A lo largo de su carrera política ocuparía diversos cargos, siendo de destacar los de Alcalde de Madrid, Presidente de las Cortes o encargado de las carteras ministeriales de Gobernación y de Justicia; finalmente, acabado el mandato de don Álvaro Figueroa, Conde de Romanones, el Rey Alfonso XIII le encomendó la tarea de formar gobierno. Hombre prudente, juicioso y de acendradas convicciones, tenía fama de conciliador, motivo por el que sus detractores calificaban su política de "meliflua" y le motejaban con solfa "el hombre de la vaselina". La realidad, bien distinta, es que se trataba de una persona de firme carácter cuya trayectoria pública estuvo marcada, primordialmente, por sus sentidos desvelos en el campo de las reformas sociales, siendo el creador en nuestra nación del Ministerio del Trabajo. Académico de la de Ciencias Morales y Políticas, estaba en posesión de numerosas condecoraciones nacionales y extranjeras, aunque se mostraba en particular orgulloso de su nombramiento como componente del Tribunal Internacional de La Haya. Su asesinato, ocurrido tal día como hoy de 1921 a manos de una célula anarquista ligada al sindicalismo catalán, causó una enorme consternación entre la ciudadanía española, organizándose dos días después del execrable crimen una gigantesca manifestación de duelo que recorrió las calles de Madrid exigiendo a las Autoridades el esclarecimiento del magnicidio y el castigo de los culpables.
Imagen: Fotografía del personaje.