Cuando la situación militar española en la zona del sultanato marroquí bordeaba los límites de la catástrofe y su táctica abandonista no solo le había granjeado la animadversión del ejército sino que, además, desde ciertos sectores políticos se conspiraba para derrocarle, en octubre de 1924 el General Primo de Rivera no rehuyó responsabilidades y asumió el cargo de Alto Comisario del Protectorado. Su orden de abandonar las posiciones de la región noroccidental del Rif, y en especial de Xauen, la Ciudad Santa, sembró la decepción entre los militares africanistas, los cuales no dejarían pasar la ocasión de mostrar su encono al Dictador. Por el contrario, en el bando bereber esta retirada de los españoles afianzó aún más la autoridad del renegado Abd-el Krim, a cuyas filas corrieron a unirse las cábilas de Gomara y Yebala, alcanzando la sublevación, dado el incesante aumento de fuerzas de la autotitulada "República Confederada de las tribus del Rif", su momento álgido. Solo Melilla quedaba como bastión del poder español y tras sus muros se concentraban la mayoría de los leales a nuestra bandera. La situación de cerco a que estaba sometida la ciudad alentó a Abd-el Krim a dirigirse hacia el sur y el cadí ordenó a sus hombres atacar la ciudad de Fez en abril de 1925. Situada en la costa atlántica de Marruecos, Fez formaba parte del protectorado francés, por lo que la pérdida de la ciudad a manos de los rebeldes empujó al gobierno galo a buscar un entendimiento con Madrid para acabar con el caudillo rifeño, y esto, quedaba claro, no podría ser de otra manera que derrotándolo en combate. En mayo se reunió un comité hispano-francés designado «ex profeso» y apenas un mes después se firmaba el acuerdo para llevar a cabo una acción militar coordinada que consistiría en el desembarco del ejército español en algún punto de la costa mediterránea marroquí y su posterior avance hasta entrar en contacto con las tropas francesas, las cuales partirían desde sus enclaves del sur, capturando entre ambas pinzas a los sediciosos. El Estado Mayor de Primo de Rivera propuso como
zona donde efectuar el citado desembarco la bahía de Alhucemas, una especie de boca de saco de más de 25 kilómetros de amplitud flanqueada por las alturas del cabo Quilates y Morro Nuevo. Treinta minutos antes del mediodía del 8 de septiembre, nuestra Armada, transportando un ejército de 13000 hombres y contando con el apoyo de la aviación española y la francesa, lanzó la primera oleada de elementos anfibios rumbo a Ixdain y La Cebadilla, dos playas situadas en el sector occidental de Morro Nuevo. El Mando Conjunto lo ostentaba el propio General Primo de Rivera, siendo esta la primera vez en la historia de los conflictos militares que todas las fuerzas participantes en el combate actuaban bajo un mando unificado. Aunque en las labores de desembarco se contó con el apoyo de algunos aviones franceses, la operación fue en exclusiva una acción dirigida y efectuada por los españoles, los cuales supieron con arrojo y valor desalojar a los más de 10000 insurgentes que les contratacaban desde las alturas colindantes. Dividida por la mitad la zona de influencia rebelde y venciendo la oposición que encontraban a su paso, las fuerzas españolas avanzaron hasta encontrarse con los franceses. Viendo la inutilidad de continuar con la resistencia, Abd-el-Krim se entregó a los representantes del gobierno galo poniendo así fin a la llamada Guerra de Marruecos, lo que posibilitó restablecer rápidamente la autoridad española en la zona del Protectorado.
Forma parte del Batallón Expedicionario español el Teniente don Gonzalo Herrán Rodiles, quién hace escasas fechas ha recibido su despacho en la Academia Militar de Ingenieros. A pesar de su bisoñez ha sabido imponerse a sus hombres, los cuales aprecian en el joven Oficial su energía y determinación. Durante los enfrentamientos llevados a cabo el día 23 para ocupar las alturas de Morro Viejo, el avance de nuestro ejército se ve frenado por fuerzas hostiles que han tejido una intrincada red de trincheras desde las que hacen mortífero fuego sobre la vanguardia española. Sin un momento de titubeo, el Teniente Herrán exhorta a sus hombres a seguirle y se lanza al combate siendo el primero en asaltar uno de los parapetos rebeldes. Sable en mano lucha con los moros consiguiendo acabar con varios de ellos antes de caer víctima de una granada. El sacrificio del héroe no ha sido en vano; sus hombres, enardecidos por el ejemplo del jefe, atacan como fieras dispuestos a vengar su muerte y derrotan a los insurgentes, emprendiendo la huida los pocos que logran salvar sus vidas y quedando franco el paso a nuestras columnas. El Teniente Herrán Rodiles era natural de Madrid, donde había nacido tal día como hoy de 1898. Por su arrojo frente a un enemigo muy superior en número mostrando en su acción un total desprecio de la propia vida le fue concedida la Cruz Laureada de San Fernando, la más preciada condecoración de los Ejércitos de España y el más alto honor que la Patria concede a quienes no dudan en entregarle hasta la última gota de su sangre en el campo de batalla.
Imagen: Fotografía aérea de uno de los puntos de desembarco.