Tal día como hoy del año 1305, Andrónico II, Emperador de Bizancio, ordenó acabar con el César de Oriente, el caballero Rutger Blume, jefe de los almogávares. Durante un fastuoso ágape organizado en su honor, guardias bizantinos sorprendieron al guerrero y a lo más selecto de sus edecanes y escoltas y los pasaron alevosamente a cuchillo. A tan drástica medida no fueron ajenos los temores del hijo y heredero del Emperador, el co-regente Miguel IX, el cual veía peligrar no solo su corona sino la propia vida a manos de aquél invencible guerrero.
Rutger Blume había nacido en Brindisi, al sur de la península itálica, entorno al año 1266. Su padre desempeñaba el puesto de halconero en la corte del Emperador Federico II Hohenstaufen, aquél que fuera llamado "asombro del mundo" por la riqueza de sus conocimientos. Casado con una dama de la burguesía brindisina, el matrimonio se instaló en la casa materna, creciendo Rutger rodeado de lujos y comodidades. Sin embargo, la muerte del progenitor en la batalla de Tagliacozzo, importantísima victoria del ejército güelfo sobre los partidarios del Emperador que significó el fin de la autoridad de éste en Italia hasta el advenimiento al trono del Sacro Imperio Romano del español Carlos I, sumió a la familia Blume en la más completa ruina. Vasall, un caballero templario, toma al joven bajo su protección y lo introduce en la Orden, donde progresará, gracias a un innato dominio del mar, hasta alcanzar la jefatura de la escuadra del Temple en el Mediterráneo. En 1291, vencidos y agotados hasta la extenuación, los soldados que custodiaban San Juan de Acre, principal centro cristiano en Tierra Santa, abandonaron la ciudad embarcando en la flota templaria y regresaron a Europa llevando con ellos un extraordinario tesoro. Al arribar a puerto, Rutger fue acusado de haber escamoteado parte de aquellas riquezas, y aunque nunca pudo demostrarse la veracidad de tales inculpaciones, se decretó su expulsión de la Orden del Temple. Sin más sustento que su espada, Rutger Blume vagó por las cortes europeas ofreciéndose como mercenario al mejor postor. Rodeado de un pequeño grupo de leales, su nombre llega a oídos de Fadrique II de Sicilia quién lo llamó a su servicio. Las resonantes victorias que obtiene frente a la casa de Anjou le hacen gozar de la predilección del monarca, el cual acabará nombrándole Almirante de su flota y jefe de los almogávares. Estas compañías de feroces y despiadados guerreros -cuyo solo nombre infundía el terror en aquellos que se les enfrentaban- le aceptaron como Caudillo y bajo su mandato acabaron con los intentos angevinos de desestabilizar el poder real.
En 1304, el avance de los ejércitos otomanos amenaza las débiles fronteras de Constantinopla. Andrónico II, cabeza del Sacro Imperio Romano de Oriente, se dirige hacia Europa en busca de socorro y su llamado halla eco en la Casa de Aragón que, sin duda para alejar de su territorio a tan peligrosos mercenarios, apresta en su auxilio la Gran Compañía Catalana, 5000 almogávares al mando de Rutger Blume los cuales, nada más llegar a Bizancio, aniquilan a la hostil confederación de venecianos y genoveses. A pesar de su manifiesta inferioridad numérica, los almogávares irrumpen en Anatolia conjurando, victoria tras victoria, los peligros turco y escita*, siendo digna de remembranza la batalla de las Puertas Cilicias donde la Compañía Catalana, reforzada con los mil almogávares del almocadén** Bernat de Rocafort, aniquila al grueso del ejército otomanoo, viéndose los turcos forzados a retirarse dejando sobre el campo de batalla más de 15000 muertos y un ingente botín. La fama de Rutger es enorme y su poder, incuestionable. Pero en el palacio imperial las cosas marchan por distinto cauce. Nadie se opuso a que el Emperador le otorgase el título de César y el cargo de Megaduque***, pero la pretensión del Caudillo almogávar de coronarse rey de los territorios conquistados despertó el recelo en la corte griega. Pocas fechas antes del regreso de los almogávares al frente de batalla en Anatolia, Miguel, hijo del Emperador y co-regente, invita a Rutger a un banquete en Adrianópolis. Siguiendo las normas de la etiqueta griega, Rutger Blume y sus acompañantes acuden desarmados a la fiesta. En un momento determinado, el alano Gircón irrumpe al frente de un contingente de la guardia y asesina a los jefes almogávares. La sed de sangre se extiende a todos los rincones del Imperio y una turba enfurecida acaba con cuantos aragoneses y catalanes encuentran, muchos de ellos comerciantes establecidos en aquellas tierras desde hacía lejano tiempo. Logran escapar a la matanza poco más de 2500 almogávares, los cuales se fortifican en la plaza de Gallipoli. Berenguer d"Entença, convertido en jefe a la muerte de Rutger Blume, organiza una flota y se dirige a Constantinopla, pero es apresado por los genoveses merced a un traidor engaño. Solo restan los hombres de Bernat de Rocafort, 1500 guerreros a los que se han unido aquellos que han logrado escapar a la masacre, la mayoría mujeres y niños. Adoptan los almogávares una decisión desesperada: vencer o morir, y a los gritos de ¡Aragón! y ¡Desperta ferro! se lanzaron contra sus atacantes derrotando a cuantas tropas imperiales se interpusieron en su camino y reduciendo a escombro y cenizas la Tracia y Macedonia. Miguel IX reúne un poderoso ejército, pero este es diezmado por los almogávares y el propio Emperador consigue salvar la vida «in extremis». Enterado Rocafort de que los asesinos de Rutger Blume han huido a Bulgaria, salen en su busca a marchas forzadas y caen de improviso sobre el ejército que capitanea el asesino Gircón, aniquilándolo en su totalidad y vendiendo como esclavos a los escasos supervivientes. Aquella ola de terror y muerte fue tan devastadora que durante siglos se la recordó con pavor entre los griegos como "la venganza catalana". Cuando parecía retornar la calma les llama Gualterio de Brena, Duque de Atenas, bajo cuyas banderas hacen frente a las columnas griegas, pero la felonía del Duque a la hora de abonar sus servicios les encolerizó al extremo de volver armas contra sus aliados y matar a Gualterio. Ofrecieron entonces la corona a Fadrique II de Sicilia. Éste la acepta en nombre de laCasa de Aragón y envía a su hijo Manfredo, quién se convertiría en el primer hispano Duque de Atenas y Neopatria.
*Escita: Pueblo alano del Caúcaso. **Almocadén: En la milicia antigua, capitán de las tropas de a pié. ***Megaduque: Almirante en Jefe de la Armada.
Aclaración: Blume en lenguaje alemán significa flor. Por ello, este personaje era llamado en nuestra tierra Roger de Flor, y con este nombre ha pasado a la historia.
Imagen: "Entrada de Roger de Flor en Constantinopla". Lienzo de Moreno Guerrero.