En febrero de 1699, la inesperada muerte a la temprana edad de 6 años del Príncipe de Asturias, José Fernando de Baviera, bisnieto de Felipe IV de España, desencadenó una guerra sucesoria entre austriacistas y borbones que habría de durar casi 13 años y llevaría el luto al hogar de muchos españoles. El Archiduque Carlos de Austria hizo caso omiso al testamento de Carlos el Hechizado* y se proclamó heredero de la corona española enfrentándose, con el apoyo de austriacos, ingleses, portugueses y holandeses, al pretendiente francés Felipe d"Anjou, segundo hijo de Luís de Bourbon, el Gran Delfín**. En nuestra nación se formaron dos bandos antagonistas, uno integrado por los defensores de los derechos dinásticos del Archiduque, y el otro, partidario de la entronización de la casa reinante en el vecino país del norte. Recibido clamorosamente en Barcelona, Carlos de Austria instaló en la gran urbe catalana la capital de su reino, y en agosto de 1705 desembarcó en su puerto un ejército de más de 20000 soldados de la Alianza. Seguras de que la Casa de Austria respetaría sus fueros, las autoridades catalanas juraron fidelidad al Archiduque y, pocos meses más tarde, a finales de diciembre de ese mismo año, Valencia se declaró, igualmente, partidaria del pretendiente austriaco. Pero Felipe d"Anjou, que contaba con el apoyo entusiasta de castellanos, andaluces y extremeños, recibió una importante ayuda militar desde Francia, y con este ejército, puesto a las órdenes de sir James Fitz-James, Duque de Berwick, logró conquistar Cartagena, Novelda, Elche y otras plazas fuertes alicantinas. Dispuesto a frenar el avance de los borbónicos, Carlos de Austria ordenó a los Generales Henry Massue de Ruvigny, Conde de Galway, y el portugués Antonio Luís de Sousa, Marqués Das Minas, marchar al encuentro y derrotar a las tropas de Berwick, y un ejército de 16000 hombres, en su mayor parte holandeses, británicos y portugueses, se puso en camino hacia la región murciana, allí donde los informadores habían detectado el campamento del General inglés al servicio de Francia. A 73 kilómetros de la capital albaceteña se constituye la ciudad de Almansa, en aquel tiempo una pequeña villa de poco más de 3000 moradores, pacíficos aldeanos cuya vida transcurría a la sombra del impresionante castillo del siglo XIV que mandara construir el Infante don Juan Manuel. Tal día como hoy del año 1707, ambos ejércitos efectuaron su despliegue, el del Archiduque en un frente extenso a lo largo del corredor este de Almansa, y el del Duque de Berwick en dos líneas, dejando a sus espaldas los arrabales de la población. Son las tres de la tarde cuando los cañones de los austracistas rompen el fuego. Las fuerzas de ambos contendientes eran similares, y aunque en su comienzo la batalla pareció demarcarse del lado de la Alianza, el mejor aprovechamiento de sus recursos por parte del Duque de Berwick dio un vuelco a una situación que, a la caída de la tarde, ya era manifiestamente favorable a los borbónicos. De importancia extrema en la victoria fue la brillante actuación de los escuadrones españoles de Órdenes Viejos, mandados por el valeroso General Intendente de Caballería don José de Amézaga. A pesar de la rendición de numerosas unidades del pretendiente austriaco, el saldo de muertos y heridos por su parte resultó elevadísimo, alcanzando casi los dos tercios de sus efectivos; por el contrario, las tropas franco-españolas apenas hubieron un total de 2500 bajas. Esta victoria, además de asegurar la corona en la persona de Felipe d"Anjou, supuso un drástico cambio en la organización política de los territorios aragoneses, catalanes y valencianos, que habrían de pagar caro su apoyo a la causa del Archiduque. Los llamados Decretos de Nueva Planta vendrían a imponer la autoridad central sobre las instituciones y privilegios forales. Felipe d"Anjou, Felipe V de España, hacía suya la consigna atribuida a su abuelo -l"Etat, c"est moi- e introducía en España el absolutismo monárquico.
*Carlos el Hechizado: Carlos II, último rey español de la Casa de Habsburgo. **Delfín: (fr. Dauphin) Desde 1349, título que ostentaba el heredero del trono de Francia.
Imagen: El Archiduque Carlos de Austria, pretendido Carlos III de España.