Conseguir el cese en las reivindicaciones al trono español por parte del Emperador Carlos VI de Austria -aquel Archiduque de la Casa de Habsburgo que pretendió la corona de España tras el óbito sin herederos del Rey Carlos II y cuyo enfrentamiento con Felipe d"Anjou fue causa de la Guerra de Sucesión en 1702- supuso un alto coste para nuestro Imperio. Su aceptación por las potencias integrantes de la Gran Alianza como Rey de España implicó la renuncia de Felipe V a inmensos territorios en favor de estas. Con la firma de los Tratados de Utrech y Rastadt, Carlos VI logró coronarse Rey de Nápoles y adjudicarse la isla de Cerdeña, la Toscana y el Milanesado, en tanto que la Casa de Saboya se quedaba con el reino de Sicilia. Obviando los compromisos adquiridos, apenas transcurridos tres años, España, deseosa de recuperar sus posesiones en la Italia meridional, organizó una potente escuadra que atacó al ejército del Rey Víctor Amadeo de Saboya y logró conquistar las plazas fuertes de Trápani, Catania, Siracusa y la capital de la isla, la bella ciudad de Palermo. La ruptura de la Paz de Utrech por nuestras tropas propició una nueva alianza europea en su contra. Holanda, Inglaterra, Francia y Austria acudieron en ayuda del rey siciliano y derrotaron al ejército español, destruyendo casi por completo la flota que lo había transportado. Otro tratado, esta vez firmado en Londres, reorganizaba nuevamente el tablero político haciéndose Austria con el reino de Sicilia, Víctor Amadeo de Saboya se coronaba Rey de Cerdeña y el Infante Carlos de España, hijo de Felipe V, era nombrado Duque de Parma y Plasencia. Así las cosas, a la muerte en 1733 de Augusto II, Rey de Polonia y Duque de Lituania, subió al trono su hijo homónimo, declarado incondicional aliado del Emperador austríaco, situación esta que provocó el estallido de una guerra sucesoria en aquella nación y una nueva ruptura de hostilidades entre las potencias europeas alineadas, esta vez, a favor o en contra de la hegemonía de los Habsburgo en el mapa del Viejo Continente. So pretexto de apoyar a su hijo ante un eventual ataque a sus posesiones, Felipe V mandó a Parma un poderoso ejército al mando de don José Carrillo de Albornoz, Duque de Montemar. En realidad, las órdenes que había recibido el noble español de su Monarca eran las de atacar a las fuerzas austríacas y conquistar Nápoles. Las tropas del Duque de Montemar -25000 hombres bien instruidos- una vez desembarcadas se enfrentaron a los austríacos causándoles gran mortandad. El Conde de Traun, General en Jefe de las tropas germanas en Nápoles, buscó refugio con los restos de su ejército tras los muros de la fortaleza de Gaeta, puerto de la costa occidental de Italia que por su importancia estratégica era llamado "La llave de Nápoles". Tal día como hoy del año 1734, el Duque de Parma hacía su entrada en la capital napolitana en medio de grandes manifestaciones de entusiasmo popular, no en vano aquellos fueron territorios españoles durante muchos años. Como los austríacos aún resistían en diversas plazas del reino, Carlos de Borbón se puso al frente del ejército y atacó el puerto de Gaeta. En la toma de la ciudad fue importantísima la actuación de la escuadra al mando del Conde de Clavijo, destacando por su valor y audacia el Capitán de Navío don Gabriel Pérez de Alderete. Derrotados en Pescara, Captia y Bitonto, los austríacos se vieron forzados a abandonar Nápoles. En 1735, una escuadra española integrada por 5 navíos, 3 fragatas, 7 galeras y más de 200 transportes y buques auxiliares, cruzó el estrecho de Mesina y desembarcó el grueso de las tropas en Palermo. El Duque de Montemar, sin encontrar apenas oposición armada pues sus enemigos habían abandonado las guarniciones avisados de su llegada, fue recibido por los sicilianos como un liberador y en pocas jornadas se hizo con el control absoluto de la isla. Los reinos de Nápoles y Sicilia
estaban de nuevo bajo el dominio de España, cuyo Rey, Felipe V, cedió la corona de ambos territorios a su hijo el cual los regiría con el título de Carlos VII de las Dos Sicilias.
Excelentes aquellos años de escuela política y militar para quién habría de convertirse, por mor de la temprana muerte de sus hermanos, en el Rey Carlos III de España.
Imagen: El Reino de las Dos Sicilias.