"LA BATALLA DE ALCAÑIZ" (23 de Mayo de 1809)

Por In memoriam - 23 de Mayo, 2007, 0:08, Categoría: General

Tal día como hoy de 1809 tuvo lugar la batalla de Alcañiz, episodio de nuestra Guerra de la Independencia en el que se cubrieron de gloria las armas españolas. Capital del Bajo Aragón, la ciudad turolense había sido liberada por las tropas del Brigadier don Joaquín Blake y Joyes el 18 de mayo. Al enterarse de la derrota de sus tropas, el Conde Louis Suchet, General en Jefe del Ejército de Aragón, se puso al frente de una potente columna militar formada con las Divisiones 1ª y 2ª del III Cuerpo del ejército francés; en total, más de 10000 infantes y 1000 jinetes resueltos a recuperar la ciudad perdida. Avisado Blake de la proximidad de las fuerzas francesas, desplegó a sus hombres apoyándose en unas lomas que, aún siendo de poca altura, daban cierta ventaja a los defensores: en el cerro de los Pueyos de Fórnoles, la Brigada del General Areizaga, y en el de Perdiguer, los hombres del General Roca. En el centro, dominando la llanura desde el cerro de las Horcas, estableció Blake su Cuartel General y ordenó emplazar el grueso de la artillería. Semiocultos entre unos olivares, a la izquierda de la posición, los briosos corceles del Coronel González de Menchaca. Apenas amanecido, tras breve preparación artillera, dos columnas francesas se lanzaron al asalto del cerro de los Pueyos. En compactas filas al paso de carga, la infantería napoleónica buscaba romper la línea de defensa, pero el certero fuego de los españoles les hizo desistir de su intento y emprendieron la retirada. Airado por este contratiempo, ordenó Suchet atacar de nuevo aquella posición y sus soldados avanzaron decididos a acabar con los obstinados defensores. La caballería española les salió al encuentro pero, superada en número por los dragones franceses, se vio forzada a replegarse. Al verse sin obstáculos que impidieran su avance, los franceses acometieron con inusitada furia el cerro de los Pueyos. Brilló en aquellos momentos como nunca la valentía de los soldados aragoneses del General Areizaga que, con las banderas desplegadas y al son de los tambores de guerra, hicieron gallardo frente a la masa de atacantes obligándoles a retirarse tras dejar sobre el campo de batalla cientos de bajas. Puso entonces en práctica Suchet la vieja estrategia consistente en atacar las alas de la posición defensiva mientras un poderoso contingente se lanzaba por el centro al asalto del Cuartel General español. Blake, que no podía contar con el apoyo de los generales Areizaga y Roca por estar ambos empeñados en duros combates en sus respectivas posiciones, confió su defensa en la artillería. Estaba al frente de la misma el Brigadier don Martín García-Loygorri e Ichaso, un fornido navarro con amplia experiencia militar que había conseguido los entorchados por méritos en combate apenas unos meses antes. Su primera orden fue espaciar los fuegos y dejar avanzar la columna francesa. Sorprendidos por tan escasa resistencia, los oficiales franceses aceleraron la progresión de sus hombres los cuales consiguieron en impetuoso ataque hacer retroceder a las avanzadillas españolas. Están a escasos metros de la posición y todo les parece alcanzado cuando el cornetín de órdenes español rasgó el aire con el vibrante toque de ¡Fuego! Una tormenta de pólvora y plomo se descargó sobre las filas francesas frenando en seco el avance y desbaratando sus propósitos. Y era que, con un valor y disciplina supremos, los artilleros españoles habían permanecido impertérritos en sus posiciones esperando al enemigo hasta que recibieron la orden de disparar cuando este se hallaba solo a escasos metros de los cañones. Las pérdidas francesas fueron enormes y su derrota, incuestionable. En conmemoración de tan brillante victoria y en honor de cuantos en ella tomaron parte, en 1815 se creó una Cruz de Distinción con la leyenda "Alcañiz" que, en el uniforme del Brigadier García-Loygorri, vino a unirse a la Cruz Laureada de San Fernando, la primera de su clase concedida a un componente del Real Cuerpo de Artillería.

Imagen: Don Martín García-Loygorri e Ichaso.

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