"LOS HERMANOS ÁLVAREZ QUINTERO" (14 de Junio de 1944)

Por In memoriam - 14 de Junio, 2007, 6:05, Categoría: General

Tal día como hoy de 1944, fallecía don Joaquín Álvarez Quintero.
Los azares de la vida, camino plagado de vericuetos que parece gustarse en ocultarnos lo que nos espera a la vuelta de la esquina, obligaron a don Joaquín Álvarez Hazañas a desempeñar mil y un oficios para poder sacar adelante a los suyos. En el 71 y en el 73, nacieron Serafín y Joaquín Álvarez Quintero respectivamente, ambos en la ciudad de Utrera, y en el 78, la familia se trasladó al completo a Sevilla en búsqueda de mejores oportunidades. Con el modesto salario de unas representaciones de comercio, don Joaquín consigue montar casa en la calle Hombre de Piedra. Cerca, muy cerca, las primeras letras en el colegio de San Lorenzo. Cursan el bachiller en el instituto San Isidoro, frente al teatro Cervantes donde  -otra vez los azares de la vida-  pasados unos años, en enero de 1888, estrenarán la primera obrita, "Esgrima y amor". Sus profesores y compañeros aplaudirán entusiasmados este juguete cómico, primer esbozo de los sainetes que habrían de llevar con el tiempo a aquellos dos jovenzuelos a ocupar un puesto de privilegio en las letras españolas. En 1889, una nueva mudanza, ahora, a la capital. En Madrid, Serafín y Joaquín ayudarán a la economía familiar oficiando de chupatintas* en el Ministerio de Hacienda. Y robando horas al asueto y al sueño continúan llenando folios a un ritmo vertiginoso. Más de cuarenta obras escritas en esos primeros años capitalinos languidecerán en las estanterías de la casa sin que ninguna compañía se avenga a estrenarlas. En la última década del diecinueve los dramas ampulosos llenan las butacas; el neorromanticismo gusta a los espectadores y los dueños de los teatros, siempre tan enemigos de las aventuras, siguen confiando en la pluma de Tamayo, Benavente, Dicenta o Echegaray. En 1897, los hermanos lograrán estrenar "El ojito derecho", y su alegría, desenfado y comicidad convierten este entremés en un éxito sin precedentes. Casi sin darse cuenta, habían abierto una ventana por la que se coló como un vendaval todo el aire fresco de su amada Sevilla. En el 98, la miel y la hiel. Su siguiente guión teatral, "La buena sombra", supera en éxito al primer estreno y los empresarios corren a pedirles nuevas obras. Y quiere el azar –otra vez el azar- que la alegría del triunfo se amargue con el llanto por la pérdida de don Joaquín, el padre, el amigo. La labor creadora de los Quintero es ingente, sucediéndose los estrenos de forma ininterrumpida. Y con cada subida del telón, un éxito. En noviembre de 1920, Serafín, siempre locuaz, extrovertido y apasionado, es nombrado miembro de la Real Academia de la Lengua. Joaquín, sereno, silencioso, taciturno, recibirá la misma distinción cinco años más tarde. Las muestras de admiración que reciben son incontables. En 1927 se inaugura en el parque sevillano de María Luisa una glorieta en su honor, y en el 28 se les rinde un homenaje a nivel nacional en el que intervienen los más insignes artistas y literatos del momento. En 1934 se inauguró en el Retiro madrileño un monumento a los Quintero obra del escultor Coullaut Valera, el sobrino artista de don Juan Valera. Sevilla y Utrera, su pueblo, les nombran hijos predilectos. ¡Sevilla! ¡cuánto quieren a Sevilla!, con su Semana Santa y su Feria, ocasiones a las que nunca faltaron y de las que se confesaban profundamente enamorados. Católicos y tradicionalistas, los Álvarez Quintero han sido acusados por muchos, injustamente, de reaccionarios. No es cierto. Ellos, su familia, eran entusiastas republicanos y vivieron alborozados las jornadas posteriores al 14 de abril de 1931; pero como muchos compatriotas vieron truncarse estas esperanzas, particularmente, a raíz de la revolución de octubre. El 12 de abril de 1938, en plena Semana Santa, murió Serafín. Su última voluntad es que su sepelio esté presidido por un Crucifijo, una locura impensable en aquellos atribulados momentos por los que atravesaba Madrid, pero que se cumplió y fue respetada por todos. Joaquín se quedó solo. Difícil se hace imaginarlo sin su hermano. Aún escribiría 25 obras, eso sí, firmando siempre con el nombre de ambos.
En estos tiempos que nos ha tocado vivir, la obra de estos andaluces geniales, con la excepción de la más que meritoria labor de algunas compañías de aficionados, parece arrinconada, condenada a un deliberado olvido del que los que blasonan y se enorgullecen de aquella tierra, de Andalucía, están en la obligación ineludible de rescatarla.


Chupatintas: Escribiente. Oficinista de poca categoría.

Imagen: Los hermanos Álvarez Quintero. En primer término, Joaquín.

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