En el siglo XVI, las costas norteafricanas se habían convertido en un nido de piratas que mantenían en constante jaque a las naves imperiales que surcaban el Mediterráneo. Es más, contando con la nada disimulada protección y ayuda de las tropas de la media luna, estas ratas se atrevían a efectuar, partiendo desde sus bases en Argel y Túnez, frecuentes razzias* por los poblados litorales de Andalucía, Valencia y las Baleares. En 1534, Hizir ben Yakub, un sanguinario guerrero y avezado hombre de mar nacido en la Grecia turca fruto del matrimonio de un jenízaro con una cristiana, sucedió a su hermano Aruj al mando de su flotilla de naves corsarias. Aruj ben Yakub, Aruj Barbarroja, un pirata al que caracterizaba su tupida barba pelirroja, había sido una pesadilla para los habitantes de las costas italianas hasta su muerte en 1518 a manos de los soldados españoles en su vano intento de asaltar Tremecén, población argelina dependiente del Gobernador del Oranesado. Heredó entonces el joven Hizir barcos y sobrenombre, y superando con creces a su hermano en osadía y crueldad, rápidamente se convirtió en el terror de los navegantes cristianos. En 1529, Hizir Barbarroja logró apoderarse de la ciudad de Argel convirtiéndola, a partir de ese momento, en capital de sus dominios y punto de partida para posteriores expediciones. En 1534, los hombres de Barbarroja conquistaron Túnez asestando un golpe terrible a la seguridad del tráfico comercial marítimo en el Mediterráneo occidental. Esta circunstancia determinó a Carlos I, Rey de España y titular del Sacro Imperio Romano Germánico, a organizar una fuerza que destruyese el poder del pirata otomano. En los primeros días del mes de junio, Carlos I había concentrado en las costas aledañas a Cerdeña una impresionante flota destinada a transportar su ejército hasta los dominios del infiel Barbarroja. En más de cuatrocientos buques y navíos de guerra procedentes de todos los puertos del imperio católico se embarcaron 30000 soldados, en su mayor parte integrantes de los temidos Tercios españoles, y unos 15000 desheredados y aventureros que se habían sumado a la expedición soñando con participar en el reparto de las riquezas que atesoraba el corsario. El día 17 de junio, las tropas imperiales, encabezadas por el propio Carlos I, ponían el pie en la cálida arena de las playas del golfo tunecino.
Tal día como hoy del año 1535, el grueso del ejército cristiano se lanzó al asalto de la fortaleza de La Goleta, una poderosísima plaza fortificada que protegía el acceso a la bahía de Túnez. Tras sus muros, Hizir Barbarroja dirigía la defensa al frente de miles de sus guerreros seguro al amparo de sus inexpugnables murallas y de los más de trescientos cañones que asomaban sus bocas por las troneras. El choque fue tremendo y en el combate perdieron la vida
la mayor parte de los sarracenos, los cuales nada pudieron hacer ante el decidido empuje de los soldados cristianos. Barbarroja, viéndose perdido, abandonó la plaza y buscó refugio en la cercana Túnez. Cientos de cautivos cristianos fueron liberados tras la victoria y, aquella misma noche, los soldados de Carlos I tremolaban triunfantes sus pendones de guerra en las almenas de la fortaleza. Las demostraciones de valor fueron incontables, destacando entre estas la protagonizada por el Alférez Marmolejo, abanderado de la compañía del Capitán Hermosilla. En un trance del ataque, estando rodeado por un puñado de hombres de Barbarroja, el disparo de un arcabuz le inutilizó la mano derecha. Impertérrito, tomó entonces su espada con la izquierda y, sosteniendo la enseña con los dientes, continuó batiéndose con los berberiscos hasta que un virote* le alcanzó en la espalda. A pesar de la gravedad de sus heridas, el Alférez Marmolejo, en un esfuerzo heroico, consiguió impedir que sus enemigos se hiciesen con la bandera capitana, y sin darles jamás la espalda, se abrió camino hasta las posiciones españolas, en cuyas cercanías cayó exánime.
Razzia: También, razia. Incursión rápida en terreno enemigo. Virote: Especie de saeta empleada en la ballesta.
Imagen: Alférez de los Tercios españoles.