"EL GENERAL ROS DE OLANO" (24 de Julio de 1886)

Por In memoriam - 24 de Julio, 2007, 0:01, Categoría: General

En agosto de 1859, rifeños pertenecientes a la cábila de Anyera atacaron a un grupo de soldados españoles que efectuaban obras de fortificación en las cercanías de Ceuta. El Gobierno de Madrid exigió explicaciones al Sultán y, al no obtenerlas, el Congreso de los Diputados autorizó la declaración de guerra. Al frente del ejército marchó el General don Leopoldo O"Donnell, y tras meses de cruenta lucha jalonados de victorias, nuestras tropas forzaron la rendición de los insurgentes marroquíes, firmando el Sultán Muley Abas la llamada Paz de Tetuán el día 26 de abril de 1860. Aunque corta en su duración, aquella fue una guerra de terribles combates en los que miles de jóvenes españoles regaron con su sangre los áridos campos bereberes. Las noticias que llegaban de África despertaron en nuestra nación un enorme espíritu patriótico, acudiendo en auténtica avalancha los voluntarios para alistarse en los puntos de reclutamiento. Pues bien, uno de los jefes militares que más sobresalieron por su valor y conocimientos técnicos durante aquella campaña fue el Teniente General don Antonio Ros de Olano y Perpiñá. Nacido en Caracas  -donde su padre ejercía el cargo de Gobernador-  el día 9 de noviembre de 1808, desde pequeño fue educado para la carrera de las armas. Proclamada la independencia de aquellos territorios, la familia regresó a España, falleciendo a poco de llegar ambos progenitores. El joven realizó sus estudios en la Ciudad Condal demostrando una gran predisposición a la escritura literaria, afición que cultivaría toda su vida. Cumplidos los 17 años viaja a Madrid y solicita del Rey la concesión de una plaza como integrante de su guardia, gracia que obtiene con el empleo de Alférez. A la muerte del Monarca estalla la primera guerra carlista y Ros de Olano se alinea en las filas liberales. Pronto demostrará su valía y conocimientos en el arte de la guerra y el General Espoz y Mina, que aprecia las cualidades del joven Oficial, le nombra su Ayudante. En cuantas acciones interviene deja sobradas pruebas de valor, siendo ascendido por méritos en el combate al empleo de Teniente Coronel. Cuando accede a la Presidencia del Gobierno el Mariscal don Ramón María Narváez, Ros de Olano, que gozaba de la confianza del granadino pues había sido su edecán cuando éste ostentaba el grado de Brigadier, es ascendido a Coronel y nombrado Comandante Militar de Murcia, ciudad que había conseguido sumar al levantamiento contra el Príncipe de Vergara. Animado por Narváez, se apresta al juego político y presenta su candidatura a Cortes, resultando elegido por la provincia de Murcia. Es tal su capacidad de trabajo que logra simultanear esta nueva actividad con su profesión militar, en la que alcanzará los entorchados de Brigadier en 1847. Fue diputado y senador en varias legislaturas sin menoscabo de sus obligaciones como Director General de Artillería, Carabineros e Infantería. Si como militar alcanzó las más altas cotas al ser designado Capitán General de Madrid y Burgos, en su faceta política destaca su nombramiento al frente de los ministerios de Instrucción, Comercio y Obras Públicas. Rumores malintencionados hicieron llegar a Narváez la noticia de que Ros de Olano participaba en una conspiración contra él por lo que, para alejarlo de la Corte, lo asciende y le nombra Capitán General de Ceuta. Será en este periodo cuando estalle la llamada Guerra de África, conocida también como Primera Guerra de Marruecos, en la que Ros de Olano intervendrá al mando del III Cuerpo de Ejército. En esta campaña vuelve a destacar como jefe decidido y enérgico, cooperando sus tropas brillantemente a las victorias que permitirán la conquista de la ciudad de Tetuán y la derrota total de las huestes del Sultán marroquí. Por su extraordinario comportamiento, la Reina Isabel II le concedió el nombramiento de Marqués de Uad-el Jelú, lugar donde obtuvo una de sus más resonantes victorias en territorio africano, y le honró con su confianza al designarle jefe de la seguridad durante su estancia en el Palacio de La Granja. En 1868 se produce una nueva revolución política en la que nuestro personaje caerá en desgracia, siendo alejado de Madrid por su oposición al nombramiento como Presidente del Consejo de Ministros del moderado don Luis González Bravo. Perdida la certidumbre en el quehacer de la Reina, Ros de Olano se suma al pronunciamiento del Almirante Topete y los Generales Prim y Serrano, siendo nombrado Capitán General de Madrid y Presidente del Consejo Supremo de Guerra. Vencidas las tropas isabelinas y exilada la Reina, Ros de Olano colaboró desde las filas del Partido Progresista, presidido por don Práxedes Mateo Sagasta y Escolar, primero con el intento monárquico del italiano Amadeo de Saboya, y, después, con la restauración de los borbones. Ocupaba la Presidencia del Consejo Supremo de Guerra y había sido nombrado Senador Vitalicio del Reino cuando sufrió un notable deterioro en su salud. Las graves enfermedades que había padecido durante tan ajetreada vida así como sus heridas de guerra comenzaron a pasarle factura. En julio de 1886 se le detectó un tumor cerebral, mermándose muy rápidamente sus facultades al extremo de serle administrada la extremaunción. No lograría recuperarse, falleciendo en Madrid tal día como hoy de dicho año.
Aceptable novelista y buen poeta, político comprometido y, sobre todo, extraordinario soldado, el catalán Ros de Olano duerme hoy en los viejos libros de historia injustamente olvidado. Su intachable carrera profesional le hace destacar como uno de los militares más brillantes de nuestro siglo XIX. Una muestra más de su carácter emprendedor y polifacético fue la personal adaptación que realizó del clásico morrión creando un chacó más pequeño y de altura desigual. Fue prenda de cabeza reglamentaria en el ejército durante muchos años y hoy día se conserva en el uniforme de época que viste la Guardia Real. En honor de su creador, este gorro fue bautizado con su apellido.


Imagen: El General Ros de Olano y Perpiñá.

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