La audacia y valentía de Cordero, unidas a su perfecto conocimiento del terreno, habían convertido la provincia de León y sus alrededores en coto vedado para los invasores franceses. Nacido el año 1793 en Santiagomillas, población cercana a Astorga, Santiago Alonso Cordero ejerció de arriero, duro oficio del transportista que trajina con bestias de carga. Hombre osado y decidido, contaba con gran predicamento entre sus paisanos, por lo que no le resultó difícil reunir en torno suyo un grupo de guerrilleros con los que hostigar a las fuerzas napoleónicas. Si bien se trataba de una partida reducida, Cordero buscaba ocasiones favorables, no dudando en atacar a fuerzas muy superiores cuando la situación se presentaba propicia. En Villar de Frades, un día como hoy del año 1811, los hombres de Cordero sorprendieron a una unidad francesa de abastecimiento que se dirigía hacía la ciudad de Tordesillas. Aunque pudieron contar más de cien fusiles y fuerzas de caballería en el bando enemigo, a todas luces más y mejor pertrechado que ellos, los guerrilleros tendieron una sutil celada a los desprevenidos gabachos cayendo por sorpresa sobre la columna causándoles numerosas bajas, poniendo en fuga al resto y apoderándose de una considerable cantidad de bagajes y armamento. Finalizada la contienda, Cordero regresó a su pueblo donde continuó con su negocio de arriería. Sin embargo, su vivida experiencia al mando de hombres y sus profundas convicciones liberales le empujaron al mundo de la política. En 1820, con el restablecimiento de las libertades constitucionales durante el llamado trienio liberal, Alonso Cordero desempeñó el cargo de jefe de las milicias ciudadanas, un cuerpo armado dependiente del poder legislativo del Estado y de las instituciones locales, encargado del mantenimiento del orden público y de velar por el cumplimiento de los logros revolucionarios. A la muerte de Fernando VII, su oposición al nombramiento como Regente de la Reina viuda, María Cristina de Borbón Dos Sicilias, le llevó a unirse a las filas del Partido Progresista, siendo electo Diputado a Cortes por la circunscripción de León. Una vez en la capital, Cordero se convirtió en un personaje sumamente popular. Por una parte, tenía la costumbre de usar habitualmente el típico atuendo maragato*, lo que llamaba la atención de sus conciudadanos cuando se lo cruzaban luciendo aspecto tan pintoresco; y, por otro, por ser poseedor de una de las mayores haciendas del Madrid del diecinueve. Sus negocios como transportista le habían permitido amasar un importante capital, y aunque por los mentideros de la Villa y Corte corrió la noticia de que aquella riqueza la consiguió al acertar el premio mayor en el sorteo de la lotería de navidad, hecho desmentido por las autoridades, la verdad, siempre más prosaica, es que Cordero multiplicó su fortuna –nihil novum sub sole- gracias a la especulación urbanística. Durante el gobierno del General Narváez, Cordero se vio implicado en una rocambolesca conspiración, y la calificamos de esta manera porque estuvo organizada por las propias autoridades para así descubrir a los componentes de las juntas opositoras. Tras ser descubiertos, Cordero hubo de abandonar Madrid apresuradamente y, pocas fechas más tarde, se le condenó a muerte en el consejo de guerra al que se sometió a los confabulados. La amnistía de 1847 posibilitó su regreso a España. Reintegrado a sus labores políticas, sería nombrado Vicepresidente de la Diputación de Madrid. Falleció desempeñando este cargo tras contagiarse de peste bubónica durante la epidemia que asoló la capital de España en 1865.
Maragato: Perteneciente o relativo a esta comarca de León, al oeste y sur de Astorga.
Imagen: Nuestro personaje.