Tal día como hoy, del año 1101, es reconquistada la plaza fuerte de Bolea, llamada por los infieles Buluya, bastión norteño del rey almorávide de la taifa de Zaragoza. La villa, de antiquísimo origen, probablemente íbero, alcanzó su máximo esplendor durante la dominación romana de nuestra península cuando era camino de paso de las principales vías que unían Roma con Hispania a través de las Galias. Distante de la ciudad de Huesca tres leguas y media, unos veinte kilómetros, su estratégica situación sobre un promontorio a la falda de las sierras de Caballera y Gratal y la sólida reciedumbre de los muros de su alcázar habían cimentado su fama de inexpugnable. Perla codiciada por la corona aragonesa, a sus puertas cayó derrotado en 1057 el primer monarca de aquél reino, Ramiro I, pues no en vano el rey de Zaragoza, Ahmad al-Muqtadir, encomendó su defensa a tropas escogidas de su ejército. En 1094, mientras estudiaba el terreno con vistas al asalto definitivo del sitiado castillo de Montearagón, un arquero musulmán, oculto tras de una almena del paño principal, acertó a alcanzar al monarca cristiano Sancho Ramírez, el cual fallecería a resultas de la herida que le produjo la fatídica saeta. De los tres hijos que hubo con Isabel de Urgel, hija del Conde Armengol, fue proclamado heredero del trono su primogénito, el Infante Pedro Sánchez, quién reinaría con el título de Pedro I de Aragón y Navarra. Continuador de la política expansionista emprendida por su padre y su abuelo, en noviembre de 1096 las tropas aragonesas se enfrentaron al ejército de Al-Musta"in II en la batalla de Alcoraz, causándole una derrota tan severa que el rey moro abandonó Huesca y huyó a uña de caballo a refugiarse tras los muros de Zaragoza. Siete días más tarde, los cristianos, con los pendones de guerra desplegados y avanzando al son de atabales* y chirimías*, entraban triunfalmente en la ciudad, la cual habría de convertirse en capital del reino aragonés y base de partida para posteriores expediciones militares. En septiembre de 1101, una importante columna de guerreros cristianos, encabezada por el propio monarca, se dirigió hacia la fortaleza de Bolea. Allí se le unirán las tropas de los tenentes* de los señoríos de Marcuello, Aniés, Ayerbe y Loarre. Cuando Al-Musta"in tuvo noticias del ataque al más importante reducto de su taifa allá en los territorios de La Sotonera, armó un formidable contingente que acudió raudo en auxilio de los sitiados. El choque entre ambos ejércitos fue terrible. El ardor y fiera acometividad empleados por ambos contendientes hicieron que el resultado de la batalla se mantuviera indeciso durante muchas horas. Poco a poco, los guerreros de Pedro I fueron imponiéndose y los musulmanes emprendieron la retirada, viéndose la guarnición de Bolea forzada a entregar la plaza. Por su extraordinario comportamiento durante aquel combate, el rey Pedro I encomendó la villa al señor de Loarre, don Fortuño López. Pero de nada hubiese servido la valentía de las huestes aragonesas de no mediar la intervención de dos hermanos sotoneros, Íñigo y Martín Torres, cristianos aposentados en la villa, es decir, mozárabes, los cuales, al tener noticias de la expedición real no dudaron en arriesgar sus vidas y, después de duras jornadas de campo a través, presentarse en el campamento del Rey Pedro I para informar de los puntos débiles de la fortaleza agarena, datos que se demostrarían valiosísimos para la consecución de la victoria.
Atabal: Timbal semiesférico de un parche. Chirimía: Instrumento músico de viento, hecho de madera, a modo de clarinete. Tenente: Durante la Edad Media, en España se denominaba así al delegado del Rey en una villa o región.
Imagen: Castillo de Loarre, donde estuvo situado el real antes de la batalla.