El Regimiento de Cazadores de Montaña de Barcelona, unidad dependiente de la Jefatura de Tropas de Montaña, la cual a su vez se integra, dentro de la actual estructura de nuestro Ejército, en el Mando de las Fuerzas Ligeras, tiene su origen en el Regimiento de Voluntarios de Infantería "Barcelona nº 43", creado a mediados de 1798, y cuyo primer jefe fue el Comandante don Antonio de Miralles. Tras diversas vicisitudes y adaptaciones a lo largo del tiempo, aunque siempre con la misma designación, en 1929 cambió este título por el de Batallón de Montaña "Barcelona", 1º de Cazadores. Esta denominación de cazadores no es sino la traducción literal de la voz germana jäger, apelativo por el que se conocían en el ejército prusiano unas tropas entrenadas para el combate muy a vanguardia del grueso y cuya misión principal era el hostigamiento de las fuerzas enemigas en todo tipo de orografías, estando especializadas en la lucha en territorio abrupto y escarpado ya que su libertad de movimientos y adaptación al terreno las hacía idóneas frente a las rígidas formaciones de la infantería de la época. Como resultado de la reorganización militar del ejército español llevada a cabo durante el reinado de Carlos III, en 1722 se establecen dentro de las disposiciones reguladoras del arma de infantería las formaciones de unas fuerzas ligeras que se conocerían como "Voluntarios de Aragón y Cataluña", creándose sendos regimientos en cada una de estas regiones. Aunque estas unidades eran de nueva creación hay que denotar que, con anterioridad a su puesta en marcha, ya había existido en el ejército español durante nuestra Guerra de Sucesión una unidad de fusileros de montaña mucho más parecida en sus cometidos tácticos a los mencionados jägers prusianos que los nuevos regimientos de voluntarios, pero aquella unidad fue disuelta una vez finalizadas las circunstancias que hicieron conveniente su formación. También es preciso recordar que hubo fuerzas parecidas dentro del cuerpo de los migueletes catalanes.
Nos encontramos en territorios del Protectorado español en Marruecos. El día 29 de septiembre de 1924, apenas asomadas al horizonte las primeras luces del amanecer, los soldados del Batallón de Cazadores "Barcelona" nº 1 finalizaban los preparativos de marcha. Repartidas las municiones y etapas*, cada uno fue ocupando su puesto en la formación donde eran revistados por sus mandos quienes aprovechaban estos momentos previos a la partida para darles las últimas instrucciones y consignas. A las ocho treinta de la mañana se dio la orden de salida y en pocos minutos la columna dejó atrás las instalaciones del campamento de Rokba-el-Gozal. La misión asignada a la unidad consistía en montar la vigilancia de la carretera de Xaouen en dirección a Zoco el Arbáa de Sidi Bu-quer. Se habían recorrido algunos kilómetros cuando fuerzas enemigas, emboscadas en los taludes de un arroyo cuyo lecho transcurría paralelo a la ruta de avance, abrieron fuego sobre las descubiertas tropas españolas. La reacción fue inmediata y nuestros fusileros respondieron al ataque mientras aprovechaban los escasos refugios que les proporcionaba el terreno. Al frente de la 3ª sección de la 2ª compañía se encontraba el Brigada Bravo Moraño, el cual, al recibir la orden de desplegar junto a la cuneta de la carretera, se ofreció para realizar un contraataque y desalojar a los moros parapetados en el cauce. La misión era casi suicida pues es allí donde se concentraba la mayor parte de los rebeldes rifeños, pero la valentía del Suboficial y su temerario arrojo son un poderoso acicate que impele a sus hombres a seguirle y, tras violento choque en el que hubo de lucharse al arma blanca, los cazadores lograron desalojar al enemigo de sus posiciones y forzarle a emprender la retirada dejando sobre el terreno varios muertos. Durante el enérgico combate, Bravo Moraño resultó con una herida en el cuello que le produjo una grave hemorragia, pero sin permitir su evacuación, permaneció al frente de la sección protegiendo la retirada de sus compañeros. Apenas atendido con un vendaje improvisado, recibió la orden de ocupar unos promontorios conocidos como lomas de Asak donde el batallón había establecido posiciones defensivas. De nuevo han de recurrir los hombres de Bravo Moraño a las bayonetas para abrirse paso entre la morisma, consiguiendo alcanzar las lomas al precio de regar con sangre la reseca tierra. Sobre el terreno han quedado algunos heridos a los que es preciso socorrer y es otra vez el Brigada Bravo quién abandona la seguridad de los parapetos para retirarlos. En tan denodada acción resultó nuevamente alcanzado; sin embargo, pese a la gravedad de esta segunda herida, inasequible al cansancio, continúa alentando a sus hombres mientras estos inician el repliegue, siendo él el último en retirarse agotada su dotación de municiones. Nos da idea de la intensidad del combate que de los 49 hombres a su mando, 14 encontraron gloriosa muerte y 12 resultaron heridos de consideración.
Por tan singular proeza y en premio a su valor heroico, un día como hoy, del año 1929, por Real Orden se concedía al Suboficial don Martín Bravo Moraño la Cruz Laureada de San Fernando, recompensa que la Patria otorga a sus más beneméritos hijos. Recuperado de las heridas tras larga convalecencia, Bravo Moraño se reincorporó a su unidad. Culminaría su carrera militar ciñiéndose la faja roja del generalato.
Etapa: Ración de menestra u otras cosas que se da a la tropa en campaña o marcha.
Imagen: Atención a un herido en la Guerra de Marruecos.