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<title>EFEM&#201;RIDES ESPA&#209;OLAS</title>
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<description>Hechos memorables y personajes heroicos de la historia de Espa&#241;a</description>
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 <title>"LA CRUZ DE SAN ANDR&#201;S" (28 de Febrero de 1707)</title>
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 <![CDATA[
<p align="justify"><i><font size="2" face="trebuchet ms" color="#0000aa">A orillas del mar de Tiber&#237;ades, al que los hebreos llamaban de Genesaret, y pr&#243;xima a la desembocadura del r&#237;o Jord&#225;n, se levantaba la ciudad de Betseda, en un pasado populosa urbe del reino de los arameos que a principios de nuestra era hab&#237;a devenido en peque&#241;a aldea de pescadores y campesinos. En ella naci&#243; Andr&#233;s, hijo de Jon&#225;s, y como su padre y sus hermanos, en las dulces aguas del extenso lago se desenvolv&#237;a su vida en el duro faenar por el sustento diario. Trasladada la familia al cercano poblado de Cafarna&#250;m, Andr&#233;s se caracteriz&#243; desde muy joven por ser una persona introvertida y de intensa vida espiritual. Cuando un d&#237;a oy&#243; las predicas de Juan, el hijo de Zacar&#237;as, hablando a las gentes del advenimiento del Mes&#237;as, Andr&#233;s se sinti&#243; profundamente conmovido y se hizo disc&#237;pulo suyo. Y junto a Juan estaba cuando el Bautista, con la mirada fija sobre un joven que avanzaba entre la muchedumbre, levant&#243; la voz y dijo: "Este el cordero de Dios". Andr&#233;s supo comprender las palabras del profeta y se decidi&#243; a seguir al que desde ese momento llam&#243; su Maestro. Es por esto que a Andr&#233;s se le conoce como </font></i><font size="2" face="trebuchet ms" color="#0000aa">Protokletos<i>, expresi&#243;n que en griego significa &#171;el primero en ser llamado&#187;. Pronto habr&#237;an de seguirle Juan y Santiago, los hijos del Zebedeo, compa&#241;eros de redadas en la barca de Sim&#243;n, el hermano de Andr&#233;s, la piedra sobre la que el Salvador edificar&#237;a su iglesia. De Andr&#233;s se cuenta que a la muerte de Jes&#250;s predic&#243; la palabra de Dios en la Escitia, reino vecino al de los partos, y en Bizancio, y en la Tracia, el Epiro y la Macedonia, en Grecia, siendo en esta tierra donde padecer&#237;a cruel martirio. En Patras de Acaya, populoso puerto de las costas del J&#243;nico, fue detenido y encarcelado por orden del proc&#243;nsul romano Aegeates, siendo condenado, tras padecer terribles tormentos, a la ignominiosa muerte en la cruz, haciendo a&#250;n m&#225;s largos y penosos sus sufrimientos el hecho de que se emplease una </i>crux decussata<i>, una cruz en forma de aspa en la que no se clavaba al condenado sino que sus miembros eran fijados a los maderos con fuertes ligaduras, lo cual prolongaba la agon&#237;a del reo durante varias jornadas. El ap&#243;stol Andr&#233;s es considerado el santo patr&#243;n de Rusia pues, aunque sin datos fidedignos que lo avalen, la iglesia cristiana lo tiene por el primer misionero en tierras de la actual Ucrania. Tambi&#233;n es patrono de Ruman&#237;a, Escocia y otras muchas ciudades y pueblos de todo el mundo. Adentrada la edad media, en la Europa occidental, la casa de Borgo&#241;a se puso bajo su advocaci&#243;n ya que el ap&#243;stol galileo hab&#237;a sido el evangelizador de las lejanas tribus escitas de donde proced&#237;an los godos burgundos, antepasados de esta casa ducal francesa. Y en Espa&#241;a, tal d&#237;a como hoy del a&#241;o 1707, un Real Decreto<img align="right" src="http://img.godlike.cl/images/coronela.jpg" alt="" />de Su Majestad Felipe V ordena que, en adelante, en las banderas coronelas de los ej&#233;rcitos figure la cruz de Borgo&#241;a, o de San Andr&#233;s, s&#237;mbolo estrechamente relacionado con las unidades militares espa&#241;olas desde tiempos de los Reyes Cat&#243;licos. Siendo el arma a&#233;rea de muy posterior creaci&#243;n, habr&#237;a que esperar hasta el inicio de la guerra civil de 1936 para que esta ordenanza se extendiese a la aviaci&#243;n, aunque los motivos en este caso tuvieran su origen en un suceso luctuoso: el 7 de agosto de 1936, dos aeroplanos Breguet del modelo BR-XIX, afectos al bando nacional, cuando sobrevolaban la provincia de Granada fueron atacados por un caza propio que les confundi&#243; con aviones enemigos. En adelante, la cruz de Borgo&#241;a dibujada sobre los planos o el fuselaje les diferenciar&#237;a de la aviaci&#243;n gubernamental. Uno de los Breguet estaba pilotado por el oficial P&#233;rez Cruz y el auxiliar Garc&#237;a L&#243;pez, y el segundo aparato, que result&#243; derribado, por el oficial Lassala Li&#241;&#225;n y el auxiliar Ros Alberti.</i></font><i><br /><br /><font size="1" face="trebuchet ms"><b>Imagen:</b> Bandera coronela con la cruz de San Andr&#233;s o borgo&#241;ona. Se trata de la ense&#241;a del 5&#170; Regimiento de Voluntarios de Murcia, de guarnici&#243;n en Zaragoza durante nuestra guerra de la Independencia.</font></i></p>
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 <dc:date>2008-02-28T06:42:00+01:00</dc:date>
 <dc:creator>In memoriam</dc:creator>
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 <title>"EL COMBATE DE TOL&#211;N" (22 de Febrero de 1744)</title>
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 <![CDATA[
<p align="justify"><i><font face="trebuchet ms" color="#0000aa" size="2">En marzo de 1738, don Juan Le&#243;n Fandi&#241;o, comandante de uno de los guardacostas que velaban por los intereses espa&#241;oles en las procelosas aguas de nuestros territorios del golfo de M&#233;jico, atac&#243; cerca de la pen&#237;nsula de La Florida al &#171;Rebbeca&#187;, un nav&#237;o de bandera inglesa que se dedicaba al corso y el contrabando. Apresado el barco brit&#225;nico y prisionera su tripulaci&#243;n, se cuenta que Fandi&#241;o cort&#243; una oreja al capit&#225;n ingl&#233;s reconvini&#233;ndole al tiempo que le advert&#237;a </font></i><font face="trebuchet ms" color="#0000aa" size="2">"Ve y dile a tu rey que lo mismo le har&#233; si a lo mismo se atreve"<i>. De regreso a Londres, la comparecencia del desorejado contrabandista en la C&#225;mara de los Comunes exhibiendo compungido el tasajo se convirti&#243; en </i>casus belli*<i>, la excusa que necesitaba Inglaterra para declarar oficialmente la guerra a Espa&#241;a, naci&#243;n a la que profesaba una solapada hostilidad por motivos comerciales. Este largo enfrentamiento armado, que a la muerte del emperador alem&#225;n Carlos VI se prolongar&#237;a en la guerra de sucesi&#243;n austriaca, es conocido en los libros de historia como "la guerra de la oreja de Jenkins" en recuerdo del propietario del despojo, el capit&#225;n del &#171;Rebbeca&#187;, Robert Jenkins. A lo largo de este conflicto fueron numerosos los militares espa&#241;oles que descollaron por su valent&#237;a y patriotismo, mereciendo un lugar de honor entre ellos el afamado marino y matem&#225;tico don Juan Jos&#233; Navarro y B&#250;falo, extraordinario personaje que con el tiempo habr&#237;a de alcanzar el cargo de Director General de la Armada. Hijo de un capit&#225;n de los Tercios, Navarro sent&#243; plaza como soldado a la temprana edad de ocho a&#241;os, y en 1701, cuando estalla la guerra de sucesi&#243;n espa&#241;ola al morir sin descendencia el desdichado monarca Carlos II, Navarro ya es alf&#233;rez de compa&#241;&#237;a. En estos a&#241;os toma parte en m&#225;s de veinte acciones de combate en suelo patrio y en las campa&#241;as de Italia y el Oranesado, alcanzando por m&#233;ritos en combate las divisas de teniente coronel. Al comenzar la guerra con la Gran Breta&#241;a tras el "incidente Jenkins", Navarro est&#225; al mando de la escuadra de C&#225;diz con la misi&#243;n de mantener a salvaguarda todo nuestro litoral atl&#225;ntico. En los primeros d&#237;as del a&#241;o 1742, a la escuadra de Navarro se le ordena un transporte de tropas desde el puerto de Barcelona hasta la ciudad de G&#233;nova. A su regreso tras cumplir la misi&#243;n encomendada, los espa&#241;oles se re&#250;nen en las islas Hy&#232;res con la flota aliada del almirante Court de la Bruy&#232;re y juntos deciden dirigirse al cercano puerto de Tol&#243;n, donde amarran el d&#237;a 24 de enero. No pod&#237;a imaginar Navarro en esos momentos que su estancia en puerto se prolongar&#237;a durante dieciocho meses al serles bloqueada la salida por la flota del vicealmirante ingl&#233;s Nicholas Haddock, bloqueo al que m&#225;s tarde se sumar&#237;an las fuerzas del almirante Thomas Mathews qui&#233;n, con sus barcos, ven&#237;a dedic&#225;ndose en aquellas aguas a hostilizar los puertos espa&#241;oles del Mediterr&#225;neo. Por fin, la ma&#241;ana del 19 de febrero la escuadra espa&#241;ola abandon&#243; puerto a la par que la francesa, cuyo jefe, por cierto, hab&#237;a recibido &#243;rdenes desde Par&#237;s de no atacar a los ingleses salvo si proced&#237;a la leg&#237;tima defensa. Esta flota franco-espa&#241;ola estaba integrada por 28 barcos, 12 de los cuales ondeaban pabell&#243;n espa&#241;ol, aunque hay que dejar claro que de estos tan solo 6 eran de guerra, siendo los otros 6 mercantes de la flota de Indias artillados para la ocasi&#243;n. Enfrente, Mathews dispon&#237;a de 32 nav&#237;os, superando a sus contrarios tanto en n&#250;mero de barcos como en la potencia de sus ca&#241;ones.<br /><img alt="" src="http://img.godlike.cl/images/imagenqdj.jpg" align="left" /> Tal d&#237;a como hoy, del a&#241;o 1744, ambas flotas se encontraron a la altura del cabo Sici&#232;, frente a las costas de la Provenza. Apenas rebasado el mediod&#237;a, Mathews quiso aprovechar que la escuadra francesa se hab&#237;a alejado en demas&#237;a para lanzar su vanguardia contra la l&#237;nea espa&#241;ola convencido de una r&#225;pida victoria dada la diferencia de fuerzas. No obstante, los espa&#241;oles supieron suplir con valor y pericia marinera su desventaja e hicieron infructuosa la maniobra de los ingleses, destacando, incluso a juicio de sus propios oponentes, el valor demostrado por la mariner&#237;a del &#171;Real Felipe&#187;, nuestro buque insignia. Enfrentado a cinco barcos enemigos, Navarro supo dirigir con tal destreza a sus hombres que desarbol&#243; a cuantos osaron ponerse a tiro de sus ca&#241;ones. No le fueron a la zaga los tripulantes del &#171;Neptuno&#187;, &#171;Constante&#187;,&#171;Poder&#187; o &#171;H&#233;rcules&#187;, bati&#233;ndose todos con tama&#241;a entereza y valor que sus enemigos afirmaron </i>"sentirse en el mism&#237;simo infierno el tiempo que dur&#243; el combate". <i>Los actos de hero&#237;smo se multiplicaron en la desigual batalla, siendo digno de recordarse el protagonizado por el teniente de nav&#237;o don Pedro S&#225;enz Sagard&#237;a quien a bordo de una peque&#241;a embarcaci&#243;n auxiliar intent&#243; con extremo riesgo de perder la vida desviar el rumbo de un barco cargado de explosivos que los ingleses pretend&#237;an estrellar contra el &#171;Real Felipe&#187;. A&#250;n con casi todas sus naves averiadas por la violencia del enfrentamiento, los espa&#241;oles supieron rechazar en todo momento los ataques ingleses durante las muchas horas que dur&#243; el combate, quedando este resuelto avanzada la tarde cuando el almirante Mathews orden&#243; la retirada enterado del regreso de los nav&#237;os franceses. Desvencijada pero orgullosa, la escuadra espa&#241;ola emprendi&#243; el regreso a puerto alcanzando Barcelona el d&#237;a 25 y Cartagena el 9 de marzo. Don Juan Jos&#233; Navarro fue ascendido a teniente general de la Armada y, consider&#225;ndose sus m&#233;ritos al haber rechazado el ataque de fuerzas enemigas muy superiores, a las que adem&#225;s caus&#243; enormes p&#233;rdidas, Su Majestad el Rey Felipe V de Espa&#241;a le concedi&#243; en homenaje el t&#237;tulo de Marqu&#233;s de la Victoria.</i></font><i><br /><br /><font face="trebuchet ms" size="1"><b>Casus belli:</b> Expresi&#243;n latina traducible al espa&#241;ol como "motivo de guerra".<br /><b>Imagen: </b>Combate entre nav&#237;os ingleses y espa&#241;oles.</font></i></p>
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 <dc:date>2008-02-22T06:04:00+01:00</dc:date>
 <dc:creator>In memoriam</dc:creator>
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 <title>"EL HUNDIMIENTO DEL MAINE" (15 de Febrero de 1898)</title>
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 <![CDATA[
<img height="105" align="left" alt="" weith="112" src="http://img.godlike.cl/images/maine.jpg" />
<p align="justify"><i><font size="2" face="trebuchet ms" color="#0000aa">El presidente de los
Estados Unidos de Norteam&#233;rica, el republicano William Mc Kinley, hizo saber en
tono desafiante a nuestras autoridades que su pa&#237;s tomar&#237;a parte en aquel conflicto si ve&#237;a que los gobernantes
no pod&#237;an dominar el movimiento insurrecto que hab&#237;a estallado en la isla de Cuba.
Parad&#243;jica premisa la impuesta por qui&#233;n era, al mismo tiempo que se postulaba
como defensor de la paz en la zona, p&#250;blico instigador de los concili&#225;bulos
separatistas de la insurgencia isle&#241;a. En Espa&#241;a, don Pr&#225;xedes Mateo Sagasta y
Escolar, presidente del consejo de ministros desde octubre del 97, en aras de
evitar un enfrentamiento b&#233;lico que con toda la raz&#243;n preve&#237;a in&#250;til, dot&#243; a
Cuba de un extraordinario r&#233;gimen auton&#243;mico, dejando en manos de los pol&#237;ticos
locales los privilegios propios de un territorio soberano y reserv&#225;ndose para
la metr&#243;poli, como &#250;nicas prerrogativas, la direcci&#243;n del ej&#233;rcito y las
relaciones exteriores. Adem&#225;s, en una demostraci&#243;n de buena voluntad, sustituy&#243;
en el mando de aquella capitan&#237;a militar al en&#233;rgico general Weyler por el m&#225;s
moderado y dialogante marqu&#233;s de Pe&#241;a Plata, el tambi&#233;n general don Ram&#243;n
Blanco Erenas. Sin embargo, estas medidas no colmaron las pretensiones de los
separatistas caribe&#241;os. Carente de aristocracia aut&#243;ctona, fueron los poderosos
terratenientes cubanos, una selecta elite local con important&#237;simos intereses
comerciales en los Estados Unidos, quienes estimularon y costearon la
continuidad de los movimientos independentistas, utilizando, en no pocos casos,
las fluidas v&#237;as de comunicaci&#243;n existentes entre los talleres cubanos y las
logias americanas; sin ir m&#225;s lejos, los cabecillas separatistas Antonio Maceo
y Grajales y el dominicano M&#225;ximo G&#243;mez eran masones, y Antonio Jos&#233; Mart&#237;, el
calificado por sus pros&#233;litos como ap&#243;stol de la independencia, iniciado
durante su estancia en Espa&#241;a, ostentaba el grado 18 de la masoner&#237;a
filos&#243;fica; adem&#225;s, en no pocas logias de la costa este de los Estados Unidos
era habitual encontrar hermanos cubanos. Dada la inestabilidad de la situaci&#243;n,
hac&#237;a dos a&#241;os que la armada estadounidense manten&#237;a suspendidas sus visitas a
Cuba, por lo que result&#243; sorprendente que sin haberse solicitado el pl&#225;cet protocolario
se anunciara la llegada del acorazado &#171;Maine&#187; al puerto de La Habana en una visita de
cortes&#237;a. Sin menoscabo de su extra&#241;eza, Espa&#241;a, actuando con la reciprocidad
tradicional en estos casos, correspondi&#243; enviando a Nueva York en devoluci&#243;n de
visita al crucero &#171;Vizcaya&#187;. La ma&#241;ana del 25 de enero de 1898, el nav&#237;o yanqui*
se adentr&#243; en la bah&#237;a que albergaba la d&#225;rsena de La Habana y amarr&#243; junt&#243; a la
fragata alemana &#171;Gneisenau&#187; y el vapor espa&#241;ol &#171;Santo Domingo&#187;. La situaci&#243;n
era tensa en extremo, y aunque por las dos partes se mantuvieron educadamente
las formas, a muchos no escap&#243; que la tripulaci&#243;n americana adoptaba posiciones
de zafarrancho de combate. Las jornadas siguientes transcurrieron en aparente
normalidad, participando el comandante del acorazado &#171;Maine&#187;, el se&#241;or Charles
Sigsbee, en numerosas reuniones y llevando a cabo frecuentes visitas a personas
e instituciones de la ciudad. La &#250;ltima recepci&#243;n celebrada a bordo del buque
americano tuvo lugar la noche del 13 de febrero, asistiendo a la misma algunos
personajes muy caracterizados por sus simpat&#237;as para con los represaliados
cubanos. Durante los d&#237;as que permaneci&#243; fondeado, a bordo del acorazado siempre
se mantuvo el estado de alerta, lleg&#225;ndose a virar de proa para proporcionar a
los artilleros una f&#225;cil punter&#237;a sobre los acuartelamientos costeros en caso
de ataque. As&#237; las cosas, la noche de un d&#237;a como hoy, del a&#241;o 1898, sobre las
nueve cuarenta, un horr&#237;sono estampido rompi&#243; el pl&#225;cido silencio de la noche.
Con escaso intervalo, una serie de detonaciones de menor intensidad acabaron
con el estupor creado por la explosi&#243;n inicial y en tierra todos corrieron
hacia el puerto para averiguar que estaba pasando. Las reacciones de ayuda
fueron pr&#225;cticamente instant&#225;neas y cuando los asustados transe&#250;ntes pudieron
contemplar desde el puerto la dantesca escena del nav&#237;o a punto de sumirse en
las profundidades envuelto en una nube de fuego y humo, unas decenas de
chalupas y botes de salvamento ya se le acercaban dispuestos a socorrer a sus
tripulantes, destacando la energ&#237;a y entrega desplegadas por los marineros de la
fragata &#171;Gneisenau&#187;, el mercante americano &#171;City of Washington&#187; y el buque
insignia de nuestra flota en Cuba, el vapor acorazado &#171;Alfonso XII&#187;. Si bien el
hundimiento de la proa fue pr&#225;cticamente instant&#225;neo, el agua a&#250;n tard&#243; unas
horas en inundar por completo los pa&#241;oles, haciendo cundir el p&#225;nico en la
capital cubana la posibilidad de que las llamas alcanzasen la santab&#225;rbara y se
produjera una explosi&#243;n que todos adivinaban de tremendas dimensiones. Esto,
finalmente, no lleg&#243; a suceder y las labores de rescate y atenci&#243;n a los heridos
pudieron culminarse sin m&#225;s incidentes. Cuando se dieron a conocer las listas
de bajas, 258 marineros y 2 oficiales, ya los americanos daban por segura una
voladura provocada, y por m&#225;s que los t&#233;cnicos espa&#241;oles demostraron que
ninguna culpa se les pod&#237;a atribuir de lo sucedido, los jingos* hallaron en
ello un pretexto para reconocer la independencia de la isla y declarar la
guerra a Espa&#241;a. Este proceder prepotente de los Estados Unidos excit&#243; una ola
de patriotismo en nuestra naci&#243;n y, a&#250;n conscientes de su manifiesta
inferioridad, al ej&#233;rcito se le dio la orden de aprestarse para la guerra. El
desenlace es sabido. Siguiendo los planes previamente trazados al margen de la Casa Blanca por el
subsecretario de defensa, el ambicioso pol&#237;tico y furibundo antiespa&#241;ol Teodoro
Roosevelt, una escuadra americana atac&#243; las Filipinas y destruy&#243; la flota del
Almirante Montojo en Cavite, uni&#233;ndose m&#225;s tarde a las fuerzas del katipunan*
lideradas por el insurrecto Aguinaldo. Mientras, en Cabo Verde, el almirante
Cervera recib&#237;a la orden de forzar con la escuadra del Atl&#225;ntico el bloqueo de
Santiago de Cuba. Tras el desembarco de 15000 infantes americanos, el general
Blanco Erenas, temeroso de unir a la p&#233;rdida de la ciudad la de la escuadra,
orden&#243; a Cervera hacerse a la mar. All&#237; ser&#237;a desecha por la flota yanqui y
apresada la mayor&#237;a de sus tripulantes, incluido el propio almirante. Esto
precipit&#243; la capitulaci&#243;n de Santiago, m&#225;s tarde Puerto Rico, y un mes despu&#233;s,
la ciudad de Manila. A petici&#243;n de Espa&#241;a, el 10 de diciembre de 1898 se
firmaba la paz en Par&#237;s. Quedaba de esta manera consumada la p&#233;rdida del
inmenso imperio colonial espa&#241;ol.</font><br /><br /><font size="1" face="trebuchet ms"><b>Yanqui:</b> Natural de Nueva
Inglaterra, en los Estados Unidos de Am&#233;rica del Norte, y por extensi&#243;n,
natural de esa naci&#243;n. <b>Jingo:</b> Partidario de una pol&#237;tica exterior agresiva e
imperialista. <b>Katipun&#225;n:</b>Sociedad secreta que servir&#237;a de base para la creaci&#243;n del
ej&#233;rcito revolucionario filipino.<br /><b>Imagen:</b> El acorazado &#171;Maine&#187;.
</font></i></p>
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 <dc:date>2008-02-15T19:54:00+01:00</dc:date>
 <dc:creator>In memoriam</dc:creator>
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 <title>"INSURRECCI&#211;N AMERICANA" (08 de Febrero de 1814)</title>
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 <![CDATA[
<img height="338" alt="" src="http://img.godlike.cl/images/f14uxv.jpg" align="left" /> 
<p align="justify"><i><font face="trebuchet ms" color="#0000aa" size="2">En septiembre de 1783 se acordaba en Par&#237;s el Tratado de Versalles por el que se reconoc&#237;a la independencia de los Estados Unidos de Norteam&#233;rica y, apenas transcurridas tres d&#233;cadas de la firma de este documento, estall&#243; una virulenta insurrecci&#243;n en las provincias espa&#241;olas del nuevo continente. Si bien entre los motivos que promovieron el levantamiento sedicioso no faltaban ni la razonable aspiraci&#243;n de los pueblos a emanciparse* ni los profundos antagonismos que ven&#237;an enfrentando desde hac&#237;a alg&#250;n tiempo a las autoridades espa&#241;olas con las clases aut&#243;ctonas dominantes, uno se inclina a pensar que hubo dos circunstancias de una determinaci&#243;n vital en aquel proceso separatista: por un lado, la ingente labor civilizadora llevada a cabo por Espa&#241;a, la cual hab&#237;a dado como fruto una elite criolla culta e intelectual llamada a convertirse en alma y espada del futuro movimiento revolucionario; por otra, el triunfo de las ideas libertarias nacidas del enciclopedismo y la ilustraci&#243;n, eso s&#237;, convenientemente encauzadas al desprestigio de nuestra Patria por las logias mas&#243;nicas de obediencia brit&#225;nica y francesa. Como ejemplo bien claro de esto se puede constatar que, salvo en M&#233;jico, el estallido insurreccional careci&#243; por completo del apoyo popular, siendo elevad&#237;simo el n&#250;mero de naturales que defendieron con lealtad y pasi&#243;n la autoridad del rey de Espa&#241;a. De hecho, los llamados movimientos libertadores fueron plenamente derrotados por los gobernantes a pesar de la escasa entidad de las fuerzas militares de estos &#250;ltimos&nbsp; -no superaba el ej&#233;rcito regular espa&#241;ol los veinticinco mil hombres y hay que tener en cuenta la gigantesca extensi&#243;n de los territorios a su cargo-&nbsp; gracias al amplio apoyo recibido de las clases m&#225;s desfavorecidas, apoyo que se mantuvo hasta la ca&#237;da de Sevilla en poder de los invasores gabachos. La conquista por las huestes napole&#243;nicas en 1810 de la urbe andaluza, considerada puerta y capital de las am&#233;ricas, hizo pensar en ultramar que la&nbsp;Madre Patria&nbsp;hab&#237;a sucumbido ante el gran corso, circunstancia que reforz&#243; extraordinariamente las afecciones al bando insurrecto. No obstante, aunque enfrentada la metr&#243;poli* a un ej&#233;rcito invasor que la superaba en medios y fuerzas, sin una Armada que hiciera prevalecer sus derechos allende los mares y, lo que es peor, mangoneada* por la figura m&#225;s abyecta de cuantas ocuparon el trono de nuestra Patria, era tal la calidad de los jefes militares espa&#241;oles en los virreinatos que a cinco a&#241;os de su estallido la revoluci&#243;n estaba dominada por completo. Dos adalides contribuyeron con sus &#233;xitos en campa&#241;a a reafirmar la soberan&#237;a de la Corona espa&#241;ola en el virreinato del Per&#250;: el capit&#225;n don Jos&#233; Tom&#225;s Boves y el general don Juan Domingo de Monteverde y Rivas. Si aqu&#233;l caus&#243; el terror de los insurrectos al frente de su magn&#237;fica caballer&#237;a de llaneros, Monteverde consigui&#243; sumar victoria tras victoria hasta forzar la capitulaci&#243;n del jefe republicano, general don Francisco de Miranda, el 26 de julio de 1812.<br />Tal d&#237;a como hoy, del a&#241;o 1814, en respuesta a la estricta represi&#243;n impuesta por el general Monteverde a los derrotados, el caudillo independentista Sim&#243;n Bol&#237;var orden&#243; la ejecuci&#243;n de todos los prisioneros realistas. Cumplimentaron esta orden el gobernador de Caracas, General Arismendi, y el comandante militar de La Guaira, coronel Jos&#233; Leandro Palacios, quienes acabaron con la vida de m&#225;s de 800 presos espa&#241;oles sin respetar enfermos o convalecientes ni tener en consideraci&#243;n que la mayor&#237;a de ellos hab&#237;an permanecido neutrales durante el conflicto.</font><br /><br /><font face="trebuchet ms" size="1"><b>Emancipar:</b> Libertar de la patria potestad, de la tutela o de la servidumbre. <b>Metr&#243;poli:</b> Naci&#243;n, u originariamente ciudad, respecto de sus colonias. <b>Mangonear:</b> Ejercer el mando de manera desp&#243;tica. (R.A.E.)<br /><b>Imagen:</b> Mapa del Virreinato del Per&#250;.</font></i></p>
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 <dc:date>2008-02-08T05:41:00+01:00</dc:date>
 <dc:creator>In memoriam</dc:creator>
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 <title>"&#193;LVAREZ DE CASTRO, EL DEFENSOR DE GERONA" (01 de Febrero de 1809)</title>
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 <![CDATA[
<img align="left" alt="" src="http://img514.imageshack.us/img514/9418/alvarezdecastropd5.jpg" />   
<p align="justify"><i><font size="2" face="trebuchet ms" color="#0000aa">Un d&#237;a como hoy, del a&#241;o 1809, el brigadier &#193;lvarez de Castro tomaba posesi&#243;n del gobierno militar de la plaza de Gerona, cargo para el que hab&#237;a sido nombrado por el teniente general Teodoro Reding, comandante en jefe del ej&#233;rcito de Catalu&#241;a.<br />La conquista de Gerona le era fundamental a los imperiales para asegurar las comunicaciones entre Barcelona y Francia, eje principal de la entrada de suministros del ej&#233;rcito napole&#243;nico en Espa&#241;a. Comenzado el sitio de la ciudad por el Marqu&#233;s de Gouvion-Saint Cyr y continuado por otro integrante de la nobleza palatina, el duque de Castiglione, los gerundenses, con escas&#237;simos medios de defensa, resistieron durante siete meses los ataques de fuerzas que los triplicaban en n&#250;mero. Era general gobernador de la plaza el brigadier don Mariano &#193;lvarez de Castro, un militar de impecable trayectoria profesional y de profundas convicciones patri&#243;ticas que pocos meses antes se hab&#237;a opuesto heroicamente a que los invasores de Barcelona tomasen el Castillo de Monjuitch. Con algo m&#225;s de cinco mil soldados&nbsp; -m&#225;s tarde lograr&#237;a romper el cerco y unirse a los sitiados la brigada del general Garc&#237;a Conde, alcanzando entonces las tropas espa&#241;olas un n&#250;mero cercano a los diez mil hombres-&nbsp; &#193;lvarez de Castro fren&#243; cada uno de los intentos de sus enemigos por entrar en la ciudad. Arrasados los campos que rodeaban la capital catalana y sometidas a un control exhaustivo todas las posibles v&#237;as de enlace, los escasos defensores que hab&#237;an logrado escapar al fuego gabacho pronto fueron v&#237;ctimas del hambre y las epidemias. Solo a costa de grandes p&#233;rdidas y tras sangriento combate, tropas del general malague&#241;o don Joaqu&#237;n Blake consiguieron superar el cerco y hacer llegar a los gerundenses un convoy de socorro que proporcion&#243; alivio, aunque pasajero, a las terribles condiciones en que se encontraban. En los momentos de vacilaci&#243;n y zozobra, siempre fue la figura del brigadier &#193;lvarez de Castro la que mantuvo inc&#243;lume* el esp&#237;ritu de los gerundenses insufl&#225;ndoles moral con su ardoroso verbo y su animosa presencia en los puestos de mayor riesgo y peligro. La noticia de su enfermedad vino a minar las ya de por s&#237; menguadas fuerzas de los defensores. A primeros de diciembre su estado de salud empeor&#243; al punto que le fueron administrados los Santos Sacramentos. Ya hab&#237;a entregado el mando de la ciudad, y a&#250;n postrado, se rebelaba contra quienes le cuidaban temi&#233;ndose que en su ausencia se rindiera la plaza. La noche del 10 de diciembre, sin apenas defensores que pudieran empu&#241;ar las armas, con miles de heridos y enfermos, y sin posibilidad de recibir socorros, las autoridades militares de Gerona aceptaron la capitulaci&#243;n que les ofrec&#237;a el mariscal Pierre Fran&#231;ois Augerau. En ella, el duque de Castiglione se compromet&#237;a solemnemente a respetar la vida de los prisioneros pero, una vez abiertas las puertas de la ciudad, las condiciones que impusieron los vencedores fueron tan dr&#225;sticas que muchos espa&#241;oles no pudieron sufrirlas. Se form&#243; una columna con destino a Francia en la que yaciendo en un andrajoso catre y rodeado de centinelas, fue trasladado, delirante y casi moribundo, el brigadier &#193;lvarez de Castro. Se hizo una parada en Figueras, encerr&#225;ndose al enfermo en un cuartucho como si en su estado fuese posible un intento de fuga. A continuaci&#243;n se le traslad&#243; hasta Perpignan donde permaneci&#243; recluido en una de las celdas del Castillet, torre integrada en las murallas que circunvalan esta ciudad francesa. Sin embargo, y sin que nos hayan trascendido los motivos de tal decisi&#243;n, repentinamente fue retornado a Figueras. Lo cierto es que, pocas jornadas m&#225;s tarde, &#193;lvarez de Castro muri&#243; en extra&#241;as circunstancias. Era el 22 de enero de 1810. El aspecto que ofrec&#237;a su cad&#225;ver hace pensar que tal vez fuera estrangulado por sus vigilantes pues presentaba un aspecto cian&#243;tico e hinchado. Algunos historiadores se decantan por la posibilidad de que le fuese administrado alg&#250;n t&#243;sigo*, e incluso otros defienden la teor&#237;a de que sus carceleros le torturaran o le negaran los alimentos. Lo cierto es que la muerte violenta est&#225; plenamente aceptada y, hasta la fecha, ning&#250;n historiador franc&#233;s ha podido negar el oprobioso comportamiento de aquellos compatriotas suyos. Nacido en la villa soriana de El Burgo de Osma un 8 de septiembre de 1749, ingres&#243; apenas adolescente en las filas del ej&#233;rcito. Con 44 a&#241;os alcanz&#243; el empleo de Coronel y en 1795 visti&#243; los entorchados de brigadier. Particip&#243; en numerosos hechos de armas, siendo distinguido en el sitio de Gibraltar, las guerras contra Francia y Portugal y en la batalla de Villaviciosa. Paradigma del patriota de esp&#237;ritu indomable, el Brigadier don Mariano Jos&#233; Manuel Bernardo &#193;lvarez Berm&#250;dez de Castro y L&#243;pez Aparicio, que tal era su nombre completo, ocupar&#225; siempre un lugar de privilegio en la memoria hist&#243;rica de Espa&#241;a. En 1924, Su Majestad Alfonso XII orden&#243; erigir un monolito en el castillo donde aqu&#233;l benem&#233;rito h&#233;roe entreg&#243; su vida. Hagamos nuestra la reflexi&#243;n que se esculpi&#243; en su base: <b>"Al general &#193;lvarez de Castro, defensor de Gerona, muerto en este castillo. Pasajero: &#161;desc&#250;brete y piensa en la Patria!</b></font><br /><br /><font size="1" face="trebuchet ms"><b>Inc&#243;lume:</b> Sano, sin lesi&#243;n ni menoscabo. <b>T&#243;sigo:</b> Veneno, ponzo&#241;a.<br /><b>Imagen:</b> Retrato de nuestro personaje.</font></i></p>
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 <dc:date>2008-02-01T08:03:00+01:00</dc:date>
 <dc:creator>In memoriam</dc:creator>
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 <title>"EL SITIO DE PAV&#205;A" (24 de Enero de 1525)</title>
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 <![CDATA[
<img alt="" src="http://img.godlike.cl/images/escaneled.jpg" align="left" /> 
<p align="justify"><i><font face="trebuchet ms" color="#0000aa" size="2">Francesco Sforza, audaz condotiero* al servicio de los Visconti, acab&#243; con la ef&#237;mera A&#250;rea Rep&#250;blica Ambrosiana que la nobleza lombarda hab&#237;a constituido a la muerte del duque Filippo Mar&#237;a Visconti y asumi&#243; en 1450 la jefatura del estado de Mil&#225;n. Habr&#237;an de sucederle al frente del gobierno sus hijos Galeazo y Ludovico. Este &#250;ltimo, conocido como "el moro", ejerci&#243; su autoridad hasta 1499, a&#241;o en que la ciudad fue conquistada por las tropas francesas del pr&#237;ncipe Lu&#237;s de Orleans qui&#233;n para lograrlo cont&#243; con la inestimable colaboraci&#243;n de otra poderosa familia antagonista de los Sforza, los Borgia. Posteriores conflictos hicieron que Mil&#225;n pasara, sucesivamente, por manos francesas, suizas y austriacas aunque, en todos los casos, para ganarse el favor del pueblo los invasores repusieron en el trono, eso s&#237;, con car&#225;cter meramente ornamental, primero a Maximiliano Sforza, hijo de Ludovico, y m&#225;s tarde, a su hermano Francesco. A&#241;os despu&#233;s, este peque&#241;o territorio de la Lombard&#237;a continuar&#237;a siendo causa de enfrentamientos y guerras: Francisco I, heredero de la corona gala a la muerte de su primo Lu&#237;s, decide oponerse a la hegemon&#237;a de los Habsburgo invadiendo el Gran Ducado y apoyando las reivindicaciones al trono navarro de Enrique II. Esto movilizar&#225; la maquinaria b&#233;lica del Sacro Imperio Romano Germ&#225;nico que, de inmediato, se pondr&#225; en marcha para vengar la intromisi&#243;n. Las primeras acciones que acometi&#243; Carlos V para expulsar a los franceses del Gran Ducado significaron rotundos &#233;xitos. Las tropas del emperador, que desde un primer momento gozaron de la simpat&#237;a de los naturales, obtuvieron una victoria tan absoluta sobre las fuerzas del vizconde Odet de Lautrec en la batalla de Bicocca (27 de abril de 1522) que, a partir de ese momento, puede decirse que qued&#243; en su poder todo el Milanesado. La superioridad de las armas espa&#241;olas se ver&#237;a incrementada con la firma de un tratado de alianza con la poderosa Rep&#250;blica de Venecia. A esto vino a sumarse que, desde la propia Francia, un noble, disconforme con el trato que le dispensaba el rey, se pas&#243; con su hueste al bando imperial. Se trataba del condestable Carlos de Borb&#243;n, y su inesperado refuerzo posibilitar&#237;a una sucesi&#243;n de triunfos que llevar&#237;an a las tropas leales a Carlos V hasta la mism&#237;sima costa mediterr&#225;nea. Sin embargo, esta situaci&#243;n ventajosa en lo militar arrastraba el lastre de una fatal carencia de recursos log&#237;sticos, circunstancia que perjudicaba en tal manera los planes de nuestros generales que cuando Francisco I pudo rehacer su maltrecho ej&#233;rcito y contraatacar, las fuerzas de la alianza se vieron obligadas a ceder terreno y replegarse. Hagamos un inciso para aclarar que junto a los Tercios espa&#241;oles formaban en el ej&#233;rcito imperial importantes contingentes de mercenarios italianos, suizos y alemanes. Estos &#250;ltimos, que siempre desempe&#241;aron en el despliegue un papel secundario, gozaban de una p&#233;sima fama por mor del car&#225;cter amoral, indolente y falto de entusiasmo de sus integrantes, llegando a subordinar aquellos soldados su lealtad a las banderas por las que combat&#237;an a la puntual satisfacci&#243;n de sus pagas. Continuando con la narraci&#243;n diremos que el ej&#233;rcito franc&#233;s atac&#243; Mil&#225;n, y pese a la denodada oposici&#243;n que les present&#243; el Maestre de Campo don Antonio de Leyva, los imperiales se vieron forzados a desalojar la ciudad. Perseguido por Francisco I, Leyva plante&#243; una defensa a ultranza tras las murallas de Pav&#237;a, peque&#241;a ciudad situada a una treintena de kil&#243;metros al sur de Mil&#225;n. Se enfrentaban fuerzas desiguales. Leyva, cercado, contaba tan solo con 2000 veteranos de los Tercios y 5000 auxiliares, la mayor&#237;a alemanes y suizos. Por el contrario, el monarca galo pudo sitiar la ciudad con 17000 infantes y m&#225;s de 6000 jinetes, adem&#225;s de emplazar frente a los pa&#241;os de sus murallas numerosas piezas de batir. Fueron jornadas de sangrientos combates donde el ardor y feroz acometividad de los componentes de los Tercios volvieron a alcanzar alturas solo reservadas a los h&#233;roes de las antiguas leyendas, volviendo infructuosas todas las tentativas de sus sitiadores para rendir la plaza. M&#225;s un grave problema se le present&#243; al veterano Maestre de Campo navarro. Los alemanes, una vez m&#225;s, amenazaron con amotinarse si no se les abonaban sus estipendios*. La situaci&#243;n era tan apurada que hubo que recurrir a tomar las joyas y la plata de los templos, y siendo este tesoro a&#250;n insuficiente, los jefes espa&#241;oles empe&#241;aron sus fortunas personales para hacer frente a los pagos. Pero ni tan siquiera as&#237; se logr&#243; la cantidad necesaria para asegurarse la fidelidad de los mercenarios tudescos*. Fue entonces cuando, un d&#237;a como hoy, del a&#241;o 1525, don Antonio de Leyva se dirigi&#243; emocionado a sus arcabuceros para exponerles el extremo trance en el que se encontraba. Aquellos hombres, valientes como tigres y duros como el pedernal, se sintieron conmovidos en lo m&#225;s &#237;ntimo por las encendidas palabras del viejo general e impelidos de vehemente orgullo no dudaron en entregar a su Maestre cuantos ahorros guardaban entre los ra&#237;dos pertrechos, reuni&#233;ndose entre todo una cantidad superior a los diez mil escudos de oro.<br />Este impresionante comportamiento, revelador del car&#225;cter integro, pundonor&nbsp;y amor a la Patria de aquellos extraordinarios soldados, quedar&#237;a oscurecido por la victoria que llegados los refuerzos semanas m&#225;s tarde obtendr&#237;an sobre sus enemigos en la memorable jornada del 24 de febrero: cuantios&#237;simas p&#233;rdidas materiales, m&#225;s de 8000 bajas, incluidos los m&#225;s brillantes generales franceses, y centenares de prisioneros, entre ellos el propio rey Francisco I capturado espada en mano por el vizca&#237;no Juan de Urbieta, son datos reveladores del buen hacer de la prestigiosa infanter&#237;a espa&#241;ola, temida y respetada en todo el orbe. Cuan acertado resulta el viejo aforismo de los generales ingleses: <b>&#171;Espa&#241;oles, en la mar, y si es en tierra, &#161;que San Jorge nos proteja!&#187;</b></font><br /><br /><font face="trebuchet ms" size="1"><b>Condotiero:</b> Nombre del general o cabeza de soldados mercenarios. <b>Estipendio:</b> Paga o remuneraci&#243;n que se da a una persona por alg&#250;n servicio. <b>Tudesco:</b> Natural de cierto pa&#237;s de Alemania en la Sajonia inferior. (R.A.E.)<br /><b>Imagen:</b> Oficial de los Tercios.</font></i></p>
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 <dc:date>2008-01-23T19:02:00+01:00</dc:date>
 <dc:creator>In memoriam</dc:creator>
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 <title>"LA FUNDACI&#211;N DE LIMA" (18 de Enero de 1535)</title>
<link>http://efemerides.zoomblog.com/archivo/2008/01/18/la-Fundacion-De-Lima-18-de-Enero-de-15.html</link>
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 <![CDATA[
<p align="justify"><i><font face="trebuchet ms" color="#0000aa" size="2">Tal d&#237;a como hoy, del a&#241;o 1535, don Francisco Pizarro, Gobernador del Per&#250;, &nbsp;fundaba a orillas del r&#237;o Rimac una ciudad llamada a convertirse en cabecera de los territorios de la Nueva Castilla. No era este el primer intento del ind&#243;mito conquistador por fijar su capital. Durante varios meses tuvo establecido su gobierno en Jauja, pero la extrema dureza del &#225;rido clima del valle donde se ubicaba, al que no consegu&#237;an acostumbrarse ni colonos ni animales, as&#237; como la excesiva lejan&#237;a del oc&#233;ano, circunstancia esta que no complac&#237;a a Pizarro, aconsejaron el cambio de emplazamiento. Tras semanas de b&#250;squeda, los exploradores dieron con una f&#233;rtil meseta, a escasos kil&#243;metros de la l&#237;nea de costa, en la que los naturales hab&#237;an construido una veintena de poblados. Eran sus habitantes gentes pac&#237;ficas que encontraban en la pesca y agricultura su principal medio de vida. Estos terrenos, sometidos a la autoridad de un cacique inca llamado Tailichusco, ya contaban con una bien trazada red de caminos y suministro de agua, infraestructura vital que ser&#237;a aprovechada perfectamente por los espa&#241;oles para la construcci&#243;n de la nueva ciudad. Orden&#243; el conquistador extreme&#241;o un geom&#233;trico levantamiento de calles perpendiculares entre s&#237; al modo de los escaques* del tablero de ajedrez, marc&#225;ndose en un principio los arranques de nueve por trece dentro de un per&#237;metro triangular. Aunque se bautiz&#243; a la incipiente urbe como Ciudad de los Reyes, con el paso del tiempo prevalecer&#237;a el top&#243;nimo del r&#237;o que la abastec&#237;a, el Rimac, nombre que dar&#237;a lugar a su actual denominaci&#243;n, Lima, si bien sobre este punto hay suscitadas diversas controversias ya que algunos historiadores defienden un origen ancestral* y derivado de primitivos vocablos aut&#243;ctonos. Los primeros solares fueron entregados por Pizarro a sus m&#225;s allegados y a las familias principales, cuid&#225;ndose de reservar los sitios preeminentes para la iglesia y el ayuntamiento. Pronto abocaron en la ciudad multitud de familias procedentes de Jauja y otras poblaciones lim&#237;trofes que buscaban en la cercan&#237;a al palacio del gobernador la soluci&#243;n a sus problemas o negocios. El crecimiento demogr&#225;fico fue sumamente r&#225;pido, duplic&#225;ndose en estrecho margen de tiempo el n&#250;mero de sus primeros habitantes, y la riqueza inagotable de sus recursos atrajo a importantes comerciantes y hombres de fortuna que convirtieron en apenas unos meses el primitivo poblado en una de las urbes m&#225;s importantes del Nuevo Mundo. Dos a&#241;os no hab&#237;an transcurrido desde que Pizarro pusiese la primera piedra de su sencilla catedral cuando Su Majestad Carlos I, desde la lejana Patria, otorgaba a Lima la categor&#237;a de ciudad, firmando en Valladolid una Real C&#233;dula por la que se conced&#237;a a su cabildo escudo de armas, el <img height="140" alt="" src="http://img.godlike.cl/images/limasflag.png" align="left" />mismo que se contin&#250;a bordando desde entonces en las banderas de la bella capital peruana. En el momento que dos d&#233;cadas m&#225;s tarde se erig&#237;a la universidad, la Mayor de San Marcos, quedaba completo una vez m&#225;s el c&#237;rculo que habr&#237;a de significar la magna obra de Espa&#241;a en aquellos lugares: evangelizaci&#243;n, cultura y organizaci&#243;n, semillas que arraigaron en su ub&#233;rrimo suelo y a&#250;n se distinguen en las modernas nacionalidades de nuestras tierras hermanas.</font><br /><br /><font face="trebuchet ms" size="1"><b>Escaque:</b> Cada una de las casillas cuadradas e iguales, blancas y negras alternadamente, y a veces de otros colores, en que se divide el tablero de ajedrez y el del juego de damas. <b>Ancestral:</b> Tradicional y de origen remoto.(R.A.E.)<br /><b>Imagen:</b> Bandera de la ciudad de Lima.</font></i></p>
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 <dc:date>2008-01-18T07:40:00+01:00</dc:date>
 <dc:creator>In memoriam</dc:creator>
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<item>
 <title>"RONCESVALLES" (11 de Enero de 778)</title>
<link>http://efemerides.zoomblog.com/archivo/2008/01/11/roncesvalles-11-de-Enero-de-778.html</link>
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 <![CDATA[
<p align="justify"><i><font face="trebuchet ms" color="#0000aa" size="2">A finales del a&#241;o 776, Carlomagno se encontraba en Paderborn, ciudadela fortificada erigida en los actuales territorios del estado alem&#225;n de Renania-Westfalia, lugar escogido para celebrar una reuni&#243;n de gobierno con los pr&#237;ncipes sajones dependientes del imperio carolingio. Hasta tan lejanas tierras se desplazaron los componentes de una embajada que el val&#237;* de Zaragoza, Suleyman ibn Yaqzan al-Arab&#237;, constituy&#243; para solicitar la ayuda del emperador franco en el enfrentamiento que manten&#237;an algunos reyes de las taifas al norte del Ebro con el emir de C&#243;rdoba, Abd al-Rahman I, contra cuya autoridad se hab&#237;an declarado en rebeld&#237;a. Ofrecieron los embajadores a Carlomagno la promesa de su val&#237; de rendirle vasallaje si le prestaba el apoyo de sus tropas. Carlomagno, movido m&#225;s por el inter&#233;s de consolidar la Marca Hisp&#225;nica &#150;sensible frontera suroeste de su Imperio- que por los ofrecimientos del rey moro, orden&#243; a los generales de su ej&#233;rcito preparar a sus hombres para el combate y en la primavera del 778 cruz&#243; los Pirineos por sus pasos occidentales al frente de un potente contingente militar. Las columnas de Carlomagno llegaron a Pamplona sin encontrar oposici&#243;n alguna durante el camino y en la ciudad navarra fueron recibidos por los &#225;rabes con trato de amigos. Deduciendo de este comportamiento que hab&#237;a triunfado el movimiento sedicioso, las huestes imperiales se dieron al saqueo y la depredaci&#243;n en su marcha hac&#237;a Zaragoza, dejando harta constancia entre los naturales de los robos y abusos que perpetraron. Sin embargo, una vez frente a los muros de la capital aragonesa, vieron sorprendidos como sus habitantes, en lugar de abrirles las puertas seg&#250;n lo convenido, se aprestaban para la defensa; parece ser que en el tiempo transcurrido desde la entrevista con los embajadores, uno de los cabecillas de la facci&#243;n yemen&#237; y lugarteniente del val&#237; al-Arabi llamado al-Huseyn al-Ansari se hab&#237;a alzado contra su se&#241;or y tomado el poder neg&#225;ndose a aceptar los acuerdos que este hab&#237;a suscrito con Carlomagno. Establecido el cerco, los francos trataron infructuosamente de conquistar la ciudad, sufriendo numerosas bajas en los enfrentamientos con los sitiados. Este hecho, que vino a sumarse a preocupantes noticias que le llegaron de un nuevo levantamiento en la Sajonia, movi&#243; a Carlomagno a levantar el sitio y ordenar el regreso, pero en lugar de volver por la ruta que les hab&#237;a tra&#237;do, la urgencia en llegar al foco de la rebeli&#243;n sajona les impuls&#243; a emprender el camino m&#225;s corto, siempre en direcci&#243;n norte. Para la marcha, Carlomagno dispuso sus tropas en dos columnas: una, en vanguardia, con el grueso de sus efectivos, y otra, m&#225;s rezagada, donde se transportaba la impedimenta, pertrechos y, lo m&#225;s importante, el tesoro producto de su rapi&#241;a. Siguiendo el llamado camino franc&#233;s a Santiago de Compostela, a unos 47 kil&#243;metros de Pamplona se encuentra el puerto de Cize, en Roncesvalles, terrenos agrestes de profundos desfiladeros cuyo tr&#225;nsito obligaba a organizar las columnas en estrech&#237;simas hileras. Carlomagno pas&#243; al frente de su caballer&#237;a y su infanter&#237;a sin el menor contratiempo, aunque ignoraba que desde las alturas ojos acechantes vigilaban sus pasos. En efecto, alejada la primera columna, cuando los componentes de la segunda &#150;cerca de 20000 soldados acaudillados por Hrouland, sobrino del propio Emperador e integrante de la &#233;lite de la aristocracia franca conocida como los Doce Pares- se encontraba en el centro del desfiladero hoy&nbsp;denominado Valcarlos, miles de guerreros cayeron sobre ellos. El pueblo de los vascones, perfecto conocedor de aquellos agrestes parajes, plante&#243; sutil celada a los invasores de sus tierras y aliados con las tropas musulmanas de Matruh y Aysun al-Arab&#237;, hijos del gobernador de Zaragoza, aprovecharon la imposibilidad de maniobrar de los caballeros francos entre aquellas bre&#241;as* y riscos para infringir una humillante derrota al ej&#233;rcito de Carlomagno y diezmar a lo m&#225;s selecto de la caballer&#237;a imperial, pereciendo en tan memorable jornada Hrouland, su m&#225;s esforzado palad&#237;n, cuyas gloriosas haza&#241;as han pasado a la historia gracias al conocido poema &#233;pico "La canci&#243;n de Rold&#225;n", el cantar de gesta m&#225;s antiguo del viejo continente. Algo m&#225;s tarde, en oposici&#243;n a la pretensi&#243;n francesa de adjudicarse la autor&#237;a de la liberaci&#243;n peninsular del yugo musulm&#225;n, en el Reino de Le&#243;n surgi&#243; la leyenda de Bernardo del Carpio, hijo bastardo del monarca asturiano Alfonso II, y a controvertido este h&#233;roe aut&#243;ctono se atribuir&#225; en romances la simpar haza&#241;a de la victoria sobre Rold&#225;n. Mucho m&#225;s reciente es la magn&#237;fica composici&#243;n po&#233;tica nacida de la pluma del m&#233;dico y periodista salmantino del dieciocho don Ventura Ruiz Aguilera que repite al final de cada una de sus estrofas los conocidos versos de gran &#233;xito popular <b>&#171;De entonces suena en los valles/y dicen los monta&#241;eses:/&#161;Mala la hubisteis, franceses,/en esa de Roncesvalles!&#187;</b><br /><img height="125" alt="" src="http://img.godlike.cl/images/pirineos.jpg" width="245" align="left" /> Tal d&#237;a como hoy, del a&#241;o 778 de Nuestro Se&#241;or, el emperador Carlomagno se vio obligado a suspender sus pretendidas conquistas en nuestra pen&#237;nsula y emprender el regreso a los territorios del Rin pues hab&#237;a estallado all&#237; una sangrienta sublevaci&#243;n. Tras varias etapas de camino, cuando se dispon&#237;a a emprender el cruce de la cordillera de los Pirineos, una coalici&#243;n de vascones y navarros atac&#243; por sorpresa la retaguardia del ej&#233;rcito franco infringi&#233;ndole enormes p&#233;rdidas humanas y materiales en la que ha perdurado en los libros de historia como la batalla de Roncesvalles.</font><br /><br /><font face="trebuchet ms" size="1"><b>Val&#237;: </b>Gobernador de una provincia o de una parte de la misma en algunos estados musulmanes. <b>Bre&#241;a:</b> Tierra quebrada entre pe&#241;as y poblada de maleza. (R.A.E.)<br /><b>Imagen:</b> Estribaciones de la cordillera pirenaica.</font></i></p>
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 <dc:date>2008-01-11T07:48:00+01:00</dc:date>
 <dc:creator>In memoriam</dc:creator>
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 <title>"TARIFA, 1812" (04 de Enero de 1812)</title>
<link>http://efemerides.zoomblog.com/archivo/2008/01/03/tarifa-1812-04-de-Enero-de-1812.html</link>
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 <![CDATA[
<img height="160" alt="" src="http://img.godlike.cl/images/castillo.jpg" width="205" align="left" /> 
<p align="justify"><i><font face="trebuchet ms" color="#0000aa" size="2">Tal d&#237;a como hoy, del a&#241;o 1812, las exiguas* fuerzas militares que guarnec&#237;an la ciudad de Tarifa, sitiada desde el mes anterior por los invasores de Espa&#241;a, rechazaron valerosamente el ataque de varias compa&#241;&#237;as de granaderos franceses que intentaban forzar la entrada en la ciudad, contraatacando los nuestros con tal vigor que el campo de batalla qued&#243; cubierto de bajas enemigas. Al d&#237;a siguiente, desmoralizadas y faltas de recursos, las tropas al mando del General Leval abandonaban el sitio y emprend&#237;an la retirada. Hab&#237;a sido aquel uno m&#225;s de tantos episodios heroicos como se sucedieron durante la guerra de independencia espa&#241;ola.<br />Estancado desde hac&#237;a meses frente a las murallas de C&#225;diz, el Mariscal Jean de Dieu Soult, Comandante General del Ej&#233;rcito del Sur, organiz&#243; una compleja operaci&#243;n militar destinada a fortalecer la presencia francesa en los principales puntos de la provincia, confiado en obtener as&#237; mayor efectividad en su prop&#243;sito de conquistar la capital andaluza. El General Jean Fran&#231;ois Leval recibi&#243; la orden de dirigirse a Tarifa y tomar la plaza. Para este prop&#243;sito, los 12000 hombres de su divisi&#243;n fueron reforzados con un potente tren de artiller&#237;a al mando del Duque de Belluno. Rodeada por la muralla que hiciera famosa la gesta de don Alonso P&#233;rez de Guzm&#225;n cinco siglos antes, Tarifa no era m&#225;s que una humilde aldea de pescadores a la que los avatares de la guerra y su vital importancia estrat&#233;gica hab&#237;an transformado en posesi&#243;n codiciada por ambos contendientes. Su guarnici&#243;n se limitaba a poco m&#225;s de 2000 hombres con el apoyo de 6 vetustas piezas de artiller&#237;a. Al frente de estas fuerzas se encontraba el General don Francisco de Copons y Navia, qui&#233;n hab&#237;a visto suspendido su nombramiento como Capit&#225;n General de La Habana a resultas del avance de las columnas francesas. Nacido en M&#225;laga el a&#241;o 1764, el General Copons ten&#237;a una de las Hojas de Servicio m&#225;s brillantes de todo el ej&#233;rcito nacional. Destacado en numerosos hechos de armas y herido varias veces en sus enfrentamientos con los enemigos de Espa&#241;a, Copons hab&#237;a ido escalando grados en el escalaf&#243;n militar hasta vestir a los 45 a&#241;os los entorchados de Mariscal de Campo. Eran tales su lealtad, disciplina y convicciones patri&#243;ticas que al hacerse cargo de la defensa aconsej&#243; a los habitantes de la ciudad que marchasen a las poblaciones lim&#237;trofes pues estaba dispuesto a dejar solo cad&#225;veres y ruinas si era derrotado y, para demostrarlo, orden&#243; a sus hombres construir trincheras y parapetos intramuros* decidido a vender caras sus vidas caso que los soldados de Leval lograsen superar la muralla. Tras las primeras jornadas de asedio, caracterizadas por un terrible bombardeo que lleg&#243; a abrir en uno de los pa&#241;os de la fortificaci&#243;n una brecha de varios metros en cuya defensa qued&#243; patente la obstinaci&#243;n de los espa&#241;oles en no ceder ni un solo palmo de terreno a sus asaltantes, el inicio del a&#241;o 1812 vino acompa&#241;ado por fuertes lluvias que anegaron las trincheras, convirtiendo el campo de batalla en un tremendo barrizal donde la infanter&#237;a francesa, imposibilitada de moverse con rapidez, nada pudo hacer frente a la osad&#237;a, entrega y valor que demostraban los sitiados. Con sus recursos pr&#225;cticamente agotados, faltos de munici&#243;n y con las l&#237;neas de abastecimiento cortadas, el General Leval orden&#243; cesar el asedio y levantar el campo, encontr&#225;ndose los espa&#241;oles libres de sus enemigos la ma&#241;ana del 5 de enero. Con m&#225;s de 500 bajas, enormes p&#233;rdidas de material de guerra y pertrechos y la mayor&#237;a de sus hombres enfermos y cubiertos de harapos, Leval tuvo que hacer frente en su retirada a varios ataques de los hombres del General Copons quienes, en audaces golpes de mano, a&#250;n pudieron capturar cientos de prisioneros. La denodada defensa de la ciudad, el valor sin l&#237;mites demostrado por los espa&#241;oles frente a un enemigo muy superior en n&#250;mero y armamento y, sobre todo, la absoluta confianza de aquellos soldados en su General, consiguieron que lo que hubiera significado un logro crucial para los intereses de Napole&#243;n se transformara en la victoria que habr&#237;a de potenciar definitivamente la posici&#243;n espa&#241;ola en la zona sur de la pen&#237;nsula.</font><br /><br /><font face="trebuchet ms" size="1"><b>Exiguo:</b> Insuficiente, escaso. <b>Intramuros:</b> Dentro de una ciudad, villa o lugar.<br /><b>Imagen:</b> <a href="http://cocaina.redliberal.com/2006_03.html">Puerto de Tarifa. Al fondo, su castillo.</a></font></i></p>
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 <dc:date>2008-01-03T21:10:00+01:00</dc:date>
 <dc:creator>In memoriam</dc:creator>
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 <title>"LAS ISLAS MALVINAS" (26 de Diciembre de 1768)</title>
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 <![CDATA[
<p align="justify"><i><font size="2" face="trebuchet ms" color="#0000aa">Si
bien desde la primera mitad del siglo XVI las islas ya aparec&#237;an representadas
en varias cartas marinas alemanas y espa&#241;olas&nbsp; -signo inequ&#237;voco de, al menos, el conocimiento de su existencia-&nbsp; los ingleses no se sonrojaron al atribuirse su
descubrimiento cincuenta a&#241;os m&#225;s tarde. Sin embargo, la err&#243;nea descripci&#243;n
que estos hacen de aquellos remotos parajes y sus &#147;curiosas&#148; coincidencias con los
datos aportados por el cart&#243;grafo real don Alonso de Santa Cruz en su islario*
de 1541, nos llevan a pensar que la pretendida visita aducida por los marinos
brit&#225;nicos fue un mero ejercicio de fantas&#237;a por no decir que se trataba de una
vulgar patra&#241;a. En los primeros d&#237;as del mes de enero de 1600, el Capit&#225;n
corsario Sebald de Weert logra escapar de un ataque de los indios araucanos y
en su tornaviaje a los Pa&#237;ses Bajos bordea las islas y anota en su cuaderno de
bit&#225;cora la situaci&#243;n exacta del archipi&#233;lago. Esto dar&#225; lugar a que durante
los siguientes doscientos a&#241;os, en todas las cartas marinas del Viejo
Continente se las identifique como Islas Sebaldes en recuerdo al navegante
holand&#233;s. Por el contrario, los ingleses, que continuaban en sus trece de no
aceptar la autor&#237;a holandesa del descubrimiento, bautizar&#225;n al archipi&#233;lago como
Falkland en honor al Vizconde de ese
t&#237;tulo que hab&#237;a sufragado de su peculio particular diversas expediciones
transatl&#225;nticas. Cuando los marinos espa&#241;oles oyeron a los pescadores franceses
referirse a estas islas como Malouines&nbsp; &#150;en recuerdo de Saint Mal&#243;, su puerto de
procedencia-&nbsp; castellanizaron el vocablo y el archipi&#233;lago pas&#243; a llamarse de
las Malvinas, nombre con el que ha sido conocido hasta nuestros d&#237;as. Bueno,
menos en Inglaterra, naturalmente, donde siguen cerrados en banda y a&#250;n se las
llama Falkland. Con poca diferencia de fechas, franceses y brit&#225;nicos
establecieron bases en el archipi&#233;lago: los galos en la isla de Soledad y los
ingleses en Trinidad, pero las reclamaciones del embajador espa&#241;ol en Par&#237;s,
basadas en los t&#233;rminos del Tratado de Tordesillas, fueron atendidas por Lu&#237;s
XV y los franceses desistieron de sus prop&#243;sitos colonizadores, no as&#237; los
brit&#225;nicos, los cuales persistir&#237;an en reclamar aquellos territorios para la
corona inglesa. Cuando a finales de 1766, el autoproclamado Comandante Militar del
territorio, Capit&#225;n Jhon McBride, exigi&#243; a los pocos colonos franceses que a&#250;n
permanec&#237;an en la isla que la abandonaran, Espa&#241;a decide tomar cartas en el
asunto y don Pedro Pablo Abarca de Bolea, IX Conde de Aranda, Presidente del Consejo
de Castilla de Su Majestad Cat&#243;lica el Rey Carlos III, escribi&#243; a don Francisco
de Bucarelli, Gobernador de la ciudad de Buenos Aires, orden&#225;ndole la
resoluci&#243;n del conflicto de autoridad suscitado en las islas y comunic&#225;ndole la
pronta llegada a R&#237;o de la Plata de una flotilla al mando del Capit&#225;n de Nav&#237;o
don Juan Ignacio de Madariaga. Tal d&#237;a como hoy, del a&#241;o 1768, cuatro fragatas
y otros barcos menores parten hacia la isla transportando una columna de
infanter&#237;a al <img align="left" src="http://img.godlike.cl/images/gutierrez.jpg" alt="" />
mando del Coronel Guti&#233;rrez de Otero. A&#250;n cuando se ofrece a los
ingleses la posibilidad de abandonar pac&#237;ficamente Trinidad, estos se niegan y
la artiller&#237;a espa&#241;ola abre fuego sobre sus posiciones. Poco dura el
enfrentamiento pues, vista la superioridad de las tropas espa&#241;olas, a poco de
comenzar el bombardeo los brit&#225;nicos izan la bandera blanca en se&#241;al de rendici&#243;n.
El Coronel don Antonio Guti&#233;rrez de Otero y Santayana hab&#237;a nacido en la
localidad burgalesa de Aranda de Duero en 1729 y, de regreso a la Patria,
pondr&#237;a un brillant&#237;simo colof&#243;n a su dilatada carrera militar &#150;cincuenta y
cinco a&#241;os anotados en su hoja de servicios- derrotando a las fuerzas inglesas
que pretend&#237;an invadir la isla de Tenerife. El 24 de julio de 1797 se
enfrentaron en desigual combate por la posesi&#243;n de la plaza de Santa Cruz de
Tenerife las expertas tropas del Almirante Horacio Nelson con un millar de
milicianos, &#250;nicas fuerzas de las que pudo disponer el Comandante General
Guti&#233;rrez de Otero. El acertado fuego de la artiller&#237;a espa&#241;ola unido al valor
demostrado por los tinerfe&#241;os ech&#243; por tierra los planes invasores del
Almirante anglosaj&#243;n qui&#233;n, adem&#225;s, durante su traslado en bote hasta la playa
fue alcanzado por una bala de ca&#241;&#243;n que le destroz&#243; el brazo derecho forzando
su evacuaci&#243;n. La perfecta maniobra ideada por el General Guti&#233;rrez de Otero
fij&#243; las posiciones de los atacantes y, tras un d&#237;a de enconada lucha, el
Capit&#225;n de Nav&#237;o Thomas Troubridge, Jefe de las Fuerzas de Desembarco inglesas,
se rend&#237;a a los espa&#241;oles. De los 900 integrantes de la expedici&#243;n brit&#225;nica,
349 resultaron heridos o muertos, y aunque Lord Nelson pretendi&#243; endulzar su
derrota multiplicando las p&#233;rdidas espa&#241;olas, lo cierto es que estas apenas
superaron la treintena de muertos. El extraordinario comportamiento del General
Guti&#233;rrez de Otero fue reconocido por el Rey Carlos IV con un ascenso, aunque
los problemas de salud que le ven&#237;an aquejando desde hac&#237;a tiempo le apartaron
pronto de la vida p&#250;blica, falleciendo en la capital canaria la ma&#241;ana del 14
de mayo de 1799.</font><br /><br /><font size="1" face="trebuchet ms"><b>Islario:
</b>Descripci&#243;n de las islas de un mar, continente o naci&#243;n. (R.A.E.)<br /><b>Imagen</b>:
Don Antonio Guti&#233;rrez de Otero y Santayana.</font></i></p>
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 <dc:date>2007-12-26T13:33:00+01:00</dc:date>
 <dc:creator>In memoriam</dc:creator>
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 <title>"EL NAUFRAGIO DE LOS ALEMANES" (16 de Diciembre de 1900)</title>
<link>http://efemerides.zoomblog.com/archivo/2007/12/16/el-Naufragio-De-Los-Alemanes-16-de-Dic.html</link>
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 <![CDATA[
<img height="250" alt="" src="http://img.godlike.cl/images/fragataale.jpg" align="right" /> 
<p align="justify"><i><font face="trebuchet ms" color="#0000aa" size="2">Faltaba una hora para alcanzar el mediod&#237;a cuando la fragata &#171;Gneisenau&#187;, buque escuela de la marina de guerra alemana, se estrellaba contra el rompeolas del puerto de M&#225;laga. Suced&#237;a esta cat&#225;strofe un d&#237;a como hoy del a&#241;o 1900. Las rocas del fondo de la d&#225;rsena se hundieron como estiletes en el casco de acero del nav&#237;o abriendo grandes v&#237;as de agua que inundaron r&#225;pidamente los sollados* y pa&#241;oles*, entrando a raudales en el cuarto de calderas. En apenas treinta minutos la fragata, orgullo de la armada imperial germana, la formidable "Kaiserliche Marine", naufrag&#243; arrastrando con ella al fondo del embravecido mar a todos aquellos marineros que permanec&#237;an a bordo. Un mes antes, la &#171;Gneisenau&#187; hab&#237;a fondeado en el puerto andaluz en lo que se anunci&#243; como una visita enmarcada dentro del habitual periplo de estudios de los Caballeros Guardiamarinas pero que, en la realidad, no era sino una demostraci&#243;n de fuerza frente a las violentas acciones que en esas fechas perpetraban los rebeldes rife&#241;os en las posesiones europeas en el norte de &#193;frica. Caso de ser necesaria su intervenci&#243;n, la fragata pod&#237;a cruzar en pocas horas la franja de mar que la separaba del continente negro y hacer valer los intereses de su pa&#237;s usando la fuerza de su poderosa artiller&#237;a. Construida en los astilleros de Danzig, la fragata hab&#237;a entrado en servicio en 1881 incorpor&#225;ndose a la flota del B&#225;ltico y, tras cinco a&#241;os como nav&#237;o de guerra, fue acondicionada para desempe&#241;ar las labores de buque escuela de oficiales y mariner&#237;a, haciendo su primer viaje con los alumnos del curso de 1887. Buque de bell&#237;sima estampa, la &#171;Gneisenau&#187; complementaba el empuje de la arboladura de sus tres m&#225;stiles con una m&#225;quina de vapor que desarrollaba 2500 caballos, potencia m&#225;s que suficiente para alcanzar en buenas condiciones de mar los 14 nudos. Siendo muy numerosa la colonia alemana establecida en la ciudad de M&#225;laga, los primeros d&#237;as tras la arribada transcurrieron para el Comandante y sus Oficiales dedicados a cumplimentar los diversos actos protocolarios organizados en su honor en tanto que la tripulaci&#243;n aprovech&#243; estas jornadas de asueto para visitar la comarca y relacionarse con sus habitantes, estableci&#233;ndose pronto una mutua corriente de simpat&#237;a entre alemanes y malague&#241;os. A primeros de diciembre se retom&#243; el plan de estudios el cual establec&#237;a diversos ejercicios de pr&#225;ctica de tiro por lo que el nav&#237;o abandon&#243; el amarre para fondear en la bah&#237;a, a unos 800 metros de las instalaciones portuarias, lugar en el que permanecer&#237;a anclado hasta la ma&#241;ana de su terrible naufragio. Tras aquellos d&#237;as de relativa calma, el 16 de diciembre amaneci&#243; encapotado y con fort&#237;simo viento de levante. Conocedores de los peligros que arrostraba la fragata, las autoridades de la marina espa&#241;olas destinadas en M&#225;laga aconsejaron al Comandante alem&#225;n regresar al abrigo de la d&#225;rsena, pero &#233;ste prefiri&#243; salir a mar abierto por entender que as&#237; podr&#237;a hacer frente en mejores condiciones al temporal que se avecinaba. Siendo imposible largar el trapo por la extrema fuerza del viento, el Comandante orden&#243; levar anclas confiando exclusivamente en la potencia de las calderas para hacerse a la mar, pero a poco la misma se demostr&#243; insuficiente para vencer la fuerza del viento y la fragata se vio empujada en direcci&#243;n al puerto. A este contratiempo se sum&#243; que las h&#233;lices dejaron de girar y las olas se hicieron con el gobierno de la nave. Se intent&#243; desesperadamente fijar anclas, pero las garras se arrastraban por el fondo arenoso sin conseguir engancharse en alg&#250;n roquedal o escollera. Pasaban cinco minutos de las once de la ma&#241;ana cuando el barco choc&#243; de costado &#150;por la banda de estribor, concretamente- con la obra del muelle. Muchos tripulantes aprovecharon para saltar por la borda, pero solo algunos lograron alcanzar las rocas ya que el cabeceo del buque imped&#237;a calcular bien las distancias y la mayor&#237;a cay&#243; al agua que, r&#225;pidamente, los engull&#243; ahog&#225;ndolos. Para entonces, el espig&#243;n era ya un hervidero de gente. A las autoridades y dotaciones portuarias se hab&#237;an unido cientos de ciudadanos alertados por el ta&#241;ido de las campanas de todas las iglesias de la ciudad repicando en se&#241;al de peligro. El panorama que se divisaba era dantesco: de la fragata solo emerg&#237;an a la superficie los m&#225;stiles, en las jarcias se aferraban desesperados decenas de marinos que suplicaban socorro y varias de las barcazas salvavidas que se hab&#237;an conseguido lanzar al agua se estrellaron contra el rompiente o fueron volcadas por la fuerza del oleaje, ahog&#225;ndose sus ocupantes. Desde tierra nada se pudo hacer por auxiliar a los n&#225;ufragos hasta pasadas varias horas, una vez comenz&#243; a remitir el temporal. El recuento final de v&#237;ctimas se elev&#243; a 42 marinos alemanes, entre ellos el propio Comandante del barco y varios de sus Oficiales, y una docena de intr&#233;pidos malague&#241;os que no dudaron en arriesgar sus vidas para auxiliar a los tripulantes del nav&#237;o alem&#225;n. Los supervivientes se distribuyeron entre varias instalaciones militares, dependencias municipales y viviendas particulares, siendo de inmediato evacuados a los centros sanitarios aquellos que presentaban lesiones f&#237;sicas. Una vez recuperados todos los cad&#225;veres &#150;ingrata labor dificultada por la enorme dispersi&#243;n de restos causada por la tormenta- se celebraron unas solemnes exequias, acudiendo a los funerales miles de malague&#241;os. Una vez recuperados todos los que hab&#237;an sufrido alg&#250;n <img alt="" src="http://img.godlike.cl/images/escudomala.jpg" align="left" /> tipo de secuela, la ciudad en pleno se sum&#243; al homenaje que organiz&#243; el Ayuntamiento para despedirlos de regreso a su pa&#237;s.<br />Cuando la noticia fue conocida en Europa, de todas partes llovieron los elogios para aquellos espa&#241;oles que hab&#237;an demostrado tan noble comportamiento, parangon&#225;ndose su ayuda y solidaridad sin l&#237;mites. El Gobierno y la Casa Real espa&#241;ola manifestaron su orgullo por tan generosos compatriotas, concediendo a M&#225;laga el t&#237;tulo de "Muy hospitalaria", lema que puede leerse en el escudo de la ciudad.</font><br /><br /><font face="trebuchet ms" size="1"><b>Sollado:</b> Uno de los pisos o cubiertas inferiores del buque, en la cual se suelen instalar alojamientos. <b>Pa&#241;ol:</b> Cualquiera de los compartimientos que se hacen en diversos lugares del buque, para guardar v&#237;veres, municiones, pertrechos, herramientas, etc.(R.A.E.)<br /><b>Im&#225;genes:</b> Fragata alemana &#171;Gneisenau&#187; (der) <a href="http://es.wikipedia.org/wiki/Escudo_de_M&#37;C3&#37;A1laga">Escudo de la ciudad de M&#225;laga</a> (izq).</font></i></p><font face="trebuchet ms" size="1">&nbsp; </font>
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 <dc:date>2007-12-16T09:36:00+01:00</dc:date>
 <dc:creator>In memoriam</dc:creator>
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 <title>"EL H&#201;ROE DEL POTRERO" (09 de Diciembre de 1895)</title>
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 <![CDATA[
<p align="justify"><i><font size="2" face="trebuchet ms" color="#0000aa">Minas, en la provincia cubana de Camag&#252;ey, debe su nombre a los abundantes yacimientos de cobre y cromo que enriquecen su subsuelo, ricos filones de los que ya se tienen noticias de explotaci&#243;n, a manos de colonos estadounidenses, desde finales del a&#241;o 1840. Sin embargo, no ser&#237;a sino hasta la entrada en servicio del enlace por ferrocarril entre San Fernando de Nuevitas y Puerto Pr&#237;ncipe que un importante n&#250;mero de reci&#233;n llegados comenzaron a levantar sus casas en las cercan&#237;as de las tiendas de lona y rudimentarios barracones de aquellos primeros mineros alcanz&#225;ndose, a finales del siglo XIX, los dos mil habitantes y el derecho al uso de la denominaci&#243;n de poblado. En consonancia con la creciente importancia de la zona, las autoridades espa&#241;olas hab&#237;an desplegado un significativo contingente militar cuya misi&#243;n fundamental era la de velar por la seguridad de la mencionada l&#237;nea f&#233;rrea y, al efecto, don Arsenio Mart&#237;nez Campos, General Gobernador de la isla, hab&#237;a ordenado la construcci&#243;n de varios fortines a la largo de su recorrido, casamatas donde encontraban refugio y acomodo los destacamentos encargados de la vigilancia. La ma&#241;ana de un d&#237;a como hoy, del a&#241;o 1895, las puertas del acuartelamiento de Minas se abrieron para permitir la salida de las reatas* que marchaban al campo para forrajear*. Eran animales pertenecientes a las diferentes unidades all&#237; alojadas y que, como todas las jornadas, se encaminaban a pacer la necesaria hierba fresca con la que complementar las raciones de grano y pienso. Cada unidad nombraba un servicio diario de recogida de pasto y al frente de la columna marchaba un Capit&#225;n. Establecidas las pertinentes vigilancias de flanqueo, el Oficial destac&#243; una escuadra a vanguardia para comprobar que no exist&#237;an impedimentos en el camino pues se hab&#237;an tenido noticias de que por la zona merodeaban fuerzas rebeldes. La marcha transcurri&#243; con total normalidad, arribando la columna al potrero* llamado "El Congreso" donde, una vez asegurados los animales, la tropa se dispuso a su labor de recogida de forraje. Inopinadamente, una lluvia de fuego y plomo se abati&#243; sobre los desprevenidos soldados y desde la espesura se abri&#243; paso la carga de un numeroso contingente enemigo. Se trataba del Regimiento "Camag&#252;ey", unidad insurreccional al mando del Teniente Coronel &#211;scar Primelles Cisneros, un m&#233;dico camag&#252;eyano que hab&#237;a dejado su profesi&#243;n para sumarse a la causa independentista. Aunque sus atacantes eran muy superiores en n&#250;mero y armamento&nbsp; -apenas 70 frente a 800 rebeldes-&nbsp; las tropas espa&#241;olas supieron hacerles frente estableci&#233;ndose un intenso tiroteo al que pronto sigui&#243; un encarnizado combate cuerpo a cuerpo. La ventaja de los rebeldes se hizo patente casi de inmediato y en escasos minutos un elevado n&#250;mero de espa&#241;oles yac&#237;an sobre el terreno muertos o heridos. Entre estos se encontraba el soldado San Jos&#233; Caballero, cornet&#237;n de <img align="right" src="http://img88.imageshack.us/img88/3485/encubaid7.jpg" alt="" /> la unidad, qui&#233;n, a pesar de haber sido alcanzado por un disparo, continuaba defendiendo bravamente su posici&#243;n. Un grupo de insurrectos, entre ellos el propio Primelles, se acerc&#243; al muchacho intim&#225;ndole a que se rindiera. Su respuesta no se hizo esperar. A pesar de la herida, con sorprendente agilidad acert&#243; a hundir su bayoneta en el cuerpo del cabecilla insurrecto caus&#225;ndole la muerte de manera instant&#225;nea. La audaz reacci&#243;n del bravo soldado despert&#243; las iras del grupo rebelde que de inmediato le masacr&#243; a machetazos y golpes. Un ejemplo de valor frente al enemigo y con desprecio total de la propia vida que hizo merecedor al bizarro corneta de la m&#225;s alta recompensa militar espa&#241;ola: la Cruz Laureada de San Fernando.</font><br /><br /><font size="1" face="trebuchet ms"><b>Reata:</b> Hilera de caballer&#237;as que van atadas. <b>Forrajear:</b> Salir los soldados a coger el pasto para los caballos. <b>Potrero:</b> Sitio destinado a la cr&#237;a y pasto de ganado caballar. (R.A.E.) <br /><b>Imagen:</b> Soldados espa&#241;oles en Cuba.</font></i></p>
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 <dc:date>2007-12-09T05:06:00+01:00</dc:date>
 <dc:creator>In memoriam</dc:creator>
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 <title>"LA MUERTE DE HERN&#193;N CORT&#201;S" (02 de Diciembre de 1547)</title>
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 <![CDATA[
<a href="http://www.elmundo.es/elmundo/2007/12/01/espana/1196518181.html"><img alt="" src="http://img219.imageshack.us/img219/4706/lazove8.jpg" /></a><br /><br /><img height="130" align="right" alt="" src="http://img255.imageshack.us/img255/1642/grabgc0.jpg" wide="230" />
<p align="justify"><i><font size="2" face="trebuchet ms" color="#0000aa">El 23 de octubre de 1541, Carlos I, dispuesto a acabar con
aqu&#233;l foco de pirater&#237;a y comercio de esclavos, orden&#243; a don Hernando de
Gonzaga, Virrey de Sicilia, que desembarcase sus fuerzas, seis mil espa&#241;oles y
cuatrocientos jinetes, en las playas de Argel. En la mar quedaban treinta y
cinco galeras y ciento cincuenta nav&#237;os sobre cuyas cubiertas aprestaban sus
armas para el combate seis mil alemanes y cinco mil italianos al mando del gran
Almirante Andrea Doria. Un poco m&#225;s alejada de esta primera l&#237;nea fondeaba una
segunda flota procedente del levante espa&#241;ol, pero a bordo de ella las tropas
del Rey hab&#237;an dejado paso a un conglomerado de arist&#243;cratas, hidalgos, buscavidas
y menestrales que en aquella campa&#241;a ansiaban honores, fama y, sobre todo, las
riquezas que el aliado turco atesoraba en su fortaleza. Entre la nobleza llegada de la Corte espa&#241;ola
un nombre nos llama la atenci&#243;n, el de don Hern&#225;n Cort&#233;s, Marqu&#233;s del Valle de
Oaxaca, a qui&#233;n acompa&#241;an en esta aventura sus hijos Mart&#237;n y Lu&#237;s. Solo Cort&#233;s,
-&#161;cuan diferente este hombre de ahora, avejentado y moh&#237;no, de aquel mozo
extreme&#241;o que embarcara en Sanl&#250;car de Barrameda, camino de las Indias, treinta
y siete a&#241;os antes!- no piensa en los beneficios que pueda proporcionarle esta
batalla. S&#237;, de acuerdo, puede ser una ocasi&#243;n id&#243;nea para conseguir para sus
hijos un buen cargo en el s&#233;quito del Monarca, pero, en lo primordial, al
conquistador &#250;nicamente le mueve la esperanza de encontrarse cara a cara con el
Rey y tener la oportunidad de exponerle sus cuitas*: el inmenso peculio
particular gastado a su servicio y nunca recuperado, los ataques sufridos a sus
propiedades en Am&#233;rica, la p&#233;rdida de privilegios y, lo que para &#233;l resulta m&#225;s
insufrible, las calumnias e infamias vertidas sobre su persona por mor de
intereses espurios*. Iniciado el asedio a la fortaleza del renegado Hassan Aga
se desat&#243; una furiosa tormenta que dio a pique con numerosos barcos provocando
una gran confusi&#243;n y haciendo aflorar las profundas discrepancias existentes
entre los Generales cristianos. Tras o&#237;r a los vocales de su Consejo de Guerra,
Carlos I decidi&#243; el reembarco de las tropas y su regreso a las bases de
partida. Cort&#233;s, aqu&#233;l extraordinario caudillo militar que con tan solo
cuatrocientos hombres hab&#237;a sumado a la Corona m&#225;s territorios que reinos
legaron al Emperador sus antecesores, ni tan siquiera fue consultado. Una nueva
humillaci&#243;n para el conquistador de M&#233;jico. Ser&#225; esta la &#250;ltima vez que Cort&#233;s
tome las armas frente a los enemigos del Rey. Desde ahora, su vida ser&#225; un
interminable pleitear contra la Corona en busca de resarcimientos y de ello dan
fe las numerosas misivas dirigidas al Emperador, cartas que se han conservado
hasta nuestros d&#237;as. Pero la indiferencia con la que le corresponde su Se&#241;or y
el poco medro que obtiene de la justicia, sumen a Cort&#233;s en una melancol&#237;a de
la que sus &#237;ntimos le aconsejar&#225;n salir abandonando litigios y ambiciones; el
ind&#243;mito extreme&#241;o har&#225; caso limitando, adem&#225;s, su c&#237;rculo social a unos pocos
amigos con los que acostumbra a reunirse hasta avanzada la madrugada robando
horas al necesario descanso. En 1547, la boda de su hija Mar&#237;a con el
primog&#233;nito del Marqu&#233;s de Astorga parece sacarle de su voluntario ostracismo
y, sorprendentemente animado, se dedica en cuerpo y alma a dirigir los preparativos
del enlace. Pero pocas fechas despu&#233;s de arribar Mar&#237;a al puerto sevillano
procedente de la Nueva Espa&#241;a, el compromiso se rompe y el enlace queda
anulado. Este hecho sumi&#243; a Cort&#233;s en una profunda depresi&#243;n que agrav&#243; las
dolencias que ven&#237;a sufriendo. Por prescripci&#243;n de su galeno abandon&#243; Sevilla y
fue a alojarse en la casa que don Juan Rodr&#237;guez ten&#237;a en Castilleja de la
Cuesta. Hu&#237;a de las insanas humedades del Guadalquivir y, sin embargo, este
cambio de clima obr&#243; el efecto contrario. Se aceler&#243; su deterioro al punto que
dict&#243; testamento. Tal d&#237;a como hoy, del a&#241;o 1547, olvidado de todos y,
pr&#225;cticamente en la miseria, mor&#237;a a los sesenta y tres a&#241;os don Hern&#225;n Cort&#233;s,
uno de los m&#225;s extraordinarios hombres de armas que el mundo haya conocido. El
primero de entre aquellos heroicos Capitanes que llevaron las fronteras de
nuestra naci&#243;n allende la Mar Oc&#233;ana. Un gigante que, a pesar de las exiguas
fuerzas a su mando, supo vencer inmensas dificultades y conquistar para Espa&#241;a
el fabuloso imperio de los aztecas.</font><br /><br /><font size="1" face="trebuchet ms"><b>Cuita:</b> Trabajo, aflicci&#243;n, desventura. <b>Espurio:</b> Falso,
adulterado, que degenera de su origen.</font></i></p>
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 <dc:date>2007-12-02T11:25:00+01:00</dc:date>
 <dc:creator>In memoriam</dc:creator>
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 <title>"EL VIII DUQUE DE ALBURQUERQUE" (24 de Noviembre de 1650)</title>
<link>http://efemerides.zoomblog.com/archivo/2007/11/24/el-Viii-Duque-De-Alburquerque-24-de-No.html</link>
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 <![CDATA[
<p align="justify"><i><font size="2" face="trebuchet ms" color="#0000aa">Tal d&#237;a como hoy, del a&#241;o 1650, en plena Guerra de Secesi&#243;n espa&#241;ola, un convoy naval de pabell&#243;n gabacho, abundantemente pertrechado*, surca a todo trapo las aguas frente al golfo de Rosas con la pretensi&#243;n de desembarcar en Tortosa tropas, municiones y alimentos en socorro de la sitiada ciudad. Para evitarlo, sali&#243; al encuentro de la flota enemiga el Duque de Alburquerque, don Francisco Fern&#225;ndez de la Cueva, Capit&#225;n General de Galeras, qui&#233;n a pesar de la inferioridad de sus fuerzas prest&#243; tan valerosa oposici&#243;n a los franceses en acertada maniobra que despu&#233;s de un intenso combate en aguas de Cambrils, ocho millas al sur de Tarragona, oblig&#243; a la nave capitana francesa a arriar su bandera en se&#241;al de rendici&#243;n y se hizo con el cuantios&#237;simo bot&#237;n que transportaban.<br /><img align="left" alt="" src="http://img48.imageshack.us/img48/6621/180pxfranciscofernndezdlm2.jpg" /> Nacido en Barcelona en 1619, hijo del Virrey de Sicilia y Catalu&#241;a y nieto de don Lu&#237;s Enr&#237;quez, Almirante de Castilla, el joven Francisco sinti&#243; pronto la llamada de las armas y tuvo su bautizo de fuego en el socorro prestado por el ej&#233;rcito de Felipe IV a la plaza de Fuenterrab&#237;a&nbsp; -hoy, Hondarribia, en Guip&#250;zcoa-&nbsp; sitiada por las tropas del Cardenal Richelieu, primer ministro de Lu&#237;s XIII de Francia, durante el desarrollo de la llamada Guerra de los Treinta A&#241;os. Liberada la plaza, Fern&#225;ndez de la Cueva march&#243; a los Pa&#237;ses Bajos sustituyendo al Marqu&#233;s de Rivas en el mando de uno de nuestros gloriosos tercios. El 26 de mayo de 1642, en el pueblo de Honnecourt-sur Escaut se enfrentaron las fuerzas francesas al mando de Antoine Gramontn, Mariscal de Guiche y jefe del ej&#233;rcito de Champagne, con los tercios espa&#241;oles del Capit&#225;n General don Francisco de Melo, sufriendo aquellos tal derrota que Guiche perdi&#243; esa jornada m&#225;s de las dos terceras partes de sus efectivos. En este combate volvi&#243; a brillar a tal altura el valor y acierto t&#225;ctico del Duque de Alburquerque, t&#237;tulo heredado a la muerte de su progenitor, que el rey Felipe IV le nombr&#243; General en Jefe de la Caballer&#237;a Ligera del ej&#233;rcito espa&#241;ol de Flandes. Siempre a las &#243;rdenes de don Francisco de Melo, de qui&#233;n se convirti&#243; en uno de sus principales asesores militares, tom&#243; parte en la batalla de Rocroi, acaecida en el amanecer del d&#237;a 19 de mayo de 1643, y que, tristemente, habr&#237;a de convertirse en la primera derrota de los, hasta ese momento, invencibles tercios espa&#241;oles. Una h&#225;bil maniobra del jefe franc&#233;s Duque de Enghien, m&#225;s tarde coronado rey del pa&#237;s vecino con el nombre de Lu&#237;s II de Borb&#243;n, consigui&#243; separar las fuerzas imperiales haciendo huir a los regimientos alemanes, valones e italianos. Los tercios, solos frente a fuerzas muy superiores en n&#250;mero y armamento, se negaron a rendirse y formaron cuadro alrededor de sus Coronelas*. El antiguo tercio de infanter&#237;a del Duque de Alburquerque, ahora bajo bandera del Maestre de Campo don Baltasar Mercader (aunque en la batalla, por ausencia de &#233;ste, estuvo mandado por el Sargento Mayor don Juan P&#233;rez de Peralta), logr&#243; rechazar hasta 6 cargas de sus enemigos, siendo el &#250;ltimo en rendirse tras haber resultado heridos o muertos m&#225;s de la mitad de sus componentes. El propio Duque, al mando de la caballer&#237;a flamenca, situada a la izquierda del despliegue espa&#241;ol, logr&#243; rebasar a los jinetes galos amenazando sus posiciones de artiller&#237;a, pero la abrumadora superioridad de sus enemigos acab&#243; dispersando sus fuerzas. Finalizada aquella campa&#241;a, el Duque volvi&#243; a Espa&#241;a siendo designado primero, General de la Caballer&#237;a del Ej&#233;rcito de Catalu&#241;a, y, cuatro a&#241;os m&#225;s tarde, General en Jefe de las Galeras Reales. En 1653, Felipe IV le nombr&#243; Virrey de la Nueva Espa&#241;a, y en 1667, Carlos II, hijo del anterior, tambi&#233;n le nombrar&#237;a Virrey, esta vez de Sicilia, isla donde permanecer&#237;a hasta su regreso a Madrid en 1670.<br />Francisco Fern&#225;ndez de la Cueva y Enr&#237;quez de Cabrera, Grande de Espa&#241;a, Duque de Alburquerque, Conde de Ledesma y Huelma, Marqu&#233;s de Cu&#233;llar, Se&#241;or de Mombeltr&#225;n y Pedro Bernardo, Caballero Comendador de Guadalcanal y de la Orden de Santiago, General de la Caballer&#237;a del Ej&#233;rcito de Flandes, Virrey de M&#233;xico, Virrey de Sicilia, Teniente General de la Mar Oc&#233;ano y Gentilhombre de C&#225;mara de Su Cat&#243;lica Majestad Carlos II, sin duda alguna uno de los personajes m&#225;s carism&#225;ticos de la Espa&#241;a del siglo diecisiete, falleci&#243; en Madrid, en los aposentos del Palacio Real que por su cargo de Mayordomo Mayor del Rey le correspond&#237;an, la noche del 27 de Marzo de 1676. Ten&#237;a 57 a&#241;os.</font><br /><br /><font size="1" face="trebuchet ms"><b>Pertrechos:</b> Municiones, armas y dem&#225;s instrumentos, m&#225;quinas, etc., necesarios para el uso de los soldados y defensa de las fortificaciones o de los buques de guerra. <b>Coronela:</b> Bandera Coronela o principal, llamada as&#237; por ser la perteneciente al primer Batall&#243;n del Regimiento, cuyo mando ostentaba el propio Coronel.<br /><br /><b>Imagen:</b><a href="http://www.answers.com/topic/francisco-fern-ndez-de-la-cueva-8th-duke-of-alburquerque"> El (VIII) Duque de Alburquerque.</a></font></i></p>
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 <dc:date>2007-11-24T00:29:00+01:00</dc:date>
 <dc:creator>In memoriam</dc:creator>
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 <title>"RELEVO EN FLANDES" (17 de Noviembre de 1573)</title>
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<img align="right" src="http://godlike.cl/up/im/26/margarita.jpg" alt="" /> 
<p align="justify"><i><font size="2" face="trebuchet ms" color="#0000aa"> La presencia de extranjeros al frente del gobierno y la persecuci&#243;n inquisitorial de los protestantes calvinistas exacerbaron las iras del pueblo flamenco cuyos l&#237;deres, en su mayor parte integrantes de la aristocracia aut&#243;ctona, hicieron llegar a la Gobernadora, Margarita de Parma, hija de Carlos V, un extenso memorial de agravios y reclamaciones. Aunque se acometieron algunas reformas, estas fueron consideradas insuficientes por la nobleza flamenca, no dudando sus componentes en espolear al populacho anim&#225;ndolo a realizar algaradas, tumultos y saqueos, lleg&#225;ndose a perpetrar por aquella turbamulta el sacr&#237;lego expolio de los templos cat&#243;licos. Dispuesto a poner fin a tal estado de cosas, el Rey Felipe II envi&#243; a los Pa&#237;ses Bajos a su m&#225;s sobresaliente General, el Duque de Alba, al frente de los Tercios Viejos. Don Fernando &#193;lvarez de Toledo, tercer duque de la casa de Alba, era un abulense recio y espartano, un hombre nacido para la carrera de las armas que en el pasado hab&#237;a servido fielmente al Emperador Carlos y era, en esos momentos, el consejero en qui&#233;n Felipe II ten&#237;a depositada la m&#225;xima confianza. El Duque hizo su entrada en la ciudad de Bruselas el 22 de agosto de 1567 y, dotado de plenos poderes por el Rey, prescindi&#243; de la  Gobernadora para comenzar sus reformas por lo que &#233;sta, vi&#233;ndose obviada, declin&#243; el cargo. El de Alba, profundamente cat&#243;lico, aplic&#243; las medidas m&#225;s extremas para sofocar el levantamiento religioso, y en lo pol&#237;tico, no titube&#243; en enviar al pat&#237;bulo a cuantos se opon&#237;an a sus designios. Este proceder, unido a los nuevos tributos necesarios para mantener el ej&#233;rcito, ocasion&#243; que las provincias del sur se sublevasen apoyadas, como no, por Inglaterra y Francia. Durante el conflicto armado brillaron como nunca las armas espa&#241;olas siendo interminable la relaci&#243;n de gestas y proezas realizadas por aquellos aguerridos soldados que fueron admiraci&#243;n y espanto de sus enemigos. A&#241;os de gloria para la invencible infanter&#237;a de Espa&#241;a a cuyo paso temblaba Europa. Y al frente de aquella tropa de leyenda los mejores capitanes que conociera el orbe: Gonzalo de Bracamonte, Lope de Figueroa, Sancho de Lodo&#241;o, Alonso de Ulloa, Juli&#225;n Romero: fuertes en la batalla aquellos bravos portaestandartes del honor de Espa&#241;a. Y Sancho D&#225;vila, un gigante cuyos triunfos le otorgaron el merecido sobrenombre de "Rayo de la Guerra". Personajes y haza&#241;as que, con raz&#243;n, hicieron exclamar al historiador franc&#233;s Hip&#243;lito Taine: </font></i><font size="2" face="trebuchet ms" color="#0000aa"><b>&#171;Hay un momento superior en la especie humana: la Espa&#241;a desde 1500 a 1700&#187;</b><i>, siglos estos en los que el genio de nuestra raza brill&#243; con todo su esplendor alcanzando cotas dif&#237;ciles de superar, deslumbrando al mundo con sus descubrimientos y conquistas y, a la par, con el resurgimiento de una cultura universal a la que sus coet&#225;neos concedieron lauros de oro.<br />Tal d&#237;a como hoy, del a&#241;o de Nuestro Se&#241;or de 1573, don Lu&#237;s de Requesens y Z&#250;&#241;iga, Gobernador del Milanesado, relevaba en su cargo al Duque de Alba, quedando encomendada a su juicio la resoluci&#243;n de la campa&#241;a de Flandes. Su mando se extend&#237;a sobre 57.500 infantes y 5.000 jinetes, estando cifrados los soldados espa&#241;oles en algo menos de 8.000 hombres. Con estas fuerzas conseguir&#237;a resonantes triunfos, especialmente en Mook, batalla en la que resultar&#237;an muertos los jefes rebeldes Lu&#237;s y Enrique de Nassau y el Conde del Palatinado. Su quebrantada salud, a la cual hubo de sumar el agotamiento del constante batallar, acabar&#237;an por postrarle, falleciendo en la ciudad de Bruselas el d&#237;a 5 de marzo de 1576. El cuerpo de don Lu&#237;s de Requesens ser&#237;a inhumado en Barcelona, su ciudad natal, en la que hab&#237;a visto la luz tan solo 47 a&#241;os antes.</i></font><i><br /><br /><font size="1" face="trebuchet ms"><b>Imagen:</b> Margarita de Parma, obra del pintor Claudio S&#225;nchez Coello. Hija natural de Carlos I y Juana Van der Ghynst, naci&#243; en Audenarde, B&#233;lgica, en 1521. Tras dimitir como Gobernadora se retir&#243; a sus posesiones en Parma. Se cas&#243; con Octavio Farnesio y fue madre del gran caudillo militar Alejandro Farnesio. Falleci&#243; en Ordona, Italia, el d&#237;a 22 de octubre de 1586.</font></i></p>
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 <dc:date>2007-11-17T00:13:00+01:00</dc:date>
 <dc:creator>In memoriam</dc:creator>
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